Lo de peregrinar a Granada al menos una vez al año empieza a ser costumbre, y el culpable no es otro que el festival Piorno Rock, que este año celebraba su noveno cumpleaños. Y la verdad es que se agradece, pues si bien sigue adoleciendo de fallos tan esenciales como una buena acústica, otros aspectos como la organización, la afluencia de público y la programación se superan año tras año, y ello, sobre todo en los tiempos que corren, es digno de elogio.
Bueno, confieso que en líneas generales el cartel de este año me atraía algo menos que el del pasado; de todos modos las migajas estaban bien esparcidas por el río (Anthrax era el gusano, claro), con lo que la probabilidad de morder el anzuelo era bastante alta, y al final así fue.
La apertura de puertas era ni más ni menos que a las 12:45, y para no romper la tradición el festival abriría la traca con gente de la ‘casa’, TALESIEN esta vez, que tenían como hora de comienzo las 13:20 (doy fe de que como de costumbre los horarios se cumplieron con un margen mínimo de error). Lamentablemente su actuación nos pilló en la taquilla (400 km. tuvieron la culpa), y a parte de escuchar un “Fear Of The Dark” con la puerta todavía entre medias nada más sabemos de su actuación (bueno, que el público respondió, al menos con ésta).
Los siguientes en saltar a escena fueron los también locales ESTIGIA. A éstos sí los pudimos ver, aunque sólo eso. Sigue siendo una pena que en vez de promocionar a los grupos de la zona (supongo que esa es la idea, que fue con la que se concibió en un principio el festival) los utilicen para probar sonido, aunque tampoco estoy muy seguro de que estuviera por allí el técnico en ese momento. Hablando en plata: el sonido fue una mierda. Hale, ya lo he dicho. Servidor sólo pudo distinguir de entre la pelota de sonido unos agudos por parte de su vocalista que tampoco ayudaban mucho, la verdad. Llegué a tener incluso la sensación de querer que acabara la actuación, y no precisamente para ver al grupo que venía a continuación. A ver si la próxima vez tienen más suerte.
Pues el grupo que venía a continuación no era otro que VHÄLDEMAR (¿se escribe así?), la nueva ‘promesa’ del heavy metal patrio. Lo siento mucho, pero a éstos sí que los he descuidado a conciencia. Su propuesta me dice más bien poco (Gamma Ray y Manowar sí, pero ya tenemos), y su único disco titulado “Fight To The End” no lo acabé de escuchar en su día. En mi modesta opinión creo que deberían replantearse un par de cosas (siendo generoso) y volver a presentarse de nuevo. Con todo y con esto la puesta en escena fue buena (al César lo suyo), sonaron bien y gustaron, supongo que en parte por esas influencias aún sin asimilar que padecen (pero si el cantante es… Rolf Kasparek!). Buen calentamiento, en síntesis, pero como no enderecen ciertos aspectos bastante obvios por otra parte me da que voy a seguir como hasta ahora.
Y llegó la hora de comer (las 15:50, aproximadamente), e IMMOLATION salieron y se lo comieron todo. De hecho bastó la prueba de sonido para acojonar al respetable, que observaba entre temeroso y expectante cómo avisaba el doble bombo de Alex Hernández de lo que se venía encima. Dolan, Vigna y compañía no tardaron en aparecer en escena, y desde el primer instante no hubo tregua ni dentro ni fuera del escenario.
Hicieron gala de lo que mejor saben hacer, death metal ultrapesado pero técnico a la vez, con esas letras manifiestamente anticristianas en temas como “Father, You’re Not A Father”, “No Jesus, No Beast” o “Unpardonable Sin” y esas atmósferas hipercondensadas poblándolo todo (imagino que llevar más de una década en los escenarios también influye).
Me quedo especialmente con el enigmático Robert Vigna, que pese a lucir cuello alto y cabeza rasurada al cero daba incluso más miedo que el resto. Contrariamente a lo que cupiera esperar tuvieron un buen sonido (dentro de lo que cabe) y dejaron a más de uno con una sonrisa de oreja a oreja (y algún tapón en ellas). Ah, fuera del escenario no son tan fieros como los pintan.
