Podría decirse que esta es una reseña “póstuma”. Afortunadamente no me estoy refiriendo a la muerte de alguno de sus componentes, sino al hecho de que hace poco nos enteramos de la disolución de la banda. Y es una lástima, porque el disco no está nada mal y quizás hubieran merecido mejor suerte.
La edición de este disco fue una tarea ardua y llena de obstáculos. Tras unos años como grupo maquetero, Posesión consiguió un contrato con Avispa en el año 2001, grabando este “Bailando en el fuego” al año siguiente. Sin embargo, dicha grabación nunca fue editada, y la Compañía decidió despedir al grupo en el año 2003. Afortunadamente, el productor del disco (Alfonso JB Sánchez) había fundado otra Compañía, Red Dragon Records, quien finalmente edita el disco en diciembre de 2003.
Realmente este “Bailando en el fuego” no inventa nada nuevo, ni siquiera está al día de las nuevas tendencias del metal, sino todo lo contrario, parece sacado del conjunto de bandas de heavy metal español de los 80, tanto en estilo como en melodías, riffs o estructura de las canciones. Si no fuera por la evidente mejora en el sonido producto de 20 años de avances en las técnicas de grabación, pudiéramos pensar que Posesión se estuvo batiendo el cobre con formaciones como Alcaudón, Marshall Monroe o cualquiera de las bandas de heavy metal melódico que luchaban en los 80 por despuntar entre el resto.
José García (voz), Santiago Castillo (guitarra), Angel M. Molina (guitarra), Santi Hernández (bajo) y Juan Carlos Salcedo (batería) muestran un nivel técnico correcto. No son grandes virtuosos, pero tampoco pretenden hacer exhibiciones pirotécnicas, lo que les deja en buen lugar. El mayor atractivo del disco radica en las propias canciones, algo que muchos grupos parece que han olvidado. Simples pero atractivas melodías vocales sobre una base instrumental de Heavy Metal clásico. Los temas provocan un cierto deja-vu, recuerdos de la explosión de grupos que arrasó nuestro país en los ’80, tanto nacionales como internacionales. Lo demuestran las influencias de la etapa más clásica de Iron Maiden en “Diosa del Mar”, con una extensa parte guitarrera a mitad del tema o en “Entre el oro y el amor”, el tema más desarrollado en complejidad y extensión del disco, cuya parte instrumental central no deja de recordarme a la etapa “Powerslave” de la Doncella.
Las melodías vocales son muy asequibles y no deberían tener problemas para complacer los oídos menos permeables a la agresividad metálica. Temas como “Inmortal”, “Mírate” “Tu sombra, tu Dios, tu dolor”, la tranquila “Sólo el tiempo…” o la ochentera “Sólo queda el Rock and Roll” hubieran merecido mejor suerte, pero la prematura disolución del grupo seguramente las habrá condenado a un injusto olvido.
Eso sí, la portada es horrorosa.
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Shan Tee
