Joder, cómo me gusta hacer una reseña de un nuevo disco de Praying Mantis, no por escribir, sino porque uno de los grupos de mi adorada NWOBHM, con la que crecí, sigue en la brecha con lo que eso significa. Además, con un disco como este, en el que mantienen algunas de las señas de identidad que les caracterizaron en los primeros ochenta, la melodía y las guitarras dobladas.
Dos hermanos hispano-griegos, Tino y Chris Troy, formaron la banda en 1977 y Neal Kay, como con tantos otros grupos de la época, actuó como padrino un par de años más tarde, cuando les grabó “The Soundhouse Tapes” e hizo que fueran incluidos en el recopilatorio “Metal for Muthas” y codearse con los nuevos grupos que surgían en aquellos momentos, como Saxon, Iron Maiden, Def Leppard, Diamond Head y tantos otros.
Fueron grandes tras telonear la primera gira de Iron Maiden por su propio país y publicar su magnífico debut “Time Tells No Lies” en 1981, con aquella portada tan sugerente que nos hizo picar a todos, aunque tras la prometedora publicación del disco se disolvieron como un azucarillo en el café dentro la maraña de nuevos grupos surgidos en Inglaterra en aquella época, de tal forma que se tiraron una década entera desaparecidos en combate. Luego volvieron a grabar, ya en los ’90, dulcificando un poco más su música, y con muchos nombres ilustres que pasaron por sus filas, como Dennis Stratton, Clive Burr y Paul DiAnno (ex–Iron Maiden los tres), Bernie Shaw y John Sloman (cantantes, entre otros, Uriah Heep), Gary Barden (ex–MSG) o Doogie White (ex–Rainbow).
En la actualidad el grupo está formado por Tino Troy (guitarra y voces), Chris Troy (bajo y voces), Mike Freeland (voz principal), Andy Burgess (guitarra) y Benjamin Reid (batería), y se dedican básicamente, desde hace unos años ya, a hacer Hard Rock melódico con un resultado más que bueno.
El ejemplo es este último disco, aprovechable de principio a fin, sin desperdicio. No estamos hablando de una obra ñoña de viejos rockeros que pretenden seguir ganándose la vida a base de cantarle a todos los públicos, sino de un gran disco de Hard Rock melódico, hecho con criterio y sabiduría (puedes comprobarlo escuchando los detalles, cada uno en su sitio), y con una calidad en cuanto al sonido y a los músicos a la altura de grupos del estilo, como unos Magnum por ejemplo.
Es una pena que un grupo que prometía tanto, llamado a codearse con los grandes del género, se haya quedado en algo residual, para nostálgicos o buscadores de tesoros. Espero que con este “Sanctuary” sean devueltos al lugar que debieron ocupar hace ya treinta años.
Grandísimo disco.
[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=59aCPkWGFk8[/youtube]
Alvar de Flack
