¿Qué hubiese sucedido si Julio Castejón hubiese nacido en USA, Inglaterra, Alemania…?, pues seguro que sería reconocida su valía como músico como se merece. Pero el grandioso músico nació en España y es característico en este país que no se reconozca la trayectoria de años y años de buen hacer a través de la música (= cultura) y hoy estás en lo alto y mañana nadie se acuerda de ti. Y más en el Rock patrio. Por cierto, ¿cuántos medios de prensa rockera especializada acudieron y dieron información de lo que sucedió aquella noche?… ejem, ejem.
Si Asfalto se merecieron mucho más en su época y tristemente las nuevas generaciones poco se interesan por el gran legado dejado por la fantástica banda madrileña, hablar hoy en día de Julio Castejón a la mayoría de la gente es como si le hablaras de un desconocido… ¡¡¡aaaaaayyyyyy!!! (gran suspiro y pena a la vez). Pero el que fuera en su día guitarrista, voz y compositor de la añorada, por algunos, banda madrileña, ama la música y aunque con menos repercusión sigue componiendo y embarcado en un proyecto junto a Los Trípodes: Paco Benítez (guitarra), Eduardo Kinderman (bajo y voces), y Tony Sánchez (batería=.
Así que tras estar una larga temporada sin actuar esta noche era su puesta de largo de nuevo en los escenarios. Ni mucha ni poca gente nos reunimos ese viernes noche en la acogedora sala madrileña (coincidía con un largo puente), la suficiente gente (por allí estuvo Enrique Cajide entre otros) para deleitarse con una noche mágica de recuerdos, vivencias del pasado y actualidad con canciones nuevas y de antaño, que para muchos ya forman parte de la banda sonora de su vida.
Faltando escasos minutos para que dieran las once de la noche Julio modestamente presentaba el nombre de la formación y tras “un, dos, tres” empezaban a desplegar la magia de épocas pasadas con “Déjalo así”. Colaborando Paco Benítez en los coros, como así hizo durante la velada. En la parte final del tema los dos guitarristas juntos. Enorme ovación al acabar la canción.
Julio dejaba su Gibson negra y con una gran sonrisa que no se le borró en toda la noche se dirigía al respetable comentando que hacía dos años que no tocaban en directo y que iban a tocar nuevas y viejas canciones. De aquellas sonaba “Vidas paralelas”, con Julio a los teclados y cierto sabor a Asfalto. Me imagino que formará parte del segundo disco de Julio Castejón y Los Trípodes.
Se respiraba buen ambiente entre el público y más aún entre los músicos, dirigiéndose en tono cachondo el bajista Eduardo desde la izquierda al guitarrista Paco a ver si le oía, jajaja. Continuaron con otra composición de reciente factura, “El corazón de la manzana”, que me pareció muy buena y con un gran trabajo de guitarra y de batería.
Se colgaba de nuevo Castejón la Gibson negra y dedicaba una pieza del último disco de Asfalto (“El planeta de los locos” – 1994) a Paco Palacios (que estuvo con Miguel Ríos en su “Rock and Rios”), la preciosa “Espera en el cielo”, cargada de sentimiento y una de las mejores piezas de aquel disco que para mi es uno de los mejores trabajos de los de la capital y que no tuvo la repercusión que se mereció.
Turno para el primer disco de J.C y Los Trípodes, “¿Hay alguien ahí?” (2000), con el tema que trata del problema de que muchas parejas se rompan (como así comentó el vocalista), “Lo puedo hacer sin ti”. Canción muy rockanrolera, con las voces de los guitarristas y apoyando también Eduardo, que lo hizo más veces a lo largo del concierto.
Un pequeño paroncillo y alguien del público adelanta la letra del siguiente tema, con inicio de las teclas y Julio preguntando si sonaba a Marruecos y aires de aquellas tierras tenía, “Prohibido llorar”, con sonido muy atmosférico también y turnándose apoyando la voz unas veces Paco y otras Eduardo. Al final decía que era un canto a la esperanza.
En “La voz de la mañana” durante el solo de Paco Benítez, Julio desde su teclado miraba con cara de asombro muy graciosa y es que no sé de donde procede el guitarrista pero dio aquella noche una sobrada lección de buen gusto tocando, al igual que los otros dos músicos, Eduardo y Tony. Julio se ha sabido siempre rodear de excelentes músicos. La gente acompañó con palmas el tema.
