A la hora de enfrentarme a una crítica de Marilyn Manson como ésta puedo declarar toda mi objetividad en relación a este sujeto. No considero a Manson un icono del metal de los noventa y sigo sin entender, artísticamente hablando, la fama que cosechó su “Antichrist superstar” (porque con los shows demostró mucha sapiencia de cómo llamar la atención y llegar al estrellato utilizando unos números provocadores). Tampoco soy de los que le resta mérito por convertir aquella autodestrucción en actuaciones que ahora se han mecanizado las provocaciones de antaño y son representadas automáticamente, cosa lógica por otra parte. Por lo tanto, ahora que las opiniones se dividen entre aquellos que piensan que esto es una competición para premiar al personaje que más al límite lleve el lema “sexo, drogas y rock´n´roll” y más actitud de rock star mantenga o aquellos otros que se cierran en banda bajo el pretexto de que es un “falso” del metal o un oportunista en busca de portadas, es cuando considero que Marilyn Manson tienen mayor credibilidad y que en lo estrictamente musical han encontrado su propia referencia.
Absorbiendo lo mejor de todo su material, “Holy wood” combina potencia y accesibilidad con unos textos antireligiosos sangrantes y directos que harán las “delicias” de los grupos conservadores católicos de su querida patria. Este trabajo, concebido como el comienzo inverso de la trilogía que cierran “Mechanical animals” y “Antichrist superstar”, ofrece todas las facetas del Manson más heterogéneo. El segundo single editado, “The fight song”, podría ser la versión metálica de “Song II” de Blur y “The death song” parece sacada de “Version 2.0” de Garbage. “Disposable teens” comienza de forma idéntica a “The beautiful people”, pero después recuerda a “Rock is dead” de “Mechanical animals”, aunque mejorada. Temás más relajados y ambientales como “In the shadow of the valley of death” o “Lam ob God” brillan con luz propia, mientras “The love song” y “Burning flag” contienen la rabia de un “Irresponsible hate anthem”. En la recta final, y tras casi una hora de álbum, todavía se descuelgan con dos de las piezas más interesantes, “Coma black” y “Valentine´s day”. El epílogo formado por “The fall of Adam”, “King Kill 33” y “Count to 6 and die” sirve de punto y final a los cerca de 70 minutos de duración de “Holy wood”.
Frente a la ola de bandas del llamado nu metal que se espera arrasen el panorama en breve, Marilyn Manson no pueden ser encasillados dentro del mismo saco porque, por mucho que hayan colaborado con Slipknot en las remezclas de “The fight song” y traten de vincularse a la nueva generación, afortunadamente tienen mucho más que ofrecer que simple tralla incontrolada.
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J. A. Puerta
