FESTIMAD ’03 – Viernes 30 y sábado 31 de mayo de 2003, Parque El Soto (Móstoles, Madrid)

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Quisieron las circunstancias de la vida (y de la falta de planificación) que acabara un servidor en el “pueblo de al lado” viendo el Festimad de este año en lugar de encontrarse en tierras británicas presenciando la descarga de Iron Maiden en Donington Park. Mismo fin de semana, aunque allí se celebrara el sábado y domingo, y cartel parejo, aunque Hellacopters y, sobre todo, Dickinson, Harris & Co. no asistieran a la cita española. ¿Diferencia entre uno y otro? Parecerá mentira, pero a partir de ahora empezaré a desechar los tópicos de carencia de organización que nos achacan a los españolitos y se los echaré encima a los “siempre puntuales y sumamente profesionales” ingleses.

Antes de comenzar, no quisiera pasar por alto un par de cosas que me llamaron la atención y que no estaría mal que la Organización tuviera en cuenta para futuras convocatorias: por un lado, el bajo número de contenedores que había y la distribución poco compensada de los mismos; y por otro, la escasa iluminación tanto en aquellas zonas adyacentes como en las más retiradas de los escenarios. Por si alguien toma nota, ahí queda apuntado.

Viernes 30

Punto y aparte. El festival madrileño tiene a sus espaldas una larga tradición y hasta ahora nunca había tenido la ocasión de acercarme a verlo. Ya se sabe, nunca es tarde, de manera que Starbreaker y yo nos plantamos en el parque donde se ubican las instalaciones de Festimad desafiando el infierno de tráfico que conllevan las salidas de la capital al comenzar un fin de semana pre-veraniego y los despistes de un conductor (ejem, ejem) absorto en la conversación y el directo de Marillion que sonaba en el coche.

Tan pegados de tiempo llegamos que no pudimos más que ir a trompicones para llegar a uno de los tres escenarios repartidos por el recinto (Festimad, Lago y Tipo) y ver la actuación de los madrileños HAMLET. Este ir y venir a marchas forzadas, estresados perdidos y con cierta sensación de desasosiego se repetiría a lo largo de la tarde-noche de este viernes, que congregó a muchísima gente por ser la fecha con más grupos interesantes a priori. Desde luego, a nivel de cifras de asistencia, el festival fue un éxito rotundo.

Situemos antes el lugar. Escenario Lago, como su propio nombre indica, ubicado al lado de un lago. El lugar era acogedor, hasta bonito si se me apura, pero tenía unos inconvenientes imperdonables: el desnivel del terreno, que hacía peligrosísima cualquier avalancha (si hubieran tocado Slayer, aquí pasa algo, no me cabe la menor duda), los árboles repartidos por la arena, que restaban visibilidad en determinados puntos y que imantaron a más de un cabra loca a hacer chiquilladas (luego comentaré en profundidad) o el acceso tan estrecho que tenía desde el escenario Festimad, provocando un tapón humano cada vez que nos trasladábamos de un lugar a otro para cambiar de grupo.

Mientras comprobábamos esto, nos topábamos de frente con el amigo Santaje, camiseta de Paradise Lost y metido de lleno en la vorágine del festival. Todo lo contrario que nosotros, que aún andábamos perdidos y esperando a que Hamlet salieran a la palestra. Unas rejas puestas delante de los amplificadores que estaban a ambos lados de la batería, tal y como han hecho en el resto de la gira, era todo el adorno con el que contaron.

Poco a poco, los cinco componentes fueron apareciendo con la parsimonia de “El color de los pañuelos”. Extraño comienzo, dosificando fuerzas y conteniendo la energía que derrocharían a continuación en “Vivir es una ilusión”. Molly, Luís Tárraga y Pedro Sánchez fueron quienes estuvieron en primera línea de batalla durante los tres cuartos de hora de concierto, animando a los innumerables incondicionales de la banda a corear cada uno de los temas como si la vida les fuera en ello.

“Denuncio a Dios” fue la siguiente y había algo que no cuadraba: el sonido era verdaderamente malo. La voz del cantante estaba muy por debajo del resto de instrumentos. La desesperación llevó a Pedro Sánchez a tirar con toda la mala leche del mundo el cable de su guitarra al telón de Festimad que presidía las tablas.

