Que nadie se mueva. Respira, cuenta hasta diez, piensa, piensa… ¡coño! ¡Eric Burdon!, ¡el de los Animals!
Juer, Eric Burdon, su nombre se dice rápido, probadlo. Pues no lleva tiros pegados el amigo secuoya. Tenemos grabada su magnífica voz “negra” en la sesera gracias a la versión que hicieron del “The House of the Rising Sun”, temazo con el que consiguieron desbancar de las listas a los intocables Beatles y comenzar a convertirse en leyenda, hace tiempo ya, en el transcurso de 1964.
En 1968 y tras varios movimientos en la banda, entra con el bajo (valga la “rebuznancia”) bajo el sobaco Andy Summers que, a parte de no tener nada que ver con Los Hombres G, fue el detonante de que The Animals tras grabar “Love is” llegara a su fin, ya que decidió cambiar el bajo por la guitarra y junto a un tal Gordon Mattew Summer, que tampoco tiene nada que ver con Los Hombres G, y que más tarde respondería por Sting, deciden formar una de las grandes, The Police.
Recién entrados los setenta, Eric Burdon deja The Animals y forma otra de las míticas bandas de los setenta, War, dejándose llevar por los sonidos psicodélicos de San Francisco a los que suma su personalísima voz llegando a componer temazos como por ejemplo “Tabacco road”.
Unos años más tarde formaría The New Animals, la Eric Burdon Band y The Flying Eye Band con las que fue cosechando pequeños éxitos y aguantando en la escena.
Veinte años más tarde regresa con este “My secret life”, título del tema de Leonard Cohen y del que Burdon hace una excelente versión cerrando el disco.
Qué mejor manera de empezar un disco que con un tema titulado “Once upon a time” tema de la banda Blackwater Surprise de Robert Bradley. Emociona escuchar su voz de nuevo y contrastarla con la que tenemos grabada a fuego en la memoria, da hasta morbo; una voz más madura claro, pero denota el mismo amor por la música que tenía hace treinta y tantos años. Sí, este tío ama lo que canta, se apodera de las letras, se las traga y las canta desde dentro. Es lo más parecido a un vómito, temas como la original “Motorcycle girl” o “Jazzman” que nos da un paseo por los humeantes “garitos” de un añejo y negro Broadway, por ejemplo, son la prueba.
El trabajo está salpicado por diferentes estilos mezclados entre si, desde el Bluesy, el Jazz, el Rock… hasta el Ska de la cinéfila “Black and white world” con la que es inevitable dejar de mover los pies, ni clavándolos con puntas del ocho, oye. El trabajo de los coros femeninos es impecable y están puestos en el lugar idóneo, “Over the border” el tema más rockero del LP puede dar fe de ello. “The secret” os recordará en sus cinco primeros segundos al “Ratamahatta” de Sepultura; pasado el deja vú, jeje, la voz de Burdon se me asemeja a la de Mick Jagger a ratos, una delicia de tema regado por sentidas réplicas de trompeta.
Tenemos de todo, “Highway 62” cuenta sus idas y venidas pasando por ese sagrado lugar en los kilómetros de carretera que lleva a sus espaldas, armónicas y sonidos sureños le acompañan. Con “Can’t Kill The Boogieman” os vendrá inmediatamente a la memoria el maestro John Lee Hooker. Incluye también otra versión del tema de Talking Heads, “Heaven”, que Burdon hace suya; en esta ocasión sus principales acompañantes serán los coros y el piano, Smooth Jazz del bueno.
Trece temas en total, todos distintos, todos con algo que contar. Qué esperar de un personaje que ha estado metido y ha participado en el meollo de esto que llamamos Rock, codo con codo con los más grandes como los Rolling Stones o The Beatles entre muchos. Pues yo esperaba mucho menos, la verdad, quizá por eso el disco me ha entrado así de bien, o quizá sea que Eric Burdon ha vuelto y me apetezca dejarlo bien claro.
Tres escuchas han hecho falta para engancharme al disco de por vida. Clásico potencial.
Didac “Crucificado”
