El cartel era sumamente atractivo para aquellos que ya tenemos cierta edad y que vivimos con pasión aquellos ya lejanos años en los que el Rock irrumpía con fuerza en España.
Para los más jóvenes, deciros que Jorge García Banegas es un grandísimo teclista uruguayo que se hizo un nombre en España en los 80 y finales de los 70 por ser parte integrante de Asfalto a partir del segundo disco (“Al otro lado”). Además, su carrera musical es destacable por su proyecto llamado Tragaluz, en el que se mueve entre la fusión y el rock sinfónico, destacando una trilogía llamada “Sinfonía Virtual”, compuesta por tres discos (“Agua”, “Fuego” y “Aire”) que afortunadamente ronda por mi casa.
El creciente movimiento en torno a Asfalto que se está produciendo en España, producido en parte por el auge de Internet como medio de contacto entre antiguos fans que nos habíamos quedado aislados unos de otros, y sobre todo por el buen hacer del proyecto en solitario de Julio Castejón y sus Trípodes, ha hecho que este concierto especial organizado por Jorge García Banegas creara unas expectativas que habrán sorprendido a más de uno.
El concierto en sí estaba orientado a repasar su amplio abanico musical, aderezado con algunas apariciones estelares de músicos invitados de Asfalto, Burning y Barón Rojo. Aunque, como veremos más adelante, las cosas no siempre salen según se planean.
El recinto donde se celebraría el concierto era sencillamente perfecto: el Coliseo de Cultura de Villaviciosa de Odón, un pueblo muy cercano a Madrid. En él se encuentra el Auditorio Teresa Berganza, con capacidad para 700 personas (asientos numerados) y con unas condiciones de comodidad, visibilidad y acústica inmejorables. Además, el bajo precio de las entradas (3 €) hacía que la cita fuera inexcusable.
Mientras accedía a mi localidad me fui fijando en el público que se había acercado hasta allí. Como era de prever, la media de edad era bastante elevada, lo que no impedía ver algunas melenas de jóvenes rockeros, en algunos casos incluso acompañados de sus padres. No sé yo quien disfrutaría más.
A la hora prevista se apagaron las luces, se abrió el telón y lo único que se podía ver era una enorme pantalla de cine donde se empezaron a proyectar bucólicas imágenes subjetivas de un tren en movimiento, mientras se empezaron a escuchar los inconfundibles teclados de Jorge Gª Banegas. Se trataba del “Concierto en llamas”, perteneciente a la Sinfornía Virtual. Las imágenes iban cambiando al ritmo único del piano de Banegas, pasando a mostrarnos ballenas en alta mar mientras la música iba tomando más protagonismo. Finalmente acabó la proyección, se retiró la pantalla y se dejó a la vista el amplio escenario donde iba a tener lugar el concierto.
No estábamos presenciando un concierto habitual, sino un espectáculo en el amplio sentido del término, y eso se demostró plenamente a continuación, cuando música y poesía se dieron la mano. El poeta Jorge Cabrera salió a escena a recitar un poema llamado “Cópula de fuego”, acompañado suavemente por el piano de Banegas.
Tras la poesía, el resto de músicos que iban a conformar la banda esa noche fueron ocupando sus lugares. Rápidamente me fijé en el bajista, el único cuya cara me era conocida. Se trataba de Guni, bajista de Asfalto en gran parte de su carrera. Con la banda en escena, siguieron repasando la Sinfonía Virtual, en este caso “El valle superviviente”, al que siguió otra poesía llamada “La tienda”. Hasta ese momento, el cauce del concierto iba por unos derroteros muy tranquilos, pero poco a poco se iría animando. Los siguientes temas interpretados, “Vuela a mi galaxia”, “El día que ella quiera” y, sobre todo, “Canción para mi muerte”, un grandísimo tema que merecería un éxito masivo, terminaron de engancharme. La banda se mostraba muy competente, la inclusión del saxo de Pedro Ontiveros le daba un toque especial al sonido que surgía del escenario, y para terminar de redondear el sonido, una voz masculina y otra femenina le terminaban de dar el brillo necesario a las canciones, tanto en su parte solista como en los acertados coros que realizaban. Y cual no sería mi sorpresa al saber que el joven y brillante cantante que teníamos delante era Jorge Banegas Jr. Desde luego, demostró poseer una gran voz y un buen feeling, aunque sus movimientos en el escenario eran un poco torpes. Nada que con un poco más de experiencia no se pueda corregir.
