IRON MAIDEN + STRAY – Sábado 24 de mayo de 2003, Palacio de los Deportes (Gijón)

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Veni, vidi, vinci. ¿Acaso podría ser de otra manera? Sería un atrevimiento decir que ha sido uno de sus mejores conciertos, simplemente (que no es poco) dejaron la marca de la casa. Esa marca que dejan a sangre y fuego. Primera herida para unos, para otros algo que se clava cada vez mas dentro. Así fueron las cosas y así se las hemos contado… Ya puestos, maticemos.

Hacia las ocho de la tarde de un día “asturiano” en Gijón, el que suscribe se aposenta en la grada del palacio de los deportes con el resto de la tropa. Muy buena posición, centrada y en segunda fila. Relajada espera hasta el concierto de Stray. Uno va a lo que va, y bastante tiene uno con no comerse lo que le quedan de uñas o tirarse de los pelos, así que no preste mucha atención a la actuación del trío.

STRAY

Bueno, para un par de cosas, si. El batería es un cachondo mental y nos intento timar sendas veces con los tambores de “Painkiller” y “Living After Midnight” al comienzo de dos canciones. Sorprendentemente, usaba doble bombo. Power Metal, ¿no? Se dejaron oír, para pasar el rato y nada mas… aunque acabáramos pidiendo la hora y esperando que acabaran cuanto antes.

Una cosa, en un concierto de Maiden ¿nadie conoce “All In Your Mind” (con la que cerraron Stray)?… ¡Pero si Maiden hicieron una versión! ¡Ay, amigo! No todo el mundo es tan fanático como tú. Mas tarde retomo este punto.

En cinco minutos desaparece la batería y proceden a las últimas pruebas de sonido. A las diez de la noche con la última luz del día, empieza el baile. Pasen y vean, están todos invitados. Llenazo descomunal. La grada repleta, la cancha… el Infierno. Para los valientes, vaya.

Un inédito comienzo con “The Number Of The Beast” arranca el carrusel Maiden. En este momento podemos ver el escenario al completo, con numerosas ilustraciones de Eddie en sus múltiples caracterizaciones. Pasarela a ambos lados por encima de la batería. Un juego de luces puramente Maiden. Telones ilustrando la mayoría de las canciones convenientemente. Dickinson y Smith repiten indumentaria de la gira anterior. Harris abandona el tono furbolero y Gers no va vestido como un payaso como en la gira anterior. En esta primera canción, además, un juego de luces que nos ilumina el camino al “six, six, six”.

Desde un primer momento el sonido del grupo fue bastante destacable desde la grada, desde el “Infierno” se comenta que sonó un poco peor. Con la salvedad del micro de Dickinson que nos dio la noche. A veces con demasiado eco, a veces demasiado bajo… Me queda la duda de si todo era achacable al sonido o realmente se reservó, no pilló el tono o no tuvo un buen día.

Sigamos, el caso es que… ¿tengo que explicar como suena “The Number Of The Beast”? Tan simple y efectiva como siempre, la masa… loca. 1-0 para los ingleses. A continuación suena “The Trooper”. Dickinson ondea dos banderas inglesas a ambos lados de la pasarela en varios momentos. La banda, perfecta, con Adrian y Janick doblándose en el solo. Muy potente. La caballería inglesa anda suelta y dispuesta a morir con las botas puestas. “Die With Your Boots On” es la siguiente. El hermano tonto que siempre ha sido Piece Of Mind, relegado siempre al imprescindible Trooper esta noche iba a ser protagonista. Y yo, tan contento, oyes. Realmente es una delicia que la rescaten del baúl de los recuerdos, aun así nada comparable con lo que sonó después.

Revelations, this one”, la magia invade el pabellón. Cierren los ojos y déjense llevar… volvemos al Live After Death. Abran los ojos, año 2003 ¿la diferencia? Dickinson ya no hace el canelo con la guitarra, para eso ya esta Gers. Bienvenidos a la épica Maiden. Gloriosa.

Una risa nerviosa me invadía por momentos hasta entonces durante todo el concierto. Ojo, la campana empieza a sonar, “Hallowed Be Thy Name”. Manos a la cabeza. Vuelvo a cerrar los ojos, los abro y se me caen dos lagrimones. Indiscutiblemente, inmensa. Algún día habrá que inventarse algún adjetivo para esta canción, el resto están ya gastados.