Estos inconvenientes fueron olvidados por unos minutos en los que “Tortura-visión” y “Dementes cobardes” subieron los ánimos algo desorientados de los primeros compases. “Queda mucho por hacer” trajo el susto de la tarde: un chaval que se había subido a uno de los árboles rompió la rama en la que se apoyaba y de milagro logró agarrarse a otra. La rama, cuyo tamaño no era moco de pavo precisamente, cayó encima de un sector del público. Por fortuna, la gente se dio cuenta a tiempo y evitó que la rama golpeara en la cabeza de alguien sosteniéndola según se desplomaba. Así, el individuo del árbol se ganó sus quince minutos de fama de una forma bochornosa. Lo peor es que no mucho después más gente volvió a subir al mismo árbol a buscar la mejor vista posible. Sin comentarios.

Entretanto Molly, viendo que el percance no trascendió más de la simple anécdota, siguió con el recital de poses y cesiones de fragmentos de las canciones a las primeras filas. “Limítate” nos dio una ración extra del “álbum negro”, en palabras del front-man, y en “Antes y después” éste tuvo la deferencia de coger una cámara de fotos para desde el borde del escenario echarle una instantánea al propietario del aparato.

No tardaron en reaparecer los problemas de mesa, y esta vez graves. Tanto que en “El mejor amigo de nadie” Molly tiró el pie de micro en un gesto de desesperación, pidiendo disculpas a los asistentes. Se notaba que el grupo estaba cabreado con el técnico de sonido. Claro, que nosotros más. En “Irracional” el volumen de la voz era nulo; algo mejoró en “J.F.”, dedicada a quienes no permitieron actuar a S.A. en la gira que compartían ambas formaciones.

“Tu medicina” dio por terminada una actuación accidentada, a la que el grupo tuvo que enfrentarse con resignación y que a mi me dejó un sabor agridulce. Quizá en otra ocasión será.

Texto: J.A. Puerta

Comentamos la actuación de Hamlet y J.A. Puerta retoca las anotaciones efectuadas en su libreta (esta vez yo poco trabajo le di al bolígrafo y a mi inseparable libretilla “conciertera”).

Bien, ¿qué hacemos? ¿nos acercamos a los otros escenarios a ver a algún grupo o tomamos algo de alimento y líquido para lo que nos viene después?, rápidamente optamos por lo segundo. A ver, hay que sacar tickets de las bebidas en una caseta independiente de las barras. Vale, pues de momento sólo sacamos dos (uno para un litro de tinto de verano y otro para cerveza). ¡Venga, a los bocadillos!, de acuerdo, los tickets se sacan en una esquina de la barra (¡joer, qué dedos más guarros tiene la tía!, bueno, ya puestos hagamos de tripas corazón). Le pedimos los bocatas a un chaval que con los bollos en la mano no sabe qué hacer, ¿estaría buscando al cerdo para matarlo o nos intentaría dar el pan vacío?, pues casi, casi, porque mucha miga y poca chica. Ahora a por el tinto de verano, que nos entra de maravilla, aunque estaba aguao refrescaba bastante. Mientras engullíamos el final de los bocadillos y rematábamos el tinto de “agua con cubitos” tomamos posiciones en el escenario Lago.

Unos minutos pasadas las 20 h. salen los músicos que acompañan a SKIN (batería, dos guitarras y bajista que en muy contadas ocasiones tocó un teclado) y tras las primeras notas aparecer la fémina que le da nombre a la banda.

Me cuelgo el “cencerro” (pase de fotógrafo) y hacia el foso a “luchar” entre la marabunta de reporteros y cámaras con enormes zooms para sacar alguna foto decente con la simple y sencilla cámara digital (el presupuesto no da para más).

Después de los dos primeros temas (no sé si del único y reciente álbum hasta ahora de la vocalista en solitario, “Fleshwounds” (2003), o de los desaparecidos Skunk Anansie) la cantante se cuelga una guitarra e interpretan el tranquilo y excelente “Weak”, de aquel primer disco “Paranoid & Sunburnt” (1995) con el que se dio a conocer la anterior banda de Skin, con acompañamiento de una guitarra acústica por parte del guitarrista que se situaba a la derecha (según la gente mirábamos a escena).

Continuaban con otra obra del cuarteto británico, “You´ll Follow Me Down”, del tercer y póstumo disco “Post orgasmic chill” (1999), con la morena encaramada durante un rato en las estructuras metálicas de la izquierda del escenario y vociferando aguerridamente hacia el final del tema apoyando el pie en uno de los “chivatos” del centro de las tablas.

