
Tras unas cortezas rehogadas de cerveza y de revolvernos las tripas con unos sandwiches de tropezones (y con el careto del camarero de turno), entramos predispuestos a amortizar lo mejor posible los 25 diodenos que soltamos en la entrada (¿no eran 23?). Claro, que la primera sorpresa fue comprobar que no abrirían Furia Animal. ¿Los…







