Siempre se ha considerado a “Presence” como uno de los discos prescindibles del grupo. Un disco maldito con el que casi nadie se sintió satisfecho. Yo no estoy tan de acuerdo, aún reconociendo que este disco no puede hacer sombra a los grandes clásicos de la banda.
Como todos sus discos, “Presence” es la consecuencia del período en el que fue gestado, unos tiempos difíciles para el grupo en general y para Robert Plant en particular, ya que la composición y posterior grabación del disco se vio totalmente condicionada por un accidente de coche en el que se vio envuelto Robert Plant con su mujer en la isla griega de Rodas. Dicho accidente se saldó con una fea rotura en el tobillo del cantante, además de otra rotura en un codo, (además de las fracturas de su mujer) que le condujo a un año largo de tortuosa recuperación. Esta larga convalecencia le afectó anímicamente, algo que trasladó a este disco. Además, toda la grabación se la pasó en una silla de ruedas. La consecuencia es que en “Presence” nos encontramos a Robert Plant más cohibido que lo que nos tiene acostumbrados, sin la chispa y el descaro que desborda en el resto de sus discos. Así, fue Jimi Page quien tomó las riendas del disco, con un liderazgo más marcado que nunca, acompañado por un John Bonham pletórico a los tambores. Todo ello, acompañado por la total ausencia de teclados y las líneas de bajo más agresivas que John Paul Jones hizo en su carrera, confieren a “Presence” un aire guitarrero y duro en el que se huyeron completamente de los temas acústicos y atmósferas más sentidas que incluían habitualmente.
Si para muestra vale un botón, valga el primer tema del disco, “Achilles Last Stand”, un trepidante tema de más de 10 minutos en el que no se permiten ni un respiro, y en el que Page y Bonham se complementan a la perfección para construir este tema atronador. Todo el disco sigue esta tendencia, grandes temas como “For Your Life” (al más
puro estilo de sus contemporáneos Bad Company) que beben de influencias externas, siempre pasadas por el tamiz Zeppelin, como demuestra “Candy Store Rock” y sus guiños al Rockabilly tan pujante en aquellos tiempos. El resto de temas muestran la tendencia clara de este disco hacia un Rock mucho más directo y atronador que en otras ocasiones, conducidos de forma magistral por Jimi Page y con un John Bonham en estado de gracia.
Sólo al final del disco se permiten levantar el pie del acelerador, cerrando el álbum con “Tea For One”, un sentido blues lento marca de la casa, con el que cierran uno de los capítulos más incomprendidos de su larga y fructífera carrera.
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Shan Tee
