Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom
Hablar de Leo Jiménez es hacerlo de uno de esos cantantes en mayúsculas con, probablemente, la voz más estratosférica de las surgidas de la hornada de bandas que durante los años noventa vertebraron la segunda edad de oro del Heavy Metal español y entre las que se cuentan nombres como Mägo de Oz, Avalanch, Tierra Santa y, evidentemente, Saratoga.
Esta última fue la formación con la que Leo empezó a labrarse el nombre que tiene hoy en día, gracias a trabajos como “Vientos de guerra” (1999) y “Agotarás” (2002), así como “El clan de la lucha” (2004) o “Tierra de lobos” (2005), aunque los primeros pasos en el mundo de la música los había dado de la mano de formaciones como Krysálida o Al Borde.
Su despedida de Saratoga vino justificada por la necesidad de centrar todos sus esfuerzos en Stravaganzza, la banda nacida a caballo entre los dos últimos discos que grabó con la banda comandada por el bajista Niko del Hierro y con la que publicó “Primer Acto” (2004), “Sentimientos – Segundo Acto” (2005), “Hijos del miedo” (2006), “Requiem – Tercer Acto” (2007) y “Raíces -Cuarto Acto” (2010).
Poco antes de que Stravaganzza anunciara un parón indefinido, nuestro hombre había emprendido un primer intento de proyecto en solitario con 037/LEO con quien publica “Títere con cabeza” (2009) y “Los fuertes sobreviven” (2011), pero no sería hasta un poco más tarde cuando reafirmaría su proyecto personal -inequívocamente bajo su propio nombre y apellido- con las grabaciones “Animal solitario” (2013), “20 años tras el Apocalipsis” (2015), “La factoría del contraste” (2016), “Mesías” (2019) y “30 años tras el Apocalipsis”, siendo este último al que hace referencia la reseña que estás leyendo. En paralelo, hay que sumar multitud de colaboraciones con otras formaciones, la creación de Supra con la que edita el álbum “Desde dentro del agujero” (2011) y reuniones puntuales con Stravaganzza que dan lugar al disco en directo “La noche del fénix” (2020).
Pero si esta discografía prolífica, poliédrica e ininterrumpida no fuera suficiente para conmemorar tres décadas de trayectoria, su incansable lucha desde hace más de quince años contra una afección crónica llamada paresia (la cual ha dejado medio paralizada su cuerda vocal derecha) y que le ha llevado a visitar el quirófano en un par de ocasiones para mitigar la patología, es motivo suficiente para justificar una celebración por todo lo alto.
“30 años tras el Apocalipsis” es un álbum en vivo que desgraciadamente no recoge el concierto completo de más de dos horas de duración de aquella noche del 14 de septiembre en La Riviera (así como tampoco las participaciones de todos los cantantes invitados como es el caso de José Pardial, Rubén Kelser y José Andrëa), sino que reduce a diez las canciones incluidas, las máximas que ha permitido el formato en vinilo con el que (por deseo expreso del vocalista) se ha publicado físicamente esta referencia que incluye encartada la edición en disco compacto. Una selección que recoge piezas de su carrera en solitario y en la que se han quedado fuera las composiciones de aquellos grupos de los que ha formado parte y las versiones con las que tanto le gusta sorprender a sus fans.
Curiosamente, la publicación de este elepé no estaba prevista inicialmente: el show en la Riviera, tal y como ha explicado Leo en varias entrevistas, se grabó con el único objetivo de conservarlo como un recuerdo personal de la efeméride, sin intención de que viera la luz. Sin embargo, después de escuchar atentamente el resultado de la grabación con Anti Hornillo (el técnico de sonido en directo y el encargado de las labores de grabación, mezclas y masterización del disco), ambos se dieron cuenta de que aquello sonaba poderoso como un trueno en una noche de tormenta y que la celebración de los treinta años de carrera no podía limitarse sólo a la gira conmemorativa como se había planificado en un primer momento.
Sin reservas, estamos ante un disco con una excelente producción (tarea de la que se ha hecho cargo el propio Leo Jiménez) que pone de manifiesto un sonido nítido y equilibrado, a la vez que contundente, potente y en absoluto sobreproducido. Asimismo, cabe destacar cómo la grabación ha capturado fielmente la atmósfera del directo, contando con la inestimable participación de un público que, entregado desde el primer segundo a la “causa” de los Leos (así es como el cantante llama a la banda), se convierte en “el jugador número doce” rugiendo espoleado por las constantes arengas de un Leo erigido en el indiscutible maestro de ceremonias de la noche y en un auténtico animal del directo que con su energía y actitud logra que los seguidores que llenan la sala respondan en todo momento como un solo hombre. Sin embargo, el detalle que lastra a “30 años tras el Apocalipsis” es que, al haberse editado las pistas que no aparecen en el vinilo, se producen inevitables cortes en la continuidad sonora que comprometen la escucha “inmersiva” de la grabación en vivo.
