
La noche era propicia para que el señor Starbreaker y yo realizáramos un “body-count”, una auténtica matanza de adolescentes, ya que era… ¡Viernes 13!, y teníamos por delante un suculento concierto, que cuanto menos, debía de desatar nuestros más violentos instintos. El concierto en cuestión tenía un precio razonable (6 €), lo que no quita…











