Marilyn Manson tiene la suerte de estar posicionado en un lugar privilegiado: el que le separa del resto de formaciones. Puedes tratar de encasillar su música, pero lo cierto es que no puede incluirse en ningún saco. Aún oscilando del metal violento al pop glamuroso, tanto en lo artístico como en lo musical ha sabido tocar la fibra de medios y fans para ganarse el respeto y el repudio a partes iguales, factor que ha aprovechado para alcanzar la ansiada fama.
Con el tiempo lo artístico se ha convertido en teatral. La espontaneidad quedó atrás, cuando había que quemar los escenarios para darse a conocer. Todo depende del papel que encarne, dice él.
Y de lo musical, ¿qué queda? Por fortuna, todavía queda algo. Twiggy Ramírez ya no forma parte del grupo y con su ausencia se acentúa más que nunca la sensación de líder con músicos de comparsa. El guitarrista John 5 y el bajista Tim Skold (que se estrena en este trabajo) firman un alto porcentaje del disco junto a Manson, pero basta con ver la foto de la contraportada para darse cuenta de quien lleva las riendas.
El álbum es irregular y, como es hábito, la inclusión de un buen puñado de pistas (esta vez dieciséis) acarrea de todo: excelente, bueno, regular y malo. Como en el colegio.
El comienzo es fulgurante. “This is the new shit” es la mejor pieza que han grabado en años: agresividad en estado natural que contagia resignación, frustración y violencia gratuita. “Use your fist and not your mouth” y “The bright young things” siguen su estela y conforman los platos fuertes del álbum.
“Vodevil” y “Spade” son la evolución lógica de “Holy Wood”. La primera combina lo accesible y lo cañero en armonía y la segunda es el contrapunto de sensiblería que tan bien supieron manejar con “Lamb of god”, “In the shadow of the valley of death” y “Coma black”.
“mOBSCENE” y “(s)AINT” son los singles predecibles que han venido ofreciendo desde “Mechanical animals”: hechos para sonar en radio hasta la saciedad y demasiado obvios. Por cierto, en el primero tendrás que morderte la lengua para no cantar junto a los niños aquello de ‘be aggressive, B-E aggressive, B-E A-G-G-R-E-S-I-V-E’. Por su parte, la buena versión de “Tainted love” no esconde la descarada intención de repetir la jugada de “Sweet dreams (Are made of this)”. A pesar de todo, pasa sin pena ni gloria y no logrará sustituir la original de Soft Cell que sonaba en nuestros ochenta de infancia.
Si piezas como “The death song” , “President dead” o “Burning flag” te parecieron mediocres (lo cual no comparto en absoluto), “Ka-boom ka-boom”, “Para-noir”, “Better of two evils” (con base bailable sin llegar a la caña de Prodigy) o “Slutgarden” pueden sacarte de quicio: no porque sean malas, sino por la impresión que dan de prefabricadas. Es como si le hubieran robado el alma y la sangre. ¿Superficiales sería el adjetivo? Demasiado objetivo para hablar de música, pero es la idea.
La decadencia cabaretera de “The Golden Age of Grotesque” y “Doll-dagga buzz-buzz ziggety-zag” denota imaginación e ilustra el motivo del álbum a la perfección, pero particularmente me parecen soporíferas. En directo acabaron conmigo (y no de placer precisamente).
En resumen, el nuevo álbum sitúa a Marilyn Manson en un nivel claramente inferior al de la trilogía de discos “Antichrist superstar”, “Mechanical animals” y “Holy Wood”. No tiene ni la intensidad, ni la riqueza ni la madurez de cada uno de ellos y, lo que es peor, despide frialdad por los cuatro costados. Es el sino de Manson: quiso ser una estrella del rock y lo consiguió. Sin embargo, el sistema manipulador sobre el que tanto ironiza ha pasado de ser el objetivo de su mensaje al medio con el que lograr su fin.
[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=vnnEHGmz8iA[/youtube]
J. A. Puerta