Tras la frase de agradecimiento: “¡Muchas gracias, Festimad!”, era el momento de escuchar el primer single de su novedoso disco, “Trashed”. Efecto de humo en el escenario, ahora le correspondía al guitarra de la izquierda la acústica y de nuevo la cantante con una guitarra (más bien de adorno, porque tocar apenas tocaba).

Turno para una canción movidilla que no sé cual fue (es complicado tomar nota de coplas que no se conocen), con coros por parte del guitarrista de la izquierda y tirando al final la vocalista el pie de micro. Vuelta al pasado con la tranquilidad de “Hedonism (Just Because You Feel Good)” del “Stoosh” (1996), guitarras acústicas y la vocalista subida en las vallas. Proseguían con “calma chicha” en “I´ll Try”.

Poco había escuchado de la anterior banda, pero en muchos temas la rabia salía a flote, jugando con pasajes más sosegados. De lo escuchado aquella tarde diría que la chica se ha decantado por composiciones intimistas de Pop Rock agradable.

Aproximándonos a la hora supuesta para finalizar (20:45) emprendíamos rumbo al escenario Festimad haciéndonos hueco entre la gente y dejábamos a Skin con un tema un poco cañero (supongo que de Skunk Anansie), siendo cantado por algunos del público.

Texto: Starbreaker

Como decía antes, las prisas por alcanzar el escenario Festimad eran continuas y tuvimos que abandonar a la voluntariosa Skin para asistir a uno de los primeros platos fuertes del día: DISTURBED.

Llegamos justo cuando los yankees irrumpían en el escenario principal del festival respaldados por un telón con su nombre estampado. Para mi sorpresa, a esas horas se agolpaba muchísima gente en esa zona del recinto, deseosa de canturrear los temas de una banda que resultó ser más popular en nuestro país de lo que yo creí en un principio.

Más sorpresas. Si es el turno de Disturbed, ¿qué hacen esos cuatro tipos ahí arriba? El batería parecía sacado directamente de la máquina del tiempo, con un llamativo kit de doble bombo flanqueado por sendos paneles que mostraban la portada de “Believe”; por no hablar del bajista, cuyo look era como el de su compañero: cien por cien heavy. El guitarrista, Dan Donegan, no se quedaba atrás y David Draiman, líder y portavoz vocal del grupo, tenía un parecido no muy lejano con Ralph Scheepers: músculos y posturas fotogénicas, riguroso negro (como el resto) y una rapada prominente. Imagen, puesta en escena, cuernos, repetidas alusiones al heavy metal… creo que algunos puristas se quedarían petrificados ante una banda que, metida en el saco de la ola nu-metalera, siente más el metal en forma y fondo que muchos de sus ídolos intocables.

Desconocía al cuarteto, del cual sólo tenía vagas referencias como telonero del anterior tour de Manson (cuando montaban el número de la silla eléctrica). Aún así, del repertorio creí intuir (no sin la ayuda de Fernando) canciones como “Fear”“Bound”“Remember”“Voices” o “Prayer”.

David tuvo sus más y sus menos con un exaltado que le tiró un botellín en medio de una interpretación. El cantante aguantó estoicamente el altercado hasta que terminó eltema, momento que aprovechó para decirle al agresor que él y sus amigos eran tres, pero que detrás había miles de personas disfrutando del show. También le echó algún piropo más, merecido por otra parte. Y a ver quien le llevaba la contraria.

Arremetieron con “Down With The Sickness” y “Stupify” de su primer álbum para cerrar el set. La impresión que dejaron fue la de una banda compenetrada, con una cota de ejecución y una entrega intachables. Disturbed convencieron y eliminaron algunos prejuicios infundados que tenía acerca de ellos. Nada como comprobar las cosas por uno mismo para opinar con fundamento.

Supongo que desde fuera todo esto se ve como un cuento de hadas: un grupo detrás de otro, cerveza fría a cada instante renovando la sangre, conociendo gente de todas partes de la península y más allá en cada recodo de concierto, etcétera, etcétera. Pues no, amigos, aquí las cosas van una por una. Lo de duplicarse en el espacio todavía no se ha inventado y tanto es así que tuvimos que optar o por el concierto de Evanescence o por reponer fuerzas y refrescarnos con un litro de cerveza, aguantando veinte minutos para un mísero vaso de espuma con cebada aguada. Habéis adivinado cual fue la elección.