Llega otra de las invitadas especiales, “22 Acacia Avenue”. Una de esas eclipsadas para la mayoría y amada para el que va mas allá de los tres clásicos de siempre. Apoteósica en la ejecución. Dickinson no para de correr, saltar, brincar como en el resto de la noche, aunque algo menos de lo habitual me atrevería a decir. El resto a lo de siempre, Smith con esa timidez algo superada, Murray como ocurrió desde la entrada de Janick más suelto y cogiendo el centro del escenario para algunos de sus solos marca de la casa, Harris machacando y cantando (menos carreras que de costumbre también), Nicko metiendo una caña descomunal completamente tapado por su máquina… y Gers… bueno… Gers… es Gers. Malabarismos payasiles que alguna vez chirrían por los altavoces.

Llega el nuevo tema, “Wildest Dreams”. Dickinson lo introduce con un breve discurso en el que cuesta entenderle “gracias” al sonido. ¿Cómo suena la cosa? Riff de la casa, puente de la casa, estribillo de la casa… “I’m on my way…” (Smith y Harris ayudan, detalle que siempre me encantó), interludio para meter los típicos coros de la casa, solo de Adrian… en fin… prima de The WickerMan. No pinta mal la cosa. Septiembre queda muy lejos, no obstante.

Tras este bocadito que sabe a poco, llega “The Wickerman”. En cuanto Adrian empieza con el riff me desboco, lo siento. Desde que la escuché por primera vez me apropié de ella. No tiene gran cosa, no pasará a la Historia, se recordará como una de tantas… pero es mía. El sentimiento de escucharla por primera vez no se ha borrado. Se me vuelven a empañar los ojos, pierdo lo poco que me queda de voz por entonces.

La sigue “Brave New World”, el tema titulo del grandísimo disco de la vuelta. No es mala elección, pero “Ghost Of The Navigator” o Blood Brothers” hubieran sido el acabose. Esos coros invitan una vez mas a dejarse las cuerdas vocales. Cumplidora, a secas.

Entra el bajo acústico… “The Clansman”… los atmosféricos pasajes iniciales son aprovechados por Nicko para asomarse y hacer el mono… En cuanto entra la canción en su esplendor aquello se viene abajo al grito de “Freedom”. A ver quien la quita de ahí. Clásico irremediable. Al acercarse al lado derecho del escenario el micro de Dickinson se acopla molestamente, en consecuencia no intenta volver por allí en un rato. Los punteos, además de ser ya míticos… orgásmicos a tres guitarras.

Bien, bien. “The Clairvoyant”. Tenia mis miedos de cómo sonaría esa noche (la carne es débil y ya sabia lo que iban a tocar) ya que la copla tiene fama de salir descafeinada en directo (así lo atestigua Live At Donington). Nada mas lejos de la realidad, me atrevo a decir que el ataque a tres guitarras le da una dimensión que nunca alcanzó anteriormente. Algunos echarían de menos a su hermana de disco y archiconocida “The Evil That Men Do”… yo no, ya era hora de aparcarla. Aun así, siempre me daré de cabezazos por no haber nacido antes y vivir la gira del Seventh Son… solo así calmaría mis ansias nunca saciadas de oír este disco en directo… con tan solo una canción, hurgan en la herida. Por cierto, salio un Eddie bastante feo vestido de rey a modo de Edward The Great. Me mosquea que ni Dickinson ni Gers hagan los numeritos de siempre con la mascota.

Bueno, parece que esto se va terminando. “Heaven Can Wait”. Para mi sin duda el rescate más discutible para esta gira. Una canción cansina como pocas a la par que cantable. Nada mas, suben unos cuantos a cantarla al escenario con Harris… (el micrófono del pobre Adrian totalmente abandonado… pobresito). La banda, bien… pero vamos que aunque la cante como un loco (ya puestos, no hay quien me pare) ni fu ni fa, ni chicha ni limoná.

“Fear Of The Dark” suena tras la misma presentación que hace Dickinson en el Rock In Rio. Se ve que es una de las favoritas del respetable, miles de personas vibrando como nunca. La risa maléfica de Dickinson en el pasaje lento me lleva las manos otra vez a la cabeza. Me pareció notar cierta mejora en el sonido de su micro. Repito, no fue su mejor día por h o por b… pero no puedes dejar de babear siguiéndole a cada paso que da.

“Scream For Me Hihon!!! Scream For Me Hihon!!! Iron Maiden!!!” Que simple, que básica y que rudimentaria es la jodia. Pero jamás me imaginaria un concierto de Maiden sin ella. La locura una vez mas. El Eddie que debe salir al final de la canción tras la batería sale al principio, lo tapan apresuradamente con un telón negro… y cuando debe salir no sale. Acaban, dan las gracias, los lanzamientos de rigor (que fuerza tiene Nicko en los brazos… un poco mas y saca las baquetas del pabellón).

