Quiet Riot era una banda del montón. Creada por el vocalista Kevin DuBrow, había sacado dos discos al mercado llamados Quiet Riot I y Quiet Riot II. La poca imaginación empleada en ponerle título a los discos era similar a la utilizada en las composiciones, con lo que su fracaso comercial estuvo plenamente justificado. Lo único reseñable era la participación de un joven guitarrista llamado Randy Rhoads. Únicamente para coleccionistas.
A finales de 1980, Ozzy Osbourne sale tarifando con sus compañeros de Black Sabbath y forma su propio grupo, llamando a filas al joven Randy Rhoads. Esta circunstancia, lejos de acabar con Quiet Riot, fue el principio de su éxito.
Kevin DuBrow pensó que era hora de darle un vuelco al grupo. Así no iban a ninguna parte y había que dar un golpe de timón. Como bajista siguió confiando en Rudy Sarzo, ya había participado en QR II, y ya tenía pensado reemplazar al batería, recayendo en Frankie Banalli la responsabilidad de aporrear los tambores. El problema era sustituir al gran guitarrista huido. Para ello reclutó a un desconocido “hacha” de origen cubano llamado Carlos Cavazo, todo un descubrimiento.
Con la banda totalmente reestructurada, había que cambiar el rumbo de las composiciones. Se acabaron las rarezas, los devaneos y las nuevas canciones iban a ir directamente al grano. Quiet Riot estaban dispuestos a comerse el mundo.
Aprovechando la similitud en el timbre de voz entre Kevin DuBrow y Noddy Holder, cantante de Slade, se pensó en utilizar una versión de éstos últimos para darse a conocer. La decisión resultó ser totalmente acertada y aquel “Cum On Feel The Noize” atronó los oídos de medio mundo (el medio mundo rockero), apoyado en un video-clip muy bien hecho que se pasó por las televisiones, incluida una TVE que en los ’80 tenía por costumbre regalarnos con algunos minutitos de gloria televisiva.
El disco está lleno de grandes temas llenos de energía, con estribillos pegadizos en el que los coros, muy presentes, aúnan potencia y comercialidad bien entendida. La base rítmica formada por Banalli y Sarzo lleva al grupo en volandas, y sobre todo destacan los solos de Carlos Cavazo plenos de energía y técnica.
El disco contiene verdaderos himnos como “Slick Black Cadillac” o “Breathless”, aunque el resto de canciones no desmerecen en absoluto. Incluso hay lugar para un solo de guitarra bautizado como “Battle Axe” de Carlos Cavazo, uno de los triunfadores del disco.
Estamos en los ’80, y ningún disco de Hard Rock se puede despedir sin una balada. Y este disco no podía ser menos. “Thunderbird” cumple con brillantez su cometido. Ternura y unos coros que, como en el resto del disco, nos hacen quedarnos afónicos.
Este disco es, por derecho propio, uno de los grandes de la década gloriosa del Rock Duro, los ’80. Tras él, el grupo editó otro gran disco, “Condition Critical”, y a partir de ahí, la cuesta abajo: Discusiones, desbandadas, un par de intentos de reunión….
En estos días, la formación mítica de este Metal Health nos visita. Esperemos que estén a la altura de su leyenda. En esta misma página, un buen amigo, libreta en ristre, os contará si lo consiguieron.
Santi Fernández «Shan Tee»
