Es agradable, y extraño a la vez, encontrarse con bandas cuyo modus operandi se desliga de la ya más que asumida globalización que existe (también) en el ámbito musical.
Y es que “Rotta”, el trabajo que nos ocupa, es pura artesanía. Cinco años de trabajo son los que Alhándal han dedicado, o mejor conjugado, dedicaron (el disco salió el año pasado) en crear esta obra conceptual. El resultado es un doble CD en el que se nos narra una historia, escrita por Miguel Ángel de la Linde, sobre la que no voy a adelantar ningún detalle argumental. Creo que lo mejor es que cada uno la vaya descubriendo por sí mismo a medida que se suceden los temas.
“Rotta” es sin duda un álbum tan ambicioso como arriesgado. Un disco que lamentablemente no todo el mundo será capaz de disfrutar debido, entre otras cosas, a que obliga a sentarse tranquilamente y aislarse del mundo durante hora y media para dejarse llevar por la magia de la música. Esto es algo que las actuales generaciones, devoradoras y desechadoras de archivos mp3 a partes iguales, ni siquiera se van a plantear. Y si encima añado que es recomendable escucharlo mientras se lee la historia (al menos las primeras veces) para que la experiencia sea completa, pues ya apaga y vámonos; estoy convencido de que el público objetivo de “Rotta” no va a ser precisamente numeroso (espero equivocarme); es una pena.
Musicalmente nos encontramos ante un álbum que se mueve entre el rock progresivo psicodélico y el hard rock, coqueteando incluso con el rock andaluz en algunos pasajes. La riqueza de matices y arreglos es apabullante, algo que otorga al disco un interés añadido, al menos para quien suscribe, y hace que sea complicado señalar qué temas son mejores o tienen más peso. Personalmente veo a “Rotta” como una entidad única e indivisible; un trabajo completo y no un conjunto de canciones independientes; es más una banda sonora que un disco de rock convencional.
Sólo hay un par de detalles que no me han convencido de este álbum. El primero es la colaboración vocal de Ángel San Juan (Tierra Santa), cuya intervención hace que el nivel en ese aspecto baje enteros.
Por otro lado me ha chirriado un poco la utilización de nombres anglosajones, como Jacob y Carter, en una historia escrita en castellano, aunque bueno, la explicación a ese detalle podría ser que en ningún momento se identifica el lugar en el que transcurre la acción; de hecho se especifica que podría ser cualquier país. Lo que ocurre también es que la actriz que da vida al personaje de Danae sobreactúa bastante; vamos que, con todos mis respetos, más que actriz me ha parecido una dobladora. Así que, entre los nombres de algunos personajes y la sobreactuación de esta chica, a veces me ha dado la impresión de estar viendo la típica peli “made in USA” doblada, lo cual provoca (al menos a mí) que la capacidad de inmersión disminuya en mayor o menor medida.
En cualquier caso, manías personales aparte, estamos ante un disco totalmente recomendable. Haced un hueco en vuestra agenda, acomodaos, encended el equipo de música y disfrutad durante la siguiente hora y media de “Rotta”. Y si al final no acabara de gustaros, pensad que es mejor haber estado haciendo eso, que delinquiendo.
J. Galiana