Unas luces intermitentes azules es lo único que queda en el escenario. No se hacen mucho de rogar y vuelven a salir para acometer con los bises. Dickinson bromea y nos dice que Eddie hoy estaba tímido y no quería salir a vernos. La primera en caer en la recta final es “Bring Your Daughter…” comenzando por el típico cachondeo con el publico para que gritemos… Dickinson apoyado desde la mesa por un efecto eco en toda la canción (esta vez buscado) suelta un chillido de medio minuto (si no es mas) y se queda tan ancho. Respondemos, con numerosas pausas, claro. La canción, mucho mejor de lo que me esperaba, francamente.

Seguimos con la rancia “2 Minutes To Midnight”, única de la noche del Powerslave. Janick acomete el principio de la canción. Un clásico de los pies a la cabeza, pero esta muy vista… muuuuuuy vista. De los clásicos de Maiden es a la que mas tirria la tengo. La canción suena como un cañón, eso si, como siempre.

Tristemente, esto se acaba. “Run To The Hills”. Otra de esas que no necesita la mas mínima presentación. Galope desenfrenado, frenético. No me explico como se puede sobrevivir a tal avalancha desde las primeras filas. Magnifico aunque sobado broche de oro. El soporte de las luces se inclina y vemos aun mas Eddies. Más lanzamientos, más thankius y adiós. Infructuosamente la gente les aclama, pero no volverán a salir. Se encienden las luces y “Always Look On The Bright Side Of Life”. Hora y cincuenta y pico minutos. Sin descanso, sin respiro, sin piedad. Acabas muerto, pero siempre se hace corto. Siempre.

¿Sensaciones? Muchas, variopintas y muy enfrentadas entre si. A ver si logro explicarme medianamente. Ya no era mi primera vez ni soy el mismo muchacho que tras verlos con Blaze Bayley por primera vez, embriagado e impactado echaba pestes sobre Dickinson y defendía a muerte al patillas. Nada me coge ya de sorpresa, no puede vivirse con la misma intensidad, no hay vuelta atrás. Hasta el punto de que en pleno furor fanático (viviré siempre con ello, no lo puedo evitar) empiezas a sacar pegas, a inventarte fantasmas, a ser posesivo con el grupo, en definitiva a volverse en contra.

Tras salir del concierto lamentaba muchas cosas:

La entrega del grupo, para empezar. Ya he comentado que a los dos “jefes”, principalmente, no les vi tan activos. Cosa bastante estúpida cuando el único criterio para asegurarlo es el video del Rock In Rio o el del Live After Death, dos ocasiones tan especiales e incomparables que no se pueden asemejar a un show mas dentro de una gira como puede ser el de Gijón.

Ahora el repertorio. Iron Maiden no toca para su legión fanática, no es el grupo de los fans completistas, frikis,… Es un grupo para todos los niveles, para el que disfruta con los cuatro clásicos en el garito de turno, para el que los conoce medianamente y para el que disfruta con el ultimo pedo de Dickinson. El repertorio de esta gira (con sus defectos), es una bendición, al igual que fue el del Ed Hunter y es lo mas parecido que tendremos nunca a ese setlist soñado con esas maravillosas canciones algo minoritarias con las que completaríamos 8 horas de concierto.

Un detalle, Dickinson no se tocó con ningún miembro del grupo en ningún momento del concierto, me pareció algo curioso vistas otras actuaciones. Ni siquiera con Janick y Adrian que son sin duda sus mejores amigos dentro del grupo. No quiero alarmar pero entre ellos no había mucha “química”. Bueno, mientras sigan igual como si no se dirigen la palabra entre todos ellos.

Intentándome quitar la capa fanática ya sea en la vertiente cascarrabias o la lameculos, me queda decir, que lo que vimos en Gijón fue un concierto “medio” de Maiden por entrega, por las dificultades sonoras,… Pero vamos, con menos de eso me dejaron huella para siempre hace años. Ayer muchos de los chavales y los primerizos en general no tengo dudas de que vieron el concierto de sus vidas. No me quiero imaginar lo que puede ser realmente presenciar una ocasión especial (¿Metal Mania tal vez?), un Rock In Rio, un Reading, un Donington. En un día normal, Iron Maiden, matan.

Esperemos que sigan por muchos años dejando huella y nos sigan dejando soñar a los mas incondicionales con nuestros sueños infinitos de repertorios inagotables y ocasiones especiales. Gracias, Maiden.

Texto: Raúl García Neila. “Wickermorgan”