El primer grupo realmente ‘esperado’ (por el gran público, se entiende) era sin lugar a dudas Lost Horizon, los cuales estaban programados para las 17:00 horas exactamente.
Algo más recatados que en las fotos promocionales (salvo el vocalista de celebérrimo nombre Ethereal Magnanimus, que lucía capa y pinturas de guerra), lo cual se agradece, y con su reciente “A Flame To The Ground Beneath” debajo del brazo, no se hicieron esperar.
Su set-list se basó muy mucho en su debut “Awakening The World” (algo agradecido, por otra parte), no sé si más porque el nuevo batería no ha tenido el tiempo suficiente para adaptarse a las estructuras de los nuevos temas (más complejas y tostoneras, todo sea dicho) o porque ellos mismos se han dado cuenta de que va a ser difícil superar su carta de presentación.
Sonaron así cortes nuevos como “Pure” o “Cry Of A Restless Soul” entre los más accesibles y directos “Denial Of Fate”, “World Through My Fateless Eyes”, “Welcome Back” o “Sworn In The Metal Wind” de “Awakening The World”, a lo que hay que añadir el cover que vienen haciendo de Crimson Glory, “Red Sharks”, una de sus principales influencias.
En cuanto al sonido decir que no fueron de los más agraciados precisamente, si bien la cosa fue mejorando hacia el final de la actuación. Destacar por otra parte la entrega del grupo (ese guitarra rítmica a lo Hetfield!), así como al batería original de la banda, que pese a la enfermedad que lleva arrastrando últimamente tuvo el detalle de estar presente y salir a saludar al respetable. Correctos.
TRAIL OF TEARS
De Trail Of Tears lo único que conocía hasta la fecha era el nombre y poco más. Bueno sí, que tienen dos demos y tres discos ya, el último de ellos de título “A New Dimension Of Might”, aunque eso no es mucho viviendo en la era de Internet.
Su actuación me recordó ligeramente a la última que presencié de Savatage, no sé si por la variedad de voces que hay en sus filas (gutural, femenina y una tercera ‘normal’, valgan las comillas) o por la presencia misma de su cantante solista, un clon de Damond Jiniya. No obstante los parámetros en los que se mueven distan bastante del estilo de los clásicos yankees, óigase una onda más black/gótico/atmosférica, de esa que parece llevarse últimamente (quizá sea por eso que no les he prestado atención, y es que tanta saturación…).
Gozaron de un sonido decente, y la gente pareció agradecerlo. Ah, yo también agradecí ese “Caffeine” de Faith No More en la parte final (cuando no se está familiarizado con las canciones estas cosas se tienen en cuenta).
IN EXTREMO
Con In Extremo me pasa tres cuartos de lo mismo que con los anteriores: el nombre me viene sonando desde hace ya algún tiempo (incluso de más lejos), pero entre la avalancha de material sonoro a la que estamos sometidos constantemente (al menos los que no nos conformamos con escuchar siempre lo mismo) y que el día sigue teniendo 24 horas, a día del concierto seguía igual de pez que cuando leí la primera reseña de ellos.
Y la verdad es que las críticas y/o crónicas del grupo tampoco iban desencaminadas: instrumentos autóctonos, una propuesta musical diferente, lenguaje variopinto (latín, francés, hebreo y alguna que otra lengua nórdica) y una puesta en escena muy visual y llamativa.
Desde mi punto de vista vienen a ser algo así como si Rammstein se hubieran ido a vivir al campo, salvando las distancias. Hubo tiempo para una particular ‘fiesta pagana’ a lo In Extremo, en la que todo el mundo se puso a pegar botes y a disfrutar en pleno éxtasis colectivo, aunque desconozco el nombre de la copla en cuestión y tampoco me voy a poner a investigar (quizá el día que ascendamos de amateur a pro).
Buena actuación en líneas generales y con el personal entregado por completo, habrá que ponerse con ellos.