A estas alturas de la película nos preguntábamos por el paradero exacto de Santaje. No era una incógnita, puesto que estaría viendo a las huestes encabezadas por Amy con toda seguridad, pero ya era demasiado tarde. El descanso era obligatorio, no nos separaba ni media hora del encuentro con otro de los grandes nombres de esta edición del cartel en el escenario Festimad y demasiada gente se agolpaba en ese espacio abierto del parque (tanta que llegar al foso de fotógrafos desde donde estábamos era una aventura, de ahí que no hayan imágenes ni de éste ni del show de Manson).

La escena que esperaba a los integrantes de DEFTONES era sobria y muy básica: unos cuantos amplificadores aquí y allá y fondo negro. La banda iba a saltar al desnudo, sin artificios que valgan, y cumplieron con las expectativas que había en torno a ellos.

La noche había caído sobre el cielo madrileño y el quinteto dinamitó el lugar con una entrada brutal sin previo aviso. “Feiticiera” muestra a Chino Moreno en su estado natural, derrochando adrenalina, y no se espera ni a que acabe el tema para arrojarse al público en un mosh espectacular. Al final de “Korea” estampa el micro contra el suelo en un arrebato de emoción y “My Own Summer (Shove It)” pone a brincar a todos los congregados como locos. No es para menos: Chi Cheng menea el bajo y se mueve con un entusiasmo desorbitado; Stephen Carpenter sacude su cabeza sin parar, monopolizando la parte izquierda del escenario; Abe Cunningham y Frank Delgado se quedan en un plano secundario, controlando la locura que se ha desatado en el frente.

Deftones, al igual que Disturbed, aparecieron ataviados de negro de cabeza a pies, haciendo aún más sobria la visión que teníamos desde el tumulto. Pero esa continencia no se correspondía con los devaneos de “Lhabia” o “Be Quiet And Drive (Far Away)”

Era hora de presentar en sociedad el nuevo trabajo de la banda y “Hexagram” fue la encargada de tal honor. Es imposible explicar con palabras como logran el equilibrio en un tema de tanta anarquía sónica. Chino se retuerce y escenifica la intensidad del corte ejemplarmente, reforzando las buenas vibraciones que ya me daba el tema en estudio.

Después de una recta inicial tan apasionada, la banda y el público necesitábamos un respiro. Chino chuta como puede un balón que ha ido a parar a sus pies, se toma un trago de cerveza, coge por primera vez la guitarra y presenta “Minerva”. Una tenue iluminación verde envuelve al quinteto, mientras éste echa toda la chicha. Cuando Chino canta lo de ‘so God bless you all for the song you saved us…‘, pierdo toda noción de la realidad. Si me tengo que quedar con un solo momento del viernes, éste es.

“Lotion” “Around The Fur” nos sueltan otra ráfaga de nervio y Chino baja a las vallas de seguridad y se lanza como si fuera Bunbury en brazos del público con micrófono en mano. La gente le atosiga, le coge del pelo, le agarra de la camisa, pero él sigue cantando impasible, como si nada. Un espectáculo digno de ser visto.

Starbreaker y yo nos echamos unas risas con algunos de los gallos de histeria que le salían a Chino de cuando en cuando (puro Chiquito) o el parecido físico de éste con Carlos Goñi (un poco sui generis). También comentábamos que Deftones en sus inicios hacían versiones de Suicidal Tendencies y la verdad es que algunos gestos de Muir se le han pegado al cantante.

De nuevo con dos guitarras tocaron “Change (In The House Of Flies)”, desacelerando el ritmo trepidante que marcaban. A continuación un afortunado pudo departir con la banda en el escenario, secundando a Chino en las voces para luego regresar de nuevo al público volando.

“Bloody Cape” ponía el punto final a la presencia de Deftones en el festival, una hora y pico de directo incendiario. Puede que por minutos algunos lances se hicieran lineales y monótonos, pero esto es como todo: si la música de esta banda no te dice mucho, se te puede hacer cuesta arriba; si, por el contrario, te hace vibrar, en vivo ya es de locura. Para mi, ésta fue la reafirmación de la buena fama que se han labrado en este terreno.

No acababan de despedirse Deftones y nosotros ya andábamos de camino al escenario Lago. La sincronización era tan exacta que nada más arribar ya estaban HIM arrancando los primeros acordes de “Buried Alive By Love”. Cogí posiciones como buenamente pude y, mientras, el grupo seguía con “Heartache Every Moment”.

