JUDAS PRIEST “British Steel” (1980)

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judaspriest_britishsteelEl disco definitivo. “British Steel” fue, sin duda, el disco que consagró a Judas Priest en la élite del Heavy Metal mundial, en unos momentos de plena euforia del estilo. Coincidiendo con el inicio de la década, el Heavy Metal de guitarras afiladas y agresivas abrió una brecha con el Hard Rock que se había hecho hasta entonces. Y no sólo a nivel musical, sino también visual. Se impuso la parafernalia de cuero negro y tachas frente a la anterior imagen heredera de los hippies años ’70.

Una nueva generación de rockeros iba a tomar esta década, y “British Steel” era su carta de presentación, representando el espejo al que a partir de entonces iban a mirarse los nuevos grupos. Por tanto, la importancia de este disco va mucho más allá de su calidad musical, sino que fue una nueva referencia, un punto de partida sobre el cual el Rock iba a evolucionar a partir de entonces.

Tras la edición de “Unleashed in the East”, y buscando una estabilidad en el seno de la banda, buscaron un batería que estabilizara ese puesto en el grupo, algo que no se había conseguido hasta entonces. Y lo encontraron en la persona de Dave Holland, que provenía de una banda llamada Trapeze, cuna de muy reconocidos músicos como Mel Galley (posteriormente en Whitesnake) y Glenn Hughes, del que no me voy a poner a contar su currículum a estas alturas.

Plenamente integrados en la multinacional CBS, el disco consigue triunfar plenamente tanto en Europa como en Estados Unidos, ya que consigue reunir todos los factores propicios: buenas canciones en el difícil equilibrio entre comercialidad y dureza propia del Heavy Metal, un gran sonido y un apoyo de la Compañía, que ve en el naciente Heavy Metal una sólida fuente de ingresos.

El disco arranca raudo y veloz con “Rapid Fire”, la canción más rápida y cañera del disco, cuyo tempo es una excepción, ya que el resto de temas están compuestos con un metrónomo más relajado. Pronto se advierten las grandes virtudes del disco: La batería de Dave Holland suena de lujo, las guitarras de K.K. Downing y Glenn Tipton están acopladas a la perfección, Ian Hill sustenta al grupo desde su segundo plano habitual e incluso encuentra sus momentos de lucimiento personal, y Rob Halford es ya considerado como el mejor cantante de Heavy Metal del momento, adquiriendo el apodo de “Metal God” debido precisamente a la segunda canción del disco.

Todos los grandes discos tienen un tema estrella. Este tiene dos: “Breaking the Law” y “Living after midnight” son considerados desde entonces como dos de los clásicos del Heavy Metal de todos los tiempos. Directas, sencillas pero efectivas a la vez, han liderado los gustos de todo amante del Heavy Metal hasta nuestros días, y ya van 25 años desde su edición, y convirtiéndose lógicamente en piezas inamovibles de sus conciertos.

Pero el disco rezuma calidad en cada surco, cada tema puede ser considerado un clásico en sí mismo. Grandísimos temas en todas las direcciones, directos como “Don’t have to be old to be wise”, intensos como “The Rage”, puro Heavy Metal como “Steeler” o ese himno llamado “United” (plagiado por nuestros Ángeles del Infierno como “Unidos” en su “Diabolicca”) hacen de este disco tan variado como imprescindible.

La influencia de Judas Priest en general y de este disco en particular fue tan intensa que a partir de este momento, todo grupo de Heavy Metal que se preciara lucía look de cuero y tachas como “los Judas”, la mitad de los cantantes imitaban a Rob Halford y los riffs de Downing y Tipton eran imitados hasta la saciedad en cada rincón del planeta.

Definitivamente, sin Judas Priest y sin este British Steel, el Heavy Metal hoy sería diferente.

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Shan Tee