OZZY OSBOURNE «Live at Budokan” (2002)

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ozzy_livebudokanOzzy Osbourne nos presenta su enésimo directo, grabado en esta ocasión en el mítico Budokan de Tokyo, testigo de descargas y discos en vivo históricos (desde MSG hasta Mr. Big). Recoge la actuación que dio la banda el pasado 15 de febrero en el marco de la gira de “Down to Earth”. En total, catorce temas componen el contenido del DVD, que en hora y media repasa muy someramente la carrera del cantante de Birmingham.

El show se abre de forma inmejorable. “I don’t know” es ejecutado con tal potencia que sobran comentarios en lo referente a los musicazos que respaldan al “madman”. Las poses funkies de Trujillo, la energía desbordante de Bordin (cuyo kit sacude a cada toque de baqueta) o la imagen de rocker sureño exagerado de Wylde (con esa espesa barba a lo ZZ Top, una cadena de hierro inmensa y cubierto de cuero parece compañero de fatigas de Pepper Keenan y Phil Anselmo) posiblemente no se ajustan a las expectativas de los metalheads más nostálgicos, pero es indudable que Ozzy no tenía tan bien cubiertas las espaldas desde hacía mucho tiempo.

Aunque la siguiente, “That I never had”, reduzca en muchos puntos la euforia inicial, impresiona ver a Zakk Wylde algo pasado de kilos, envuelto en un chaleco de hell angel, agitando la melena como un loco y echando toda la carne en el asador mientras secunda al jefe en el micro. Pronto regresa el entusiasmo de mano de “Believer”, que nos devuelve al Ozzy tenebroso de “Diary of a madman”: sacar este tema del baúl de los clásicos es todo un placer.

De los temas del último lanzamiento, “Junkie” me ha sorprendido gratamente. Interpretada en directo, ese sonido saturado cercano al stoner gana enteros. “Gets me through” no se sale del guión, mientras la antes citada “That I never had” pierde cierta frescura respecto a la versión de estudio. Los discos más representados son “No more tears” y, para no perder las buenas costumbres, “Blizzard of Ozz”. “Mr. Crowley”, “Suicide solution” o “Crazy train” son aplastantes y, aunque en la última Ozzy se vea obligado a dejar el estribillo en voz de la audiencia, el cantante se muestra concentrado, absorto en la interpretación de las canciones, dándose un constante baño de masas, dando palmas a cada segundo y gritando sin parar “you’re number one!”. Teniendo en cuenta los cincuenta y cuatro años que está a punto de cumplir y un pasado lleno de excesos, es impensable imaginar a Mr. Osbourne en mejores condiciones físicas.

Los álbumes maltratados en este “live” son “The ultimate sin”, “No rest for the wicked” y “Ozzmosis”. Únicamente Zakk Wylde se acuerda de refrescarnos la memoria y dejarnos con la miel en los labios al atacar los primeros compases de “Miracle man” en el solo que se marca en mitad del set, junto al patriótico “Star spangled banner”. Al menos, “Bark at the moon” y “Paranoid” en el cierre nos hacen olvidar rápidamente esas omisiones.

Con este repertorio bajo el brazo, a nadie le importa que el montaje escénico se reduzca a la aparición de un par de telones en determinados momentos del show o que la portada se pase de simplista.

El componente extra del DVD está formado por: una biografía del cantante, que repasa en frías cifras su trayectoria; su discografía oficial en solitario, con ausencias significativas y sin información extra (siquiera la lista de temas que componen cada trabajo); una videografía con las mismas características que la anterior sección; y finalmente un reportaje titulado “The Osbournes in Japan”, donde los hijos de Ozzy Kelly y Jack y su mujer Sharon protagonizan unas escenas al estilo de la serie que tanto ha dado que hablar en la MTV, aparte del siempre interesante paseo por el backstage antes y después del concierto.

Si alguien desconfiaba de la capacidad de Ozzy para poder seguir ofreciendo conciertos memorables, comprobará con “Live at Budokan” que la conserva a un listón muy alto. La pareja Osbourne-Wylde funciona de maravilla e incluso los clásicos rejuvenecen en manos de esta formación. ¿Qué más se puede pedir?

J. A. Puerta