Ahora que los temas de los finlandeses no me son ajenos, allí estaba cantando a grito pelado estribillo por estribillo más contento que un niño. Pero no pintaré un retrato tan optimista del grupo: han mejorado mucho respecto a la primera ocasión que les vi teloneando a Paradise Lost, pero me siguen pareciendo insípidos en directo, carentes del poder de transmisión que debe poseer una formación supuestamente grande y con unos fans tan entregados a la causa como los que ellos tienen.

Con un telón con el símbolo que ilustra su nuevo disco, “Love metal”, y un juego de luces conseguido, tenían la escenificación perfecta para que con el mínimo esfuerzo triunfasen entre los suyos. Batería y teclista acaparaban lados izquierdo y derecho respectivamente, fuera de todo protagonismo. Éste se centraba en el guitarrista, Linde, de rastas y estampa rockera, y el bajista, Mige, brusco en los movimientos y con un aspecto tosco que no casaba en absoluto con el elegante traje negro que sacó a escena Valo. El cantante-compositor-líder de HIM encandiló a sus fieles (y los gritos de histeria, mayoritariamente femeninos por muy tópico que parezca, lo atestiguaron) con el rostro angelical (aunque parezca contradictorio con la imagen que pretende dar de su banda) y las posturas estudiadas que lució: cigarro en mano, mesura y una pequeña dosis de pasión cuando se arrodillaba o se salía un poco del guión gris que le gusta interpretar.

Valo se quita la coleta para dar paso a “Your Sweet 666” y encender más a la concurrencia. Por su lado, Mige es el más activo con diferencia. ¿Y de acústica, se preguntaran algunos? Pues a mi no me agradó del todo. Faltaba una pizca de potencia y daba la sensación, tal y como tuve en Hamlet y Skin, que el volumen no era lo suficientemente elevado.

Inundaron de humo el escenario para acompañar “Poison Girl”, en la cual Linde cambió el solo de estudio para hacerlo más rockero; más tarde repetiría la jugada en “Beyond Redemption”. Agradecido quedé porque no cambiaba la esencia de los originales y les daba un toque más genuino a unos temas de gran calidad pero edulcorados sobremanera en sonido.

Valo introdujo muchas de las canciones a capella para que a continuación entraran sus compañeros. “Funeral Of Hearts” se hizo casi irreconocible al principio por el tempo lentísimo que imprimieron, pero no tardamos en caer en la cuenta. Una espesa nube azul cubría la visión de las tres figuras que encabezaban las tablas, adivinándose a duras penas su silueta. “Lose You Tonight” continuaría el recital y en un arrebato efusivo al final de la pieza, Valo trató de subir el registro, pero no llegó.

“Join Me In Death” puso patas arriba el lugar y la archiconocida versión de Chris Isaak, “Wicked Game”, acabó de rematar la faena para deleite de los más acérrimos seguidores de HIM.

Hasta aquí, el aspecto musical va sobre ruedas. Pero el de capacidad de contagiar el feeling de los temas denota que Valo no es un portento del liderazgo: se dirige con frases apenas inteligibles, su actitud sigue siendo sosa (aunque, insisto, mejora con creces lo que le vi anteriormente) y esa arrogancia que pretende vender no alcanza ni la de Nick Holmes en sus peores días.

Caen “Pretending”“Right Here In My Arms” y, sintiéndolo mucho porque pese a todo pasé un buen rato tarareando estos cortes tan pegadizos, corrimos al escenario Festimad ya que el antaño Reverendo estaba a punto de iniciar su particular misa. No antes sin hacernos con algún refresco que apagara una sed de dos horas que acuciaba. Cuando compramos los vales de bebida, nos encontramos con la sorprendente respuesta de la persona del puesto: sólo queda Burn (el sucedáneo de Red Bull) y cerveza. No hay agua, no hay refrescos… ¿esto qué es? Pensando en la gente que hacía noche allí y que se hubiera quedado sin existencias en la tienda de campaña, supliqué en mi interior para que aquello se aprovisionara pronto.

Hablaba de misa y de Reverendo, ¿verdad? La misa congregó a decenas de miles de fieles, lo puedo jurar, el escenario principal era un hervidero humano en el que no cabía un alma más. Sufrimos lo nuestro para situarnos en algún punto decente donde presenciar el show y mirando el reloj creía que el arranque del mismo lo veríamos de camino hacia ese punto.