Por fin a las 21:30 horas aproximadamente llegaba el plato fuerte del menú, para ese que te reservas a conciencia. Con un telón de fondo dibujando al Toro Salvaje de Robert de Niro, Charlie Benante en primer lugar tras sus parches, seguido de Frank Bello al bajo, el nuevo Rob Caggiano a la guitarra solista (cresta en ristre), Scott Ian a la eterna rítmica (luciendo megaperilla) y John Bush al micro se plantan en escena al son de los Blues Brothers, todos ellos de uniforme corporativo en riguroso negro y con pentagramas en el pecho y sus respectivos nombres en los dorsales.
Las primeras en sonar, cómo no, las nuevas “What Doesn’t Die” y “Black Dahlia”, que saben a dinamita pura. Al grupo se le ve motivado pero sereno, y es que encabezar un festival de considerables dimensiones tiene su peso. La primera mirada al pasado viene con “Got The Time”, seguida de una de mis favoritas de siempre, “Caught In A Mosh”, en la que sí, no puedo evitar echar de menos al Belladona de los mejores tiempos.
A todo esto el sonido decente, siempre teniendo en cuenta las condiciones acústicas del pabellón. John Bush frena un tanto el ímpetu inicial con el típico discurso ‘fuck politicians’ y se marcan aquel “Inside Out” que nos devolvió a los Anthrax más pletóricos en “Volume 8”.
“Fueled” pilla a la gente en bragas (como pasó con el correspondiente “Stomp 442” en su día), aunque la caña sin tregua del tema en cuestión incita al personal a moverse por inercia. No importa, a continuación viene uno de los ‘big hits’ de la banda como bien anuncia John, que no es otro que el clásico cover de Trust, “Antisocial”, con bastante mejor respuesta.
Del grupo veo especialmente animado a Frank Bello, que no para de incitar al respetable a moverse, dando por otra parte buen ejemplo de ello. En “Nobody Knows Anything” el que se anima es Benante (Virgen Santa, qué tralla!), y en “N.F.L. (Efilnikufesin)” los ánimos se generalizan.
“Only” retoma la era Bush, al que se le nota ligeramente tocado de la garganta esta noche, aunque sin llegar a ser alarmante (es lo que tiene berrear noche tras noche). Un más hierático de lo normal Scott Ian nos remonta al pasado más lejano que vamos a revisitar esta noche, y tras el correspondiente grito “Metal Thrashing Mad!” el sector más ‘veterano’ se vuelve loco (menudo pogo).
“Bring The Noise / I’m The Man” pone el contrapunto rapero al asunto, y con “I Am The Law” se despiden, recortando considerablemente el set-list con respecto al resto de la gira en solitario. Como dato anecdótico decir que, a lo largo del último corte, un espontáneo se plantó en el escenario tras trepar por los amplis, y si no llega a ser por Bello y Bush que frenaron el ‘ímpetu’ de la seguridad no sé qué hubiera pasado (detalles así siempre se tienen en cuenta).
Buen concierto (la veteranía es un grado), buen sonido y la sensación de querer más, supongo que por lo bueno. Espero que no tarden mucho en volver, aunque tratándose de Anthrax nunca nada es seguro.
Tenía bastante curiosidad por ver cómo se las apañaban Dani Filth y compañía esta noche, ya que si su música no puede decirse que despunte por su nitidez precisamente, la famosa acústica del Piorno no iba a ayudar en demasía. Lo cierto es que sonaron mejor de lo que me temía, imagino que a estas alturas ellos sí que gozan de buenos técnicos de sonido (poderoso caballero es Don Dinero).
Cradle Of Filth salieron a hacer su show, valga la expresión en su más estricta acepción, con sus pros y sus contras. ¿Cuáles? Bueno, Cradle Of Filth a parte de música vende imagen, y gran parte del éxito obtenido hasta ahora se debe a ella. En ese sentido ofrecen lo que se espera de ellos, lo cual es un arma de doble filo, ya que si bien ofrecen un show visual y atractivo con sus poses estudiadas y demás (véase la sección rítmica girándose de espaldas cada dos por tres al unísono, etc.), el guión del mismo resta espontaneidad y frescura al directo, dejándote la típica sensación de ‘visto un concierto visto ciento’.
