RUSH “Moving Pictures” (1981)

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rush_movingpicturesEn el momento en el que me siento a hacer el comentario de este disco estoy de nuevo en una etapa, de esas cíclicas que todos tenemos, en la que te tiras una temporada escuchando cosas que hace tiempo no oyes. Concretamente me estoy re-empollando los discos de Rush y se me hace difícil elegir uno para empezar a contar cosas de la música de este trío de malabaristas.

Rush, como la mayoría de los grupos que prolongan su vida durante bastantes años, pasaron por varias etapas. La primera de ellas, la de los primeros 70, es sensiblemente distinta a la de los 80 o a la última, más influenciada por los sonidos externos que en otras ocasiones, pero sin existir entre ellas un cambio brusco. La primera etapa se caracterizaba por la búsqueda del sitio en la escena, sonidos que querían ser impetuosos como su nombre, a medio camino entre los sonidos más brutos de la época y las armonías más progresivas, con la voz chillona de Geddy Lee que -afortunadamente- fue reeducando hasta convertirse en lo que es hoy, aguda pero madura.

La segunda etapa, desde mi punto de vista, empieza con el “A farewell to kings” de 1977, caracterizada por la complejidad musical, letras futuristas y temas largos, sin poder encasillar su música dentro del heavy convencional, pero sí mezclando el hard rock progresivo con los sonidos sinfónicos más clásicos. Se podría decir que esta etapa se prolonga hasta el “A show of hands”, doble directo de 1989 que recoge lo más “granao” de esos aproximadamente 10-12 años.

Pero centrándonos en el “Moving pictures” de 1981 es, quizá, el disco más duro si es que cabe esta palabra, de esta etapa de Rush. “Tom Sawyer” es la pieza que inicia esta virguería de obra. Tema complejo de estructura indefinida que pasó a convertirse en un clásico dentro de su carrera, inevitable en cualquier directo. “Red Barchetta” es de los temas de Rush con menos arreglos de teclados en esta etapa, aunque esto de las teclas nunca ha sido parte protagonista en la música de Rush, siempre han servido de papel donde dibujar las melodías y los ritmos.

“YYZ” es un tema instrumental, con unas partituras realmente intrincadas, el bajo ligeramente saturado y muy presente, la batería totalmente definida y la guitarra con una leve distorsión, nada heavy, características identificativas del sonido Rush. La parte central del tema podría ser perfectamente la sintonía de cualquier programa de TV de la época. “Limelight” tiene unas guitarras algo más hard, mezclando riffs heavies con arpegios de guitarras limpias que facilitan el que las melodías de la voz sean algo más suaves en estas partes, aunque realmente la voz no es agresiva. En esta canción Alex Lifeson y su guitarra son los protagonistas, y no es que sea un virtuoso de su instrumento, al menos con el concepto de guitar-hero que tenemos actualmente, pero sí sabe sacarle sonidos y ritmos que le dan al grupo el empaque que necesita. Algo así como lo que hacía Andy Summers en Police. Siempre me han parecido estilos similares.

“The camera eye” es el más ‘Pinkfloydiano’, comienza con unas teclas con mucho efecto también made in Geddy Lee (bajista, teclista, cantante y compositor, todo a la vez incluso en los directos). El tema de los efectos en Rush es también digno de atención, ya que todos los instrumentos están tratados y cuidados con mucho mimo en lo que al sonido se refiere. Este es un grupo que realmente se preocupa por su sonido y este tema es un claro ejemplo. No solamente se trata de que exista nitidez en la producción, sino que no se “enguarrine” el sonido por una sobredosis de delays, chorus y otros, es decir, cada cosa en su sitio. Y es que hay que aprender a escuchar, como decían Leño allá por 1979. Apreciar el trabajo que hay detrás de una canción es cuestión de educación del oído a base de mucha práctica. Al menos, la gente que se preocupa por su sonido lo agradecerá, y el oído del que lo escucha también. Por lo demás es un tema sinfónico en el más estricto sentido de la palabra, construido a base de unir partes, cortes de precisión relojera y desarrollos largos de cada parte con reminiscencias de las anteriores.

Parece increíble que solo tres músicos sean capaces de reproducir todo esto en directo pero es así. Neil Peart, batería y letrista del grupo es el encargado de disparar determinados sonidos pregrabados, pero no es un grupo que necesite samplear nada, Alex Lifeson y Geddy Lee tienen sendos teclados a la vez que cantan y tocan el bajo/guitarra (me remito al vídeo “A show of hands” de 1989, por ejemplo), y son capaces ellos solitos de reproducir lo que graban en el estudio (Al principio los llamé “malabaristas” y quizá me quede corto).

“Witch hunt” es otro de sus clásicos, muy pomposo por la sucesión de acordes, como lo explicaría sin pasarme de pedante… algo así como el “Kashmir” de Led Zeppelin, sin ser tan largo como éste, pero de los que genera un ambiente de misterio y grandiosidad a la vez. Termina el disco “Vital signs”, que sigue la línea homogénea de la obra aunque algo más standard, no tan sinfónico.

En definitiva y resumiendo, música hecha con el ánimo alevoso de complicarse la vida y demostrar al personal como se puede conjugar sensibilidad y técnica, arte en definitiva. Creedme, este es un disco de 10 sobre 10.

Salud.

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Alvar de Flack