Cada etapa de Rush se ha cerrado con un disco en directo. La primera, muy experimental y a caballo entre la admiración y el rechazo a la histérica voz de Geddy Lee, tuvo su broche de oro en 1976 con “All The World’s A Stage”. En 1977, en pleno apogeo del Punk y de la pasión por lo simple y provocador, Rush se desmarcan con un disco que sirve de transición hacia su etapa más creativa y progresiva, y publican “A Farewell To Kings”, uno de los LPs más celebrados de su discografía.
De concepto mucho más ambicioso, los temas del disco modelan la voz de Geddy Lee y la llevan hacia terrenos más melódicos y menos chillones, en los que la instrumentación gana terreno a la lírica y cada instrumento entra en una especie de espiral por conseguir sonidos que en nada se parezcan a lo anterior. Las armonías son cada vez más complicadas, y van acompañadas de una producción más cuidada y nítida, sustituyendo la energía bruta por un refinamiento estilístico que aún permanece hasta hoy, 30 años después, como seña de identidad clara del grupo.
No es que en los discos anteriores no se cuidara este aspecto, es que con este disco entraron en el “más difícil todavía” que abandonaron definitivamente en su siguiente etapa, justo tras el siguiente directo “A Show Of Hands”, en la que mantuvieron las constantes vitales y decidieron dejar madurar el producto.
“A Farewell To Kings” contiene algunos de los clásicos incorruptibles del grupo, como la impresionante “Xanadu”, una composición de 11 minutos en la que los arreglos de teclado llegaron a encrespar a más de un fan histórico, pero que supuso una especie de manual para muchos grupos progresivos posteriores. 
Se incluyeron también temas cortos que recordaban a lo que hacían de vez en cuando gente como Yes, por ejemplo “Closer To The Heart” o “Madrigal”, alguno más correoso y guitarrero para no olvidar la etapa anterior, como “Cinderella Man”, la experimental “Cygnus X-1”, una especie de banda sonora de película de ciencia-ficción llena de detalles, y también el tema-título “A Farewell To Kings”, quizá el corte que mejor engarce las dos épocas, un puente entre el pasado y el futuro que se inicia y termina con guitarras clásicas, como tapas de un contenido más complejo y arriesgado que lo que hacían sus contemporáneos, cuya siembra dio sus frutos, en forma de reconocimiento, bien entrada la siguiente década.
“A Farewell To Kings” fue el disco del despegue, el del inicio de la etapa más productiva del grupo en cuanto a ideas y buenos discos. Y lo que es el arte, 30 años después todavía sigue siendo “disco de consulta” para los nuevos valores del progresivo.
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Alvar de Flack