Esas prisas y agobios no sirvieron de nada. Iban pasando los minutos. La batería estaba preparada a la izquierda del escenario, con un segundo bombo de dos metros de diámetro muy llamativo. Centrados, dos pedestales se dividían ante una pequeña escalinata y a la derecha una zona quedaba reservada para M. W. Gacy. Detrás, un enorme fondo simulando una gigantesca mansión estaba adornado con cortinas que mostraban el diseño actual de siglas del grupo. Las pruebas de sonido habían finalizado y no habían roadies corriendo de un sitio a otro dando a entender que faltaban cabos por atar.

Así estuvimos durante tres cuartos de hora, esperando a que algo ocurriese. Cuando por fin suena la intro, la gente se impacienta, ansiosa por recibir la entrada de MARILYN MANSON aún a pesar del cabreo generalizado que reinaba. Sin embargo, dicha intro se hace interminable: música clásica, preciosa, pero que parecía una broma pesada tras la hora que había pasado.

Manson se encarama a lo alto de la escalinata y el circo da comienzo con “Disposable Teens”“Irresponsible Hate Anthem” trata de reconciliar los ánimos y Manson se despoja de la túnica negra que porta. John 5 y Skold, el bajista que ha reemplazado a Twiggy Ramírez, están a ambos lados del escenario. En unas ocasiones ambos se intercambian los instrumentos y en otras la banda toca con dos guitarras y se queda sin bajo (esa es la sensación que dio). M. W. Gacy no hace más que doblar el muelle de goma que sostiene un teclado lleno de luces multicolores. Ginger Fish pasa absolutamente desapercibido en el rincón que tiene asignado. Por su parte, dos chicas se encargan de cumplir varias funciones que iré relatando.

“Use Your Fist And Not Your Mouth” es la tercera del set esta noche. Al grupo se le ve con ganas y movilidad encima del escenario y Manson recoge una prenda que le tira alguien del público para restregársela por sus partes. Viendo que con el cañero tema del nuevo disco la cosa no funcionaba del todo, tiran de “Mechanical animals”: “Great Big White World” “Rock Is Dead”. Incomprensiblemente con esta última la gente despierta del letargo.

“This Is The New Shit” nos devuelve al presente más lúcido, aunque lo reciente del álbum pasa factura y no es recibida con el entusiasmo que merecería. La tónica es la misma: la banda se está entregando, pero mis dudas acerca de M. W. Gacy se despejan. Veo que la escuela de Mr. Scott Warren gana adeptos y no es el único que toca el PT-1. ¿Dónde están los teclados del final de la canción? Ocultos bajo el manto de guitarras, batería y la voz de Manson.

Desde las alturas baja un gran letrero luminoso que reza “mObscene”. Las dos chicas de las que hablaba antes hacen las veces de strippers y coristas (aunque en realidad fuese pregrabado), pero sin llegar a los paños menores, y Marilyn Manson sale al estilo de un coronel. Como no, el frontman juguetea cariñosamente con ambas, aunque no llega al nivel de excitación que un rato después alcanzará en “Sweet Dreams (Are Made Of This)”.

No quería ni pensar que tocarían las dos versiones poperas de los ochenta que hacen, pero así fue y, aparte de la citada antes, “Tainted Love” también cayó en el saco. Ingenuo soy, aunque sigo sin comprender por qué tiene que tirar de temas ajenos cuando le sobra repertorio.

Un sombrero de copa enorme, igual que el que lleva en la contraportada, es lo que utiliza el cantante para interpretar “The Dope Show”. Aprovecha para abusar de John 5, colocándose justo detrás y empujando obscenamente. No obstante, en comparación con lo observado en giras anteriores, este teatro se queda en nada y de las hostias que le arreaba a Twiggy ha pasado a los abrazos cómplices con Tim Skold. Las provocaciones al público se basan básicamente en lanzar botellas de agua tras escupir el trago de turno hacia todas direcciones.