En cuanto al set-list decir que se hicieron una especie de best-of recortado, en el que despuntaron temas como “Cthulhu Dawn”, “From The Cradle To Enslave”, “Dusk And Her Embrace”, “Nocturnal Supremacy” o “Cruelty Brought Thee Orchids”, así como alguna representación puntual de su último “Damnation And A Day”, con el que todavía no estaba familiarizado.
Dani estuvo correctito (tampoco puede decirse que tenga una técnica a destacar), luciendo unas rastas que para sí quisiera la bruja Avería, y el resto ya digo, movimientos de libro (salvo la corista, que esa ni se inmuta -¿no se aburrirá?-), mucho headbanging y poco más.
Al final acabé en la grada a la altura del batería comiéndome el bocadillo (perspectiva trasera), y la verdad es que en esa posición el ‘rebote sónico’ sí que hacía estragos (que no te enterabas de la mitad, vamos). Suficiente.
Y si Cradle ni fú ni fá, Avalanch me dejaron para el arrastre. Me gusta “Los Poetas Han Muerto”, sí, de hecho creo que es un gran disco (aunque tampoco tanto como predican por ahí), e incluso la voz de Ramón me parece más sutil y agradable que la de Víctor, que no por ello mejor ni más apropiada para el grupo.
¿Cuál es el problema, pues? Son varios: para empezar acababa de descargar una banda de black metal, y empezar con “Cien veces” no creo que fuera la mejor opción; el grupo aún no suena compacto, al menos no como cuando les vi la última vez presentando “El Ángel Caído”, y si a ello le sumas que el set-list apunta a la tranquilidad en líneas generales (supongo que esa es la dirección a donde se dirigen), la cosa puede llegar a desesperar por momentos; Ramón Lage puede que sea un buen cantante, no lo discuto, pero creo que no es el más apropiado para Avalanch (me recuerda el caso Blaze/Maiden), a menos que se quieran desentender de los temas que habían grabado hasta la fecha (supongo que todos los que escucharon “Torquemada” estarán conmigo).
Si a todo esto le sumas el cansancio de llevar ya doce horas de festival (empezaban a las 00:50) os podéis imaginar el resultado. Sonaron “El Ángel Caído”, “Niño”, “Lucero” y alguna más, pero el menda no estaba por la labor. Les deseo toda la suerte del mundo, de verdad (aquí uno que los sigue desde “Ready To The Glory”), pero creo que de seguir así van a necesitar más que eso.
Saratoga salieron como de costumbre a arrasar con todo, sólo que esta vez no les salió tan bien. El sonido volvió a ‘enturbiarse’ (la guitarra de Jero no se oía como debería), y la ‘bestia’ estaba algo tocada esta noche. No obstante la puesta en escena fue contundente, como siempre (ese Nico del Hierro ahí!), y el repertorio no falla: “Con mano diestra”, “Perro traidor”, “Heavy Metal”… y poco más pudimos ver, porque entre que uno de los componentes de la expedición se caía por momentos (Santaje malo!), el defectuoso sonido y que ya preveíamos las colas a la salida de Pinos Puente, optamos por plantarnos ahí y emprender el largo viaje de vuelta cuanto antes. Por cierto Jero, ¿cuándo nos vas a sorprender con algo de Santa en directo?
Para acabar decir que, según el anfitrión del festival (Mariano Muniesa, cómo no), este año tuvieron el record de asistencia de público, lo cual es digno de mención. Como decía al principio se agradece que festivales de tanta afluencia estén tan bien organizados (mercadillo, bares, ropero, etc.), aunque siempre hay aspectos que pulir, como por ejemplo un mejor acondicionamiento de los sanitarios, ya que si no te dejan salir del recinto hasta determinada hora (las 21:00, creo recordar), es de cajón tener una mejor provisión y acondicionamiento de éstos. Y que no se me olvide: besos y abrazos para el sector sureño, ¡nos vemos el año que viene!
Texto y fotos: Bubba







