Erol Sora es un guitarrista/cantante canadiense que ha trabajado en proyectos de innumerables músicos conocidos, gente de Black Sabbath, Foghat, Survivor o Quiet Riot, aunque se le conoce básicamente por ser el guitarrista del grupo del ex-cantante de Uriah Heep John Lawton (Lucifer’s Friend y John Lawton’s Band).
Tras la separación de la John Lawton’s Band, a finales de 2004, Erol Sora se decidió a montar su propio grupo y a publicar sus canciones, así nació “Demented honour”, su primer trabajo en solitario, grabado en Vancouver con músicos locales, como el bajista Kevin Dahl, el batería Lance Chalmers y los teclistas Gregory McDonald y Louise Porter, todos procedentes de grupos poco conocidos por estos lares.
Según el propio autor, su disco le gustará a los amantes de grupos como Bad Company, Deep Purple, Kiss o Thin Lizzy. Yo coincido en parte con él, aunque su estilo no es parecido a ninguno de los citados en concreto, sino más bien una especie de mezcla, un Rock and Roll áspero, más Hard que Heavy, que toma elementos de los antes citados con el añadido de poseer la melodía suficiente para hacerse apto para todos los oídos.
Es bastante irregular, con algunos momentos de gran lucidez entre otros más mediocres, no solamente entre canciones, sino también dentro de ellas. Es como si la idea principal de cada tema se hubiera desarrollado de forma incontrolada, teniendo que alargar unas canciones cuyo estilo exige menos tiempo (ninguna baja de los 4 minutos), y cuyas melodías a veces terminan divagando y perdiéndose en terrenos en los que, bajo mi modesta opinión, no debería entrar. Ejemplo de esto puede ser “Highway to nowhere”, en la que he estado en tensión permanente mientras la escuchaba por ver hacia donde tiraba la voz, con varios puentes distintos entre el fraseo principal y el estribillo que la hacen excesiva e innecesariamente larga.
Estoy seguro de que esa falta de madurez en el estilo y las composiciones se solucionarán con el tiempo, porque este tío es un gran músico. De hecho también hay canciones realmente buenas, como “Rain”, preciosa balada que cierra el disco, “Along the way” o, sobre todo, “One way ticket”, dos temazos estos últimos de Hard Rock setentero con unas melodías muy acertadas y magníficos solos. Otros cortes son más cañeros como “Broken dreams”, o menos energéticos como “NYC” o “Piece of paper”, dos buenas piezas semi-acústicas.
Es un disco que gana con las escuchas, que tiene un sonido más que aceptable y que gustará, sobre todo, a los amantes del Hard Rock más clásico, aunque creo que será difícil verlo en las tiendas de por aquí.
Alvar de Flack
