“Degradation trip” es mucho más que el segundo disco en solitario de Jerry Cantrell. A la vista de cómo se han desarrollado los acontecimientos, la muerte de Layne Staley ha convertido este trabajo en un tributo y lleva la temática del álbum más allá de lo meramente superficial. Ahora que se ha esfumado toda esperanza de que los Chains vuelvan, Cantrell tiene por delante la nada fácil tarea de satisfacer a unos seguidores ávidos de nuevos y buenos temas a la vez que de recordar los “Man in the box”, “Would?”, “Down in a hole”, etc. Eso es duro y cada vez que Cantrell salía a los escenarios americanos para abrir los shows de Nickelback o Creed debía crecerse ante la interpretación de estas canciones que en la memoria colectiva van indisolublemente parejas a su amigo Layne.
Estamos ante el cincuenta por ciento de AIC y Cantrell escribe tal cual lo estaría haciendo para la que fue su banda. Los juegos de voces, aunque lógicamente ya nunca serán lo mismo, los pasajes hipnotizantes y la decadencia que desprenden música y letras no han sido ultrajadas. Se repite la historia de cruces con Ozzy y, si en el pasado fue Mike Inez quien dio el salto de las fauces del “madman” a las filas de los de Seattle, ahora son otros los responsables de un intercambio esporádico. La versatilidad de este álbum, en el que cualquier tesitura vale, tiene en Robert Trujillo y Mike Bordin a dos compinches de las pretensiones del guitarrista. Estos mercenarios (en el buen sentido de la palabra) hacen una labor admirable como músicos de estudio y es una verdadera pena que no puedan girar con esta formación. En su lugar, Comes with the Fall, una reputada banda de la escena underground de L.A., es la encargada de ocupar las tablas.
Justo en el momento en que el regreso de AIC sufría otro contratiempo, el guitarrista se desentendió del mundo durante cuatro meses y, refugiado en su Gibson Les Paul, compuso esta colección de cortes que conforman su segunda obra como solista. ¿Hacia que lado se ha inclinado: el del relax y las influencias básicas de “Boggy Depot” o el de los lances duros del póstumo “Alice in Chains”? En realidad ha cogido una pizca de ambos. De su primer plástico resbalan retazos de introversión preciosista y llevadera a terrenos accesibles como “Gone” o la acústica “Solitude”, los cuales tienen en “Jar of flies” un antecedente ejemplar; mientras, “Locked on”, “Chemical tribe” o la potente “Anger rising” (primer sencillo, en el cual aparece Chris DeGarmo como invitado especial) siguen teniendo esa estrella que iluminaba al dúo con Staley en “Facelift” o “Dirt”. De los recovecos “rastreros” y genuinamente metaleros del segundo salen estribillos como el de “Mother’s spinning in her grave” o piezas como “Bargain basement Howard Hughes”, la tenebrosa “Hellbound” o la trastornada “Castaway”.
Este viaje a la degradación nos reserva más de un momento cómplice con los sentimientos de Cantrell. Zambullirse en la dulce oscuridad de “Psychotic break” o navegar por el mar de añoranza de “Angel eyes” puede ser una experiencia gloriosa para quien se creía curado del síndrome de Alicia. Luego nos encontramos frente a contrastes como el de “Give it a name”, la cual resguarda bajo su velo de despreocupación un fragmento central arropado por unos coros angelicales emocionantes, o “She was my girl”, una réplica del tempo de “Cut you in” y escogida para la B.S.O. de “Spiderman” en sustitución de “Spiderbite”.
En comparación con su primer disco, el compositor se ha despojado de los arreglos que adornaban “Settling down” o “Cold piece” y se decanta por una mayor dureza en términos generales, sobre todo en lo referente al sonido del trabajo. Aún con estas diferencias, ambos se encuentran al mismo nivel de aceptabilidad; Cantrell apuesta sobre seguro y contentará a su parroquia con toda certeza. Este hecho no dará ánimos a los curiosos que pudieran acercarse a su música pensando en un posible giro respecto a su pasado. Pero, ¿a quien le importa eso cuando estamos hablando de Jerry Cantrell? “Degradation trip” es, ante todo, un consuelo: el de saber que nos queda la otra mitad de Alice in Chains para rato. Que nadie se equivoque, la inspiración sigue indemne. En “Locked on” se encuentra la respuesta: ‘Dying a little bit makes you appreciate life’.
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J. A. Puerta
