Dos años han pasado hasta que los finlandeses Stratovarius han vuelto a meterse en un estudio para grabar nuevo material y editarlo en el mercado. Para el que escribe estas letras se le ha hecho difícil el decidirse a comprar este disco, ya que desde descubrí allá por el año 1996 un disco llamado ”Episode”, todos los discos posteriores a éste fueron pasando directamente a mi estantería nada más ser publicados, lo que al final me provocó una excesiva saturación ya que editar un disco al año y encima observar que los parámetros entre disco y disco son los mismos y que no observas ni una pizca de evolución entre ellos me hizo (al menos a mi me pasó) perder el interés por esta banda; al menos durante estos dos años, escuchando esporádicamente durante este periodo de tiempo sus dos discos que más me gustan, como son el mencionado “Episode” y el posterior “Visions”.
Pero al final como a uno siempre le pica la curiosidad, al ser editado a finales de Enero este nuevo disco, comienzan por la noche las consultas con la almohada y ésta me termina comentando que sí, que me pase por la tienda y que me compre el CD, que lo único que puedo perder son los 15 € de su costo. Una vez efectuado el primer paso como fue la compra del CD, comienza el segundo y más importante como es el de introducir el disco en el equipo de música y comenzar a degustarlo.
Y lo que primero suena en mis oídos es el típico corte “made in Stratovarius”, el cual se viene a llamar ”Eagleheart” y me digo a mi mismo “ya empezamos con lo mismo de siempre”: típico tema que me parece haberlo escuchado demasiadas veces y que podría haber estado incluido en cualquiera de sus discos anteriores. Canción muy comercialota, pegadiza y hecha para abrir los conciertos. Más de lo mismo. Afortunadamente una sensación de alivio me llega a los oídos al escuchar el corte numero dos, titulado “Soul of a vagabond”, el cual tiene una introducción potentísima originada por la guitarra de Timo Tolkki y por la batería de Jörg Michael, una canción de medios tiempos con unos arreglos orquestales muy cuidados que la dan un toque sinfónico con un resultado sensacional. Para mi uno de los mejores temas de este trabajo.
Continuo con el siguiente tema, “Find your own voice”, y en éste vuelvo a encontrarme con un corte que me hace tener otro “deja-vu”: canción con doble bombo a saco, teclados y guitarras rapidísimos y unas cuerdas vocales agudísimas de Timo Kotipelto que parece que se le van a salir de su ubicación. Eso sí, el hombre lo borda y deja impecables los registros. En directo va a tener que sudar mucho este tema. Vuelvo a otra fase del disco con el tema “Fantasia”, una canción que casi llega a los diez minutos de duración, donde volvemos a encontrarnos con unas composiciones muy elaboradas y preciosistas que te hacen disfrutar de unos Stratovarius innovadores. Pero esto parece una montaña rusa, un sube y baja constante. Y en “Learning to fly” volvemos a lo de siempre: canción rápida, de nuevo el doble bombo a toda pastilla y un estribillo repetitivo y pegadizo donde el duelo guitarra-teclado se hace notorio.
Y así va transcurriendo el disco llegando a “Papillon”, con la introducción de una voz operística dando paso a unos compases muy tranquilos y donde los arreglos orquestales vuelven a destacar, así como la voz de Kotipelto, la cual vuelve a dar en ciertos momentos de la canción unos registros altísimos. De todas formas, un tema que, por lo menos para mi, pasa por mis oídos sin pena ni gloria. Es más, me llega a resultar bastante aburrido y pesado. “Stratofortress” es el siguiente y aquí me encuentro con un tema instrumental que sirve para que los músicos se luzcan mostrando lo mejor de sí; es el caso de Jens Johansson, el cual con sus teclados tiene el protagonismo absoluto en dicho tema instrumental.
Y por fin llegó al tema que le da el titulo al disco, ”Elements”, cuya duración sobrepasa los doce minutos, el cual comienza con unos coros de marcado carácter sinfónico para seguir a continuación con unas composiciones muy tranquilas con ciertos toques progresivos que sin embargo y quizás sea por la excesiva duración de la canción se me vuelve a hacer excesivamente pesada y aburrida, resultándome sobre todo muy repetitiva. Y el disco se cierra con la tranquilísima ”A drop in the ocean”, balada muy bonita pero que no me dice nada nuevo y de las que he escuchado cientos de veces.
En fin, un disco que a mi por lo menos me ha dejado a medias, que por lo menos ya es algo. Eso sí, fijo que a los que seáis incondicionales de los finlandeses así como a los que nunca escuchasteis nada de ellos, este disco os gustará bastante y seguro que lo tendréis entre vuestros favoritos. No lo dudo.
[youtube]http://youtu.be/CCnn7WEQIDI[/youtube]
Bittor Urrutia
