Segundo disco de este guitarrista del que pocas o ninguna noticia teníamos hasta ahora. La verdad es que ni noticias ni información sobre este músico, y en internet es complicado entresacar sus notas biográficas entre las entrevistas y los comentarios. Pero como aquí lo que nos importa realmente es lo que es capaz de hacer con su guitarra, y eso está plasmado en este CD, con meterlo en el reproductor, darle al play y escuchar atentamente tenemos suficiente.
Y al hacer eso lo que suenan son 10 temas instrumentales de batería-bajo-guitarra, en los que Jill da rienda suelta a su imaginación sobre el mástil y muestra sus habilidades, que son muchas. Sin embargo, y a pesar de estar acompañado de dos buenos músicos como son Iván de Luca (bajo) y Franz Hirt (batería), quienes le dan algo de color a los temas, éstos se hacen algo pesados, quizá por no compensar adecuadamente lo malabarístico con lo melódico, lo que impregna de una monotonía apabullante a todo el disco.
Su estilo me recuerda bastante al de Steve Vai (por la técnica y por lo plasta que puede llegar a ponerse en determinados momentos), pero lo que hace más atractivo el álbum es que está grabado a la antigua usanza, es decir, en directo, o casi. Primero se grabaron las bases de bajo y batería, y luego la guitarras encima, a capón, sin más arreglos ni más nada, y con los solos improvisados… o eso dice él.
El caso es que el sonido es muy bueno y muy directo, pero el disco se hace bastante pesado, sinceramente. Los temas resultan algo cansinos, aunque técnicamente han quedado impecables. Queda patente que Jill Yan es un gran dominador de su instrumento, pero como compositor todavía le queda un rato.
Alvar de Flack