Cambian de telón, algo diferente al de antes, pero también simulando un espacio cerrado, esta vez rojo y blanco. “The Golden Age Of Grotesque” es el motivo por el que tenemos a la banda por estos lares y el trío que presentan a continuación nos lo recuerda. “(s)AINT” da paso a la canción que da título al nuevo trabajo, que baja el ritmo considerablemente. Las chicas aparecen de nuevo. En esta ocasión para sentarse delante de un piano (si la vista no nos engañó porque las pantallas no funcionaban por entonces) y tocar a dúo. Antes de darla por terminada, Manson agarra un saxo y saca unas notas del mismo sin mucha inspiración. “Doll-Dagga Buzz-Buzz Ziggety-Zag” no ayuda mucho a levantar esta fase más aburrida del show. Cada fémina se sube a un pedestal y finge tocar la percusión de acompañamiento.

“Sweet Dreams (Are Made Of This)” levanta de nuevo a una multitud que se había quedado algo adormecida. El epílogo de ésta lo funden con un fragmento de “The Reflecting God” y se retiran al backstage.

El primer bis viene de la mano de “The Fight Song”. La tribuna de “Antichrist superstar” se introduce en el escenario y Manson sube a lanzar proclamas caracterizado de “Dirty Mouse”, el clon oscuro de Mickey al parecer, al grito de “fight, fight, fight, fight!”. Era curioso ver al cantante haciendo el payaso y bailando de una forma muy peculiar. Nos introduce en el personaje que está interpretando y se mofa de un roadie que anda por allí. Y no, tampoco comete ninguna barbaridad de las que solía atemorizar a su personal.

Con “The Beautiful People” se despiden de la audiencia. Parece que va a ser definitivo pero por suerte no es así. Todavía les quedan fuerzas para un segundo bis con “Astonishing Panorama Of The End Times”. John 5 es el último en desaparecer de nuestra vista, sacando las notas más sucias y distorsionadas de su guitarra.

La impresión que me dio Marilyn Manson fue la de un artista consagrado que con un espectáculo estudiado y un set list lleno de singles sale victorioso del envite. Sin embargo, la sensación de frialdad que me dejó fue tal que no puedo más que envidiar a quien le viera en la salvaje gira de “Antichrist superstar” (y que conste que no soy de los que endiosa aquel disco). La espontaneidad brilló por su ausencia y el desplante de la hora de espera les pasó factura. Por cierto, es una pena que “Get your gunn”, “Lunchbox” o “Cake and sodomy” pasaran a mejor vida.

Texto: J.A. Puerta

Sábado 31

Punto y seguido. El cartel del sábado no se hacía tan apetecible como el del día anterior en términos generales, pero incluía el nombre por el que Festimad ’03 valía la pena.

Tras una ardua sobremesa en el centro de Madrid, Starbreaker sufrió un ataque de alergia que le tuvo estornudando y con los ojos hinchados media tarde. Para colmo de males, cuando acudimos a Móstoles se puso a llover. Pero esa lluvia se convirtió al poco tiempo en un torrente y nuestro paseo por las instalaciones, las cuales no habíamos tenido tiempo de ver en toda su extensión hasta el momento, pasó a ser una ducha que nos caló los huesos. Lo más alucinante fue ver el escenario Festimad botando en masa durante la actuación de ASIAN DUB FOUNDATION con más ganas que nunca. Otra instantánea que se me quedó grabada.

Nos refugiamos en el coche ya que aquello estaba tomando tintes peligrosos por aquello de la salud y que de ropa andábamos playeros y sin repuestos. Esperamos un par de horas a que las camisetas se secasen oyendo el fútbol en la radio y, así, regresamos al mundo cuando restaba una hora para que actuara el grupo que tenía que enmendar un viernes descafeinado y un sábado todavía sin estrenar: AUDIOSLAVE.

Media hora antes de la hora ya estaba montada la plataforma enrejada que soportaba el kit de Brad Wilk, preparados los amplificadores, la pedalera y las múltiples guitarras de Tom Morello. En este caso no hubo que aguardar más que cinco minutos de demora.

No hubo intro, humo ni nada. Los protagonistas fueron entrando en escena tranquilamente: Wilk arriba supervisando desde lo alto a sus compañeros; Commerford a la izquierda; Morello a la derecha; y Cornell en el centro.

“Gasoline” abría un concierto que fue in crescendo. Chris Cornell apareció templado, como queriendo calentar la voz convenientemente y no dejándose llevar por la emoción para centrarse en la garganta prodigiosa que posee. Commerford, Wilk y Morello despedían una compenetración de años que se notaba a leguas.

Los golpes que le daba Wilk a su batería eran de lo más contundente y, junto a Commerford, formaba una base rítmica que no da lugar a fisuras. Sí, es lo que siempre se dice, pero en este caso juro que no es un recurso fácil para describir lo conjuntados que estaban y la potencia que le daban a los temas.

