La historia del Rock nos ha dejado con un buen puñado de directos que constituyen auténticas obras maestras, pero pocas han sido las veces en las que un live ha transportado a un artista hacia una fama astronómica. Porque ya te puedo adelantar que si este disco está en la sección de Clásicos no es únicamente por su calidad, sino también por tratarse de la merecida reconsagración de su autor y de un episodio histórico de nuestra música.
Si alguien merecía el reconocimiento del público más que nadie, ese era Peter Frampton; sólo hay que recordar los méritos que hizo nuestro compañero antes de editar este vinilo. Repasemos: la carrera de Frampton empezó a sus tiernos quince años, tocando en un grupo llamado Herd, y formó parte de la formación clásica de Humble Pie, cosa que le dio cierta experiencia en el arte de grabar discos en directo (escucha, si no lo has hecho ya, aquel magnífico “Performance Rockin’ the Filmore” del ’71 y me comprenderás). Después inició su carrera en solitario sacando un puñado de buenos discos -con invitados de la categoría de Ringo Starr-, y finalmente se comió el mercado americano con el plástico que nos ocupa, que no viene a ser nada más que una especie de “Best of” de sus anteriores trabajos (Humble Pie también va incluido en el precio), pero aliñado con una magia inconfundible.
He hablado también de episodio histórico. Me explico: aunque su éxito fue rotundo en toda Europa -recordemos que fue lanzado en España con notable aceptación, hecho remarcable si tenemos en cuenta que su anterior trabajo, “Frampton” (1975), no se editó por estos lares hasta muchos años después- y en Inglaterra, su patria, fue en América donde resultó más popular. Alcanzó el número uno en Billboard, vendió seis millones de copias y fue elegido álbum del año por la revista Rolling Stone. Además, permaneció diecisiete semanas en el número uno de las listas de éxitos, pulverizando el récord anterior de Carole King. Podríamos decir que aquel año en América no había amante del rock que se preciara que no tuviera este LP. Este hecho se debe en parte a la habilidad de Frampton de mezclar el Rock más clásico -de inequívoco carácter británico- con el estilo americano, más desenfrenado y accesible.
No hay duda de que Frampton eligió muy sabiamente permaneciendo unos años en América y ganándose simpatías ahí. La influencia americana sobre la música europea sería cada vez más potente, y como el mismo Frampton confesó después, la manera de trabajar en América le abrió nuevas perspectivas y le permitió tocar con los más grandes.
Ese sabor americano del que estoy hablando se puede apreciar en canciones como “Baby, I Love Your Way” o “All I Want to Be (Is By Your Side)”, totalmente recomendables. Otros temas a destacar pueden ser la acústica “Winds of Change”, rebosante de feeling, o la conocida “Show Me The Way”. También hay caña y Rock and Roll en estado puro, como “Something’s Happening”, “It Is A Plane Shame” (mi favorita) o “(I’ll Give You) Money”. Finalmente, “Do You Feel Like We Do” convierte lo que habría sido un buen disco en algo eterno. El uso de la “Talk Box” pone la guinda en el pastel.
El sonido del disco es muy limpio, con intervenciones constantes del público y del mismo Frampton. Así pues, la producción es correctísima, dando espacio al bueno de Peter para hacer lo que mejor sabe.
Es posible que más de uno encuentre la música de Frampton sencilla y facilona, poco innovadora, y que diga que este disco lo tiene hasta la portera de tu casa (siempre que tenga más de cuarenta años, claro), pero eso no quita que se trate de uno de los más grandes. Por su valor histórico, imprescindible.
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Jaume «MrBison»
