ICED EARTH “The Glorious Burden” (2004)

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icedearth_gloriousburdenLo que se esperaba fuera la continuación discográfica de “Horror Show” (2001), con el anecdótico paréntesis de “Tribute To The Gods” (2002), no ha visto la luz hasta este 2004, amenizada la espera el pasado año con un adelanto en formato EP, “The Reckoning”, que servía de mero extracto del disco a modo de anticipo para apaciguar las ansias del respetable. ¿Los motivos del retraso? La firme resolución de Matthew Barlow de abandonar el mundo de la música, lo que llevó al líder y guitarra del grupo, Jon Schaffer, a parar todo el proceso una vez grabado el trabajo y partir de cero -o casi-, ni más ni menos que con el ya ex-Judas Priest Tim “Ripper” Owens. El mundo es un pañuelo (y la gente se suena en él).

A todo esto, decir que el fichaje de Owens no ha sido el único relevo para este nuevo trabajo. Como nuevo guitarra solista aparece Ralph Santolla, al que acompañan los más fieles James MacDonough al bajo y Richard Christy a la batería.

Como bien apunta la exquisita portada, el álbum está dedicado íntegramente a los devenires bélicos de nuestra Historia, desde las andanzas del mítico Atila, rey de los hunos, hasta la catástrofe del fatídico 11 de septiembre, con especial mención a la Guerra de Gettysburgo, a la cual se dedica la trilogía de rigor, esta vez con la colaboración especial de la Orquesta Sinfónica de Praga.

¿Qué hay del contenido? ¿Y de la labor de Owens? En mi modesta opinión, y bastante a mi pesar, me temo que las expectativas no se han colmado como debían, aunque puede que un lapsus temporal tan extenso las hayan engordado sobremanera. “Ripper” está bien, incluso mejor que en sus trabajos con Tipton y compañía (¿efluvios de Winter’s Bane?), pero su voz me resulta más lineal y standard que la de Barlow, más ‘heavy’ si se quiere (demasiado apoyo en los agudos), y en ese sentido me temo que Schaffer ha perdido una gran baza con la marcha de Matt, que a la postre ya era seña de identidad del grupo.

El primer compacto se abre a lo grande, ni más ni menos que con “The Star-Spangled Banner” (sí sí, el himno americano), que si bien queda algo pretencioso tampoco es para rasgarse las vestiduras (Hendrix lo utilizaba cada dos por tres, sin ir más lejos), la cual sirve de intro de apertura a “Declaration Day”, un coreado medio tiempo bastante efectivo y obvio por su parte. “When The Eagle Cries” es una mirada personal al 11-S, que a diferencia de anteriores episodios baladísticos (“Melancholy”, “Watching Over Me”, “Blessed Are You”) a la tercera escucha ya empacha (demasiado estribillo para tan poco tema). Por cierto, la letra tampoco ayuda. “The Reckoning (Don’t Tread On Me)” se me antoja de lo mejor del plástico, con un Schaffer que vuelve por sus fueros y un “Ripper” haciendo gala de su condición de alumno aventajado de Halford.

Y a partir de ahí el bajón. “Greenface” (un lavado de cara al “Depths Of Hell”), “Attila” y “Red Baron/Blue Max” (¿de qué me suena a mí esto?) no son malos temas, pero sí mediocres (en un cara a cara con cualquier corte de “Night Of The Stormrider”, “The Dark Saga” o “Something Wicked…” podrían quedar en ridículo), y a estas alturas de carrera, cuando Iced Earth ya se supone un referente para generaciones venideras, no se pueden permitir estas licencias. Con “Hollow Man” me pasa tres cuartos de lo mismo que con “When The Eagle Cries”, demasiado azúcar para tan poca leche, aunque afortunadamente la cosa recupera el tono con “Valley Forge”, y curiosamente la Napoleónica “Waterloo” salva la primera parte del desastre.

El segundo compacto recoge única y exclusivamente la pieza “Gettysburg (1863)” (¿es que no cogía todo en un CD?), como ya decía al principio compuesta por tres partes, “The Devil To Pay”, “Hold At All Costs” y “High Water Mark”, y con la colaboración de la Orquesta Sinfónica de Praga. La ambientación está muy conseguida, todo hay que decirlo, pero el resultado final deja una sensación de hambre un tanto molesta (la segunda parte que sirve de ‘puente’ es de lo más insulso), y tampoco resiste comparación con “The Suffering” o “Something Wicked (Trilogy)” (y eso que no se valían de orquesta).

Resumiendo, no puede decirse que “The Glorious Burden” sea un fracaso, eso sería exagerar, pero sí una ligera decepción. Una buena ocasión para clavar el estoque que se ha quedado en un buen par de banderillas.

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David Fernández “Bubba”