Por otro lado, respecto a la formación que acompaña al señor Jiménez (los guitarristas Rufo Cantero y Cristian Juárez, el batería Carlos Expósito y el bajista Patricio Babasasa), cabe decir que son una auténtica apisonadora en directo, con un sonido compacto y con la exquisitez de unos músicos de contrastada solvencia y dilatada carrera que abarca trabajos con artistas muy dispares. Asimismo, tampoco podemos dejar de mencionar la nómina de compañeros de profesión que flanquearon al vocalista en este concierto y que aparecen en el álbum: la guitarra de Pablo García, los indiscutibles guturales de los “sospechosos habituales” Mr. Korpa y Toni Mero Mero, y la fantástica aportación en casi todos los temas del plástico de Patricia Tapia y Javier Domínguez “Zeta” alternándose con Leo en la interpretación de diferentes versos, armonizando con él múltiples líneas melódicas y atacando diversas estrofas en solitario.
Después de la llamada a armas hecha por Leo, la descarga se inicia con la biográfica y sentimental “Desde niño” (que también abría el primer álbum como Leo Jiménez), una inmejorable manera de dar el pistoletazo de salida al show con dos estrofas cantadas a dúo por el vocalista y la sublime Patricia, quien se encarga de los registros más agudos, el estribillo con la contribución de un espléndido Javier Domínguez y las armonías de guitarra exprimidas hasta el final por las flagelantes cuerdas de Cristian Juárez y Rufo Cantero, que son coreadas a plena voz por un respetable totalmente desatado y entregado a la banda.
La entrada thrashera comandada por las baquetas de Carlos Expósito anuncia la llegada de “Con razón o sin razón” (la pieza de “La factoría del contraste” narradora de una aciaga relación tóxica) que modula con exquisitez ritmos y atmósferas diferentes en las estrofas y el verso principal y donde la conjunción de los tres cantantes reluce de nuevo, añadiendo un punto extra de dramatismo.
El clamor por reponerse ante las adversidades recogido en “Vuela” pone sobre la mesa el duelo mano a mano entre Leo y Patricia (sus voces ligan como el buen alioli) y dos meritorios solos de guitarra, mientras que el megalítico Groove Metal de “Soy libertad” con los indispensables bramidos engolados de Korpa incluidos en “La factoría…” y la participación en la misma línea de Mero Mero funcionan como perfecto contrapunto del coral estribillo cargado de épica combativa. A continuación, llega el turno de “Cielo e infierno”, la sincera declaración de amor paternal de Leo hacia su hijo, con el cantante dejándose las cuerdas vocales y la descomunal cadencia instrumental al ocaso del tema que sirve para espolear y desgañitar al público.
El sentimiento contenido en el proyecto 037/LEO está representado por la emotiva balada “Llévame” (publicada en su día como bonus track) que brilla con rotundidad gracias a los nuevos arreglos vocales y a la sensibilidad especial de Zeta, y por el romanticismo de “Mi otra mitad”, donde Patri y Leo comparten micrófono y ponen palabras al mágico halazgo de nuestra alma gemela entre los suspiros que los dedos de Juárez arrancan de su guitarra.
Mr. Kopra y Mero Mero vuelven al escenario para interpretar “Mesías”, una muralla sónica de metal con mayúsculas incluida en el último disco de estudio de idéntico título, donde confluyen guturales, partes melódicas, fragmentos con conatos de blast-beats y el trasfondo crítico de la construcción de los ídolos de barro. Después de la atormenta siempre llegar la calma y eso es lo que ocurre con la interpretación de “Vuela alto”, donde el magnético timbre de Zeta, el sutil acompañamiento de Leo y la elegante belleza que se imprime al desarrollo instrumental de la pieza dignifican esta desgarradora canción dedicada a una cooperante española (hermana de un amigo del vocalista) que murió en Perú mientras llevaba a cabo tareas humanitarias.
Por último, la embriagadora, pesada y densa sonoridad de aires alternativos de “El fin del camino” (con el bajo desnudo de Patricio Babasasa en primer plano, los últimos aullidos del público y la contribución de Pablo García a la guitarra) desatan el vivo seísmo que sella el trabajo.
“30 años tras el Apocalipsis” es una compilación en directo de piezas extraídas de la granada carrera en solitario de Leo Jiménez que sirve para recordarnos que sigue adelante contra viento y marea, con una actitud inquebrantable ante las adversidades y una capacidad de resiliencia digna de elogio. Por algún motivo se le conoce con el apodo de “La bestia”.
Marc Milà Hernández