Unían la anterior con “El hijo de Lindberg”, pelos de punta durante su interpretación. Finalizada Julio comentaba que era la primera vez que la tocaba en directo y se arrepentía de no haberlo hecho antes, porque era bonita. Al músico se le veía disfrutar mucho en escena y es que se nota que adora lo que hace y le sale del corazón.
Recordatorio de nuevo del disco debut del reciente grupo con “Héroes anónimos”.
Tras un pequeño respiro y colocar taburetes en las tablas se colgaban las acústicas Julio (su joven hijo le tuvo que pasar una púa, comentando chistosamente que se conocían, jajaja), Paco y Eduardo y pasaban a uno de los momentos más emotivos de aquel viernes y es que se inundó aquello de magia. Castejón decía que iban a tocar unas canciones como nacieron. La gente embargada de recuerdos y con mucha emoción comenzaron a hacer palmas para “Ya está bien”.
Julio nos seguía comentando anécdotas de los principios del grupo, sobre el local donde ensayaban, una carnicería en Eugenia de Montijo en Carabanchel, cuando Lele hizo algo así (explicándolo con la acústica) y él le siguió…. “Rocinante”. Cantándola el público y en uno de los momentos que cantábamos Julio se ríe, como muestra de afecto y agradecimiento de los que estábamos allí.
Comentaba el vocalista que “a pesar de los años la letra tiene algún sentido”… y tocaban “Nadie ha gritado”, enlazándola a “La otra María”, que graciosamente Julio para al comienzo porque dice que la van a hacer en su tono y así lo realizan. Sin parar “Nada que decir” y antes de la siguiente dice “mira qué curioso esto”, haciendo “Joven ruso”, “No se puede volar”, con excelente apoyo a las voces de Paco y Eduardo y concluían este fabuloso bloque acústico con “Molinos de viento”. Babas colgando, señores y señoras, de escuchar estos temas en vivo, aunque no fueran enteros.
Paco se colgaba una guitarra con cuerpo especial y Julio se colocaba a las teclas, con algunos problemillas de micro al principio para “El mismo sol, la misma duda”, diciendo al concluir que era nueva y que agradecía la escucha.
Ahora Julio se colgaba una gran Gibson, comentando que llevaba 30 años con ella, para hacer el rocanrolero “Maldita amada”.
Volvía a la oscura Gibson, con algún pequeño problema con el cable y tocan la genial “Es nuestro momento”, encasquetándosele la voz al principio. Presentaba a la banda: Paco Benítez un monstruo, Eduardo Kinderman el bajo más alto y Antonio Sánchez, Tony que busca novia, jejeje. Continuando con el tema, cantando la gente, punteando Julio y juntos él y Paco haciendo las melodías de guitarras, slap de bajo, final a tres voces (¡maravilloso!) y concluyendo un poco pasadas las 00:30. Grandiosa ovación.
Regresaban a los tres minutos con “Condición genética”. Esa noche no podía faltar uno de los temas más emotivos de Asfalto y de aquel día, “Días de escuela”. Julio comenzó a los teclados y el público acompañando con palmas, cantando……increíble…y un final apoteósico. Nombrando Paco a Julio (yo añado el gran maestro). Volvían a retirarse a las 00:45.
Pero no nos conformábamos con lo escuchado y visto y queríamos más, así que para saciar nuestra hambre auditiva de buena música tienen que volver tras dos minutos. Diciendo Julio sonriendo que los íbamos a hacer llorar y que era increíble el recuerdo al grupo (Asfalto) que no sale en televisión ni radio.
Cerraban con una anterior, “Canción para un niño”, con Julio con acústica a solas, y una actual, la que abría el disco del 2000, “En busca del tiempo perdido”. Saludando al final los cuatro músicos con unas amplias sonrisas.
Y así, cerca de la una de la madrugada se terminó aquella noche tan especial para mi y para los que allí nos dimos cita. Simplemente decir: ¡Gracias Julio por seguir ahí, sigue así!.
Texto y fotos: Starbreaker

