Si pensamos en Blues en seguida nuestras cabecitas se van derechas a los grandes del género de raza negra, a esos Muddy Waters, B.B. King, John Lee Hooker o Robert Johnson, y hacemos bien, pero el Blues, tal y como lo entendemos hoy en día, no sería lo mismo sin una generación de jóvenes británicos de raza blanca que, a mediados de los sesenta, se obsesionaron con él y reividincaron con fuerza a todos los grandes anteriormente mencionados. Nombres ilustres como Eric Clapton, Peter Green, Jimi Page, Brian Jones, Mick Taylor, John Mayall, Mick Fleetwood…. Grupos como Fleetwood Mac con Peter Green y Mick Fleetwood, Yardbirds por donde pasaron Jeff Beck, Clapton o Page o los Blues Breakers de John Mayall que también fue una de las canteras más prolíficas de las que abastecían la escena Inglesa.
John Mayall, nacido en 1933 en Macclesfield, llevaba unos años intentando meter la cabeza en el mundillo con escaso éxito, tocando con bandas como Blue Syndicate hasta que editó, en vivo, el fantástico “John Mayall Plays John Mayall”, aunque el éxito de verdad le llegaría más tarde cuando conoció a Mike Vernon, productor, y Eric Clapton con los que sacaría al mercado este “Blues Breakers With Eric Clapton” llegando al número seis de las listas inglesas. Junto a estas dos bestias pardas el disco lo grabaron John McVie y Hughie Flint.
Como era habitual en la época, el disco era un “fifty fifty” entre composiciones propias y otras de gente tan prestigiosa como Ray Charles, Otis Rush, Fredie King o Robert Johnson, en total una docena de coplas de Blues de alta escuela que ha convertido el disco en el clásico que es hoy.
Algún día quiero hablar de Mr. Clapton más detenidamente. Un tipo que no por ser hoy un “meapilas” totalmente “maisntream” hay que quitarle mérito alguno. Son cosas que defendería con gusto con los puños pero que en este caso el trabajo de “Manolenta” es tan sublime que no haría ni falta. Ahí están, por nombrar algunos, los nombres de Cream, Blind Faith o Derek & The Dominos. Su aportación en este disco, huelga decirlo, es fundamental. Para la ocasión utilizo una Gibson Les Paul Sunburst (de segunda mano) y un amplificador Marshall que, estaba claro, suenan a gloria bendita, dándole a las canciones un toque poderoso y compacto que se agradece.
Lo de imprescindible sobra, lo sabéis, lo de básico se queda corto. Podéis agenciaros algún viejo vinilo de vuestro tío o vuestro padre, bajároslo de la red o, como he hecho yo, disfrutadlo en la edición de lujo que acaba de salir al mercado donde viene el disco en mono, como se editó originalmente en 1966, la edición stereo que se lanzón tres años más tarde y un segundo disco con grabaciones de diferentes conciertos y sesiones (no faltando las clásicas de las BBC).
Sea como sea, cuando mueras y toques a la puerta del Infierno será mejor que lo tengas taladrado a fuego en tu cabeza. Avisado quedas.
[youtube]http://youtu.be/rUUEtCBhn_Q[/youtube]
Pedro Salinas «Pears»
