El mundo de la música es un continuo bucle, se empeñe quien se empeñe en negarlo y en vender autenticidad a raudales con el único interés de aumentar visitas que te den pasta a través de la publicidad o vender más revistas. El Heavy Metal está de moda –de moda entre los seguidores del género, no nos engañemos, que a nivel mainstream sigue tan marginal como siempre- y eso produce un efecto llamada que hace que bandas con ideas buenísimas tengan su oportunidad, pero también abre la puerta para otras faltas de imaginación y con el talento atascado en la salida del cuentagotas.
Entrando en sitios especializados y con las facilidades que se ofrecen ahora para conseguir grabar –otra cosa son los resultados-, puedes comprobar la cantidad de bandas de Heavy Metal que se lanzan a la carretera, a repartirse un pastel para el que no hay tantos comensales como raciones pretenden ofrecer, y quizás va siendo hora de ir separando lo bueno de lo malo antes de que llegue el colapso que mande al final de la fila al Heavy Metal como ya pasó en tiempos anteriores.
Pero afortunadamente, como decía antes, este overbooking también abre puertas a bandas de un nivel inmenso, como es el caso de estos canarios llamados Esclavitud, que se han marcado un discazo alejado de los tópicos del doble bombo o del Heavy ochentero a más no poder, para ofrecer un disco agresivo, fusilándote a base de riffs cargados de rabia y a la vez de una técnica excelente. Aquí se dan la mano la potencia de las bandas metálicas junto a las ideas y desarrollos de otras más interesadas en mostrar sus habilidades, Esclavitud se mueven en los parámetros de unos Queensryche más agresivos, con un vocalista que se mueve entre los afilados riffs y los trabajados solos.
Diez temas en el que se combinan perfectamente melodía y tralla, temas largos y desarrollados pero que a pesar de su extensa duración nunca llegan a hacerse pesados porque no te dan tregua ni un solo minuto. No voy a recomendar ningún tema, voy a recomendar que escuchéis el disco entero, porque discos así me hacen mantener mi más que quebrantada fe en el Heavy Metal.
Carlos T.
