¿Están sufriendo Stratovarius el síndrome “Chamaleon”? Vaya por delante que lo de ese disco de Helloween no es nada personal, pero los síntomas son inequívocos (y no hace falta ser muy fan de los finlandeses para avisparse): desgaste, desorientación general cuya consecuencia inmediata es una evolución hacia ninguna parte y, lo más espinoso, el aborrecimiento mayoritario que sus dos últimas obras han suscitado entre crítica y público (y mira que es difícil poner de acuerdo a ambas partes).
Timo Tolkki ha tenido agallas para lanzar sendas entregas de “Elements” en un espacio cortísimo de tiempo, aunque el tiro no ha podido salirle peor. El guitarrista encontró un filón en temas como “Mother Gaia” o “Soul of a vagabond” y lo ha querido explotar sin saber a ciencia cierta a qué se enfrenta. Ese giro grandilocuente, progresivo-sinfónico-orquestal o como se quiera denominar, que le ha dado a su estilo no le favorece en absoluto. Al igual que “Fantasia”, “Elements” o “Papillon”, temas como “Alpha & Omega”, “Season of faith’s perfection”, “Awaken the giant” y “Liberty” resultan descafeinados no sólo por el minutaje (excesivo para tan poca sustancia), sino también porque no resisten un solo asalto si se miden a cualquier composición de “The Odyssey” (por poner un ejemplo claro de K.O. fulminante).
“I’m still alive” y “Know the diference” pretenden contrarrestar los efectos aletargantes de las anteriores con medicina tradicional, es decir, insistiendo en los tópicos: ración de doble bombo a cargo de Michael, unos cuantos agudos forzados de Kotipelto y algunas notas clásicas de acompañamiento con sabor a Yngwie por cortesía del teclado de Johansson. Viso de clásicos no tienen y eso, en un álbum destinado a ser pasto de las llamas, las convierte en vulgares (no sé si con más prejuicio que justicia).
Dice Woody que hasta un reloj parado marca la hora dos veces al día. Por ello, “I walk to my own song”, “Dreamweaver” o “Luminous” pueden arrancar un esbozo de sonrisa o al menos agrisar un poco el lienzo. Por fortuna queda fuelle, poco pero lo hay, para hacer singles risueños y pegadizos, hacer acabados de provecho y facturar un estribillo emocionante.
Que Tolkki tomara cartas en el asunto era una condición necesaria (que no suficiente) para que el barco no se fuera a la deriva. Además de renovar la flota, tendrá que tomar un nuevo rumbo o sortear la tormenta con mucho atino. En realidad, es un reto extrapolable a todo un sector del heavy metal que creció en la década pasada: el de dejar atrás los complejos y pasar de ser simples herederos (unos más aplicados y con mayor calado que otros) de una era dorada a pioneros de toda una regeneración.
[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=6XEbA092LNs[/youtube]
J. A. Puerta
