¿Qué es un clásico? La definición no es sencilla, y existen varios parámetros para medir si una obra de arte es clásica o no. La influencia que ejerce en las generaciones posteriores, su originalidad, su excelencia o su permanencia durante el paso de los años son cualidades intrínsecas de una obra clásica. Sin embargo, también deberían ser considerados como clásicos aquellos trabajos rompedores, controvertidos, malditos, que crean polémica y que nos anuncian, como la vieja canción, que “the times they are a-changing”. Este disco es uno de ellos.
Genesis consiguieron destacar en un panorama musical y cultural riquísimo como podía ser la Inglaterra de finales de los ’60, en constante ebullición y exploración de nuevas perspectivas. Después de unos inicios dudosos por lo que se refiere a su estabilidad como formación y al discreto éxito de su primer disco, consiguieron alzarse, con trabajos totalmente recomendables como “Foxtrot” (1972) o “Selling England by the Pound” (1973) -reseñado con maestría por estos lares-, como el paradigma del Rock teatralizado, progresivo e intelectual junto con otros compañeros ingleses. Los exóticos disfraces de su frontman, el inconmensurable Peter Gabriel, así como sus actuaciones en las que mezclaba partes narradas (con un toque de inconfundible humor inglés) con las canciones en sí, fueron las principales señas de identidad de la banda durante su primera etapa.
Después de la gira de su excéntrico “The Lamb Lies Down on Broadway” (1974), Gabriel decide abandonar el grupo y seguir su camino en solitario. Phil Collins, por entonces batería y futuro rey de las FM’s, decide ponerle voz a la banda y llamar a un viejo amigo, Bill Bruford (Yes, King Crimson) para que se ocupe de la percusión durante la gira del disco -aunque las malas lenguas dicen que nunca se entendieron-, ya que en estudio Collins seguía siendo también el batería. El resto del grupo lo componían Steve Hackett (guitarra), Tony Banks (teclado) y Mike Rutherford (bajo). Sin más demora, deciden grabar un auténtico discazo de Rock, aunque con algunos detalles que ya apuntan en la dirección que finalmente tomaría la banda.
Lo que salió de los Trident Studios aquel Febrero del ’76 es puro Genesis, señores, y quizás sea eso lo que más les duela a algunos seguidores acérrimos de Gabriel. La voz de Collins encaja perfectamente en el nuevo engranaje, que recoge la tradición inaugurada con su anterior trabajo de componer temas cortos, y que conserva las señas de identidad propias del grupo (los diálogos teatralizados de “Robbery, Assault And Battery”, la desestructuración de “Dance On A Volcano”, etc.). La voz de Collins y el teclado-barra-sintetizador-barra-mellotron (¡y qué mellotron!) de Banks se llevan el protagonismo, pero cualquier melómano atento puede apreciar el buen trabajo de percusión o unas segundas voces realmente logradas.
Todos los temas mantienen el nivel, pero yo destacaría “Ripples…”, cargada de sentimiento, y la beatleniana “A Trick Of The Tail” como las joyas del disco. “Los Endos”, el tema que cierra, es una instrumental con reminiscencias de “Supper’s Ready”, una de las canciones estrella de la era Gabriel.
Las comparaciones son odiosas, y es que Collins & Co. después de la partida de Hackett, el guitarrista, tomarían una ruta que decepcionó a más de un seguidor. Pero si miramos el track-list de las giras correspondientes a los primeros discos sin Gabriel, vemos en seguida como se hizo un esfuerzo para compaginar todo tipo de temas y de suavizar la transición. Que al final todo esto no sirviera de mucho no debe hacernos menospreciar este disco (y menos aun el siguiente, “Wind & Wuthering”, otra delicia).
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Jaume «MrBison»
