¿Qué hay tras esa inmaculada e impoluta portada o, mejor dicho, tras todo el libreto blanco acompañado por dibujos sencillos de trazo morado (y las letras de las canciones) que nos comunican diversas sensaciones al contemplarlos?, pues once canciones de Rock y Metal bastante asimilable (tanto para el público rockero como para el que no lo es), de pegadizas y melosas melodías, con una voz dotada de bastante personalidad que juega con diferentes registros, transmitiendo variados sentimientos según sea el tema. Los responsables son cinco vizcaínos unidos bajo el nombre de Shinova, quienes, cuando veían publicado su primer álbum por DFX el pasado 2009, llevaban juntos tan sólo un año, iniciando la banda el bajista Ander Cabello (ex-Muted) y el cantante Gabriel de la Rosa (ex–The Kraven).
“Latidos” se concibió en tres lugares diferentes: fue grabado en Santos Records Estudios de Ondarroa en agosto de 2008; las mezclas se efectuaron en los madrileños Cube Estudios por el conocido Alberto Seara y bajo la producción de Carlos Escobedo (Sôber, Savia) en febrero de 2009; masterizándose en los estudios argentinos La Nave de Oseberg por Martín Toledo en marzo de 2009.
Aún con tan sólo un año de vida del grupo cuando grabo este su debut discográfico, se capta el trabajo y dedicación que ha habido tras cada canción, incluyendo la destacable labor tras los controles en el estudio, en cuanto a sonido, arreglos, matices…
Quizá la canción inicial, “La sombra”, sea mi favorita y una buena elección para abrir el álbum. Desde su comienzo destacan las guitarras, limpias y construyendo buenas melodías, de Joseba Irígoras y Javi Martín (ex-Raxxfer). Pronto nos damos cuenta que el trabajo vocal de Gabriel es una característica más que positiva a destacar en el grupo vizcaíno. Una voz con cuerpo, personalidad, buena entonación, modulación, dicción… Lo que me sobra en el tema de apertura son esos corillos que acompañan por lo bajo. Es una de las canciones con partes y guitarras más metaleras del trabajo, al igual que en “Necio” (con un final Clásico) y “Cicatrices”.
El golpeo de la batería por Eneko Urcelay (también coros a lo largo del disco; ex–Nabari) comienza “Extraña historia”, un tema de aires melancólicos con tintes del Rock Gótico más asequible y comercial, como la que continúa, “Sin ti” (que posee un pegadizo estribillo, en el cual escucho una voz femenina acompañando), “El espejo” y “Mi decisión”.
“En el laberinto” lo que más me atrae, entre la mezcla de Rock y Metal fresco y actual, es la inclusión final de los violines de Edurne Fernández. “El peso de los días” es otra composición que auditivamente entra como cuchillo caliente en mantequilla pero que, al igual que la anterior y la mayoría de las siguientes, no termina de atraparme.
Carlos Escobedo, además de producir el disco, dejó su voz en la emotiva y tranquila “Silencio (10.000 versos)”, donde se utilizan bases electrónicas y también se incluye una voz lírica femenina.
Otras colaboraciones son: la de Loick Woignier, que pone la voz en off de “Mi decisión” (no en “El espejo”, como viene por error en el libreto); Kantz (Tenpel, Coilbox) con sus cuerdas vocales en “Cicatrices”; y Sandra Cid (batería de Nemon) con su voz en la final “Por si el viento cambia”, un tema acústico donde también volvemos a escuchar los violines de Edurne Fernández.
Cuando “Latidos” estaba ya acabado, el guitarrista Joseba Irígoras causó baja, entrando en su puesto Iñaki Elortza “Ákaro” (procedente del grupo Seiurte).
Aunque hay que reconocer que el debut de Shinova está bastante bien trabajado, y hay cierta variedad en sus temas, la mayoría de las canciones, a pesar de que se introducen fácilmente por los oídos, no son composiciones con las que disfrute especialmente. A ver en el siguiente trabajo si siguen por la misma línea o adoptan otros derroteros.
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Starbreaker