Lo de Morello es de otra galaxia. Nunca habría pensado que este hombre era tan virtuoso como lo pintaban. Pues bien, si algo quedó claro esta noche, es que ha creado un estilo propio, original y diferente dentro del mundo del rock. Entre él y Cornell se comieron el escenario literalmente y cada uno en su faceta nos dejó boquiabiertos.

La segunda fue “What You Are” y el susto que nos llevamos con el sonido fue importante. De pronto bajó el volumen de una manera escandalosa y el público empezó a quejarse, haciendo señas a la banda y a la torre para hacerles ver que algo estaba fallando.

El cuarteto, inmerso en el show, no se inmutaba y Chris Cornell jugaba con el pie de micro. Llegaría “Set It Off”, donde Morello se agachó para toquetear su pedalera y regalarnos los efectos que abren la pieza, y hacia la mitad el problema de sonido desapareció. La gente contenta de nuevo y la canción sonando a clasicazo.

El estribillo de “Like A Stone” hizo cómplices al público y la banda. Alguien de las primeras filas se subió a caballito para tomar una foto de Cornell y a éste no se le ocurrió otra cosa que señalarse la entrepierna como objetivo del retrato. Cornell nos pregunta si queremos “Super Stupid”, de Funkadelic, y no nos queda más opción. El ex-Soundgarden se mostró muy comunicativo, pero no cayó en la cuenta de que su inglés americano ultra veloz aquí apenas lo captamos. Tampoco fue una objeción, por supuesto. Estaba cumpliendo con su papel y poco a poco iba soltándose más, moviéndose y a juego con el nervio de Commerford y Morello; este último con esas descargas eléctricas que parece le entran en el cuerpo.

El bajo de Commerford mandó en “Hypnotize” y Morello se inventó un scratch con la guitarra que nos dejó a todos con la baba en la boca.

Volvieron al rock más básico con una dedicatoria a Joe Strummer de The Clash en “White Riot” y “Exploder”. A continuación vino uno de los instantes estelares de la noche: Cornell se cuelga una guitarra acústica, se queda solo en el escenario y dice que han venido a pasarlo bien y que tan sólo se trata de eso, así que ahí va. Ahora es cuando se puede apreciar la voz de este hombre en todo su esplendor: puro sentimiento y dominio de las cuerdas vocales. La primera fue “(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love & Understanding”, un tema anti-bélico escrito por Nick Lowe y popularizado por Elvis Costello. Después seguiría con “I Am The Highway” y en la recta final de ésta entraron de nuevo los ex-RATM para aportar la dimensión eléctrica.

La emoción nos embargó en unos minutos inolvidables, así que era hora de volver a rockear y “Light My Way” fue la encargada de esa función. Cornell rizó el rizo en el estribillo y según avanzaba la descarga iba a más. El cantante cogió una grabadora y registró los gritos de la gente. Se pasó la siguiente canción entera con el aparato en mano para acabar acercándoselo al micro e inmortalizarse a sí mismo. Este cierre de éxtasis empalmó con un “Shadow On The Sun” pletórico.

Por si alguien quería una anécdota para la historia, Cornell hizo llamar a Public Enemy. Los tres raperos y Audioslave al completo formaban una estampa inaudita: dos de los miembros de Public Enemy rapeando al frente del escenario, otro en la retaguardia porque se quedó sin micro, y el cuarteto, con Cornell a la acústica incluido, tocando para ellos como grupo de acompañamiento. Al final acabaron todos fundiéndose en abrazos y uno de ellos tardó tanto en despedirse que Cornell daba por empezada “Show Me How To Live” con Morello todavía de charla.

Todo lo bueno acaba y el preámbulo a “Cochise” con juego de efectos de pedal entre Cornell y Morello así nos lo recordaba. Al final, la gente pedía más, pero la hora y veinte minutos que estuvieron había servido para corroborar el talento de estos cuatro músicos y advertirnos del potencial que tiene esta máquina de cara al futuro.

El camino de vuelta se hizo más fácil gracias a Audioslave. Se olvidaron las penurias de esa tarde, unos conciertos del viernes que no acabaron de llenar del todo y el resfriado con el que nos marchamos a casa.

Y colorín, colorado… el año que viene más si los hados nos son favorables.

Texto: J. A. Puerta

Fotos: Starbreaker