Para el siguiente tema, Jorge presentó a un invitado especial. Nada más y nada menos que Miguel Oñate, cantante de Asfalto en los grandiosos “Más que una intención” y “Cronophobia”. Yo no había tenido oportunidad de ver a Oñate en ninguno de sus conciertos en solitario que suele dar en pubs madrileños, pero tenía buenas referencias suyas. Un poco pasado de peso y con su misma melena rizada de hace 20 años, se plantó en medio del escenario. Para mi júbilo y el de muchos de los presentes, presentaron un tema de Asfalto: “Tiempo gris”, perteneciente a “Más que una intención”. Bastó la primera estrofa para darme cuenta de que Miguel Oñate sigue teniendo su privilegiada voz, plena de potencia y sentimiento, y su sola presencia en el escenario es capaz de acaparar todas las miradas, es algo innato en él. El tema sonó mucho más orquestado que en su versión original, y la aportación del saxo no pudo ser más acertada.
Afortunadamente, cuando acaba el tema Oñate permanece en el escenario para seguir formando parte del grupo. Caen más canciones: “Navegar es preciso”, “Autopista al Arco Iris” (preciosa) y “A pulmón lleno”, todas ellas pertenecientes a la carrera en solitario de Jorge Banegas, combinando con acierto fusión y rythm & blues.
Jorge se disculpa porque todos los invitados que estaban anunciados en el cartel no habían podido asistir. Hermes Calabria había tenido un accidente y estaba convaleciente, Kacho Casal tenía un concierto con Burning en Cáceres ese día, y Sherpa andaba entre el público, pero no se subió a tocar.
En el siguiente tema, “Cerrando círculos”, Miguel Oñate aparece con una gran gabardina y un sombrero que le tapa casi por completo, y no canta, sino recita a toda velocidad el hilarante texto de la canción.
Para terminar esta fase del concierto, Jorge presenta “Suda América”, dedicada a la mayoría de países sudamericanos que estaban bajo dictaduras en los años ’70, fecha de la composición.
Tras este alegato a la libertad, llegó uno de los momentos que más estábamos esperando. El grupo abandona el escenario y, con unas palabras emocionadas, Jorge presenta a Julio Castejón, compañero y amigo durante tantos años. Julio sube al escenario entre unánimes aplausos, y se sitúa, guitarra acústica en mano, en un taburete preparado al efecto. Acompañado por los teclados de Jorge y la batería de Antonio Sánchez (Trípodes), se dispone a dar comienzo a un anunciado medley acústico.
Dos acordes bastaron para reconocer el primer tema, y al tercero yo ya estaba emocionado: “Canción para un niño”, casi ná!! El sentimiento que Julio desprendía, y que nos llegaba a los presentes, no sólo se sentía, literalmente se palpaba! Estábamos todos rendidos ante lo que estábamos escuchando, pero no contento con ello, Julio paseó su triunfo sobre nuestras almas, encadenando “Nadie ha gritado”, “La otra María”, “El hijo de Lindberg” y “El viejo”. Yo me sentía levitar por tal derroche de sentimiento. Al acabar su actuación, Julio se levantó de la silla, y nosotros de nuestras butacas para agradecerle con una ovación en pie los minutos de gloria que nos había regalado.
El concierto estaba llegando a su fin, y para cerrarlo, qué mejor que una de las canciones más emblemáticas de Asfalto: “La paz es verde”, con todo el grupo en el escenario, pero sin Julio (lástima, hubiera sido una ocasión memorable de ver de nuevo a Castejón y Oñate compartiendo escenario). El tema suena fresco como si se hubiera compuesto ayer, y la potente voz de Miguel Oñate no falla ni por un momento. El que sí falló fue Jorge, que quizás por la emoción adelantó la parte intermedia, solapándose con el solo de guitarra. Afortunadamente pronto se dio cuenta del error y el tema siguió hasta el final sin perder su emoción. Curiosa la cara del guitarrista cuando “ahora sí” le tocaba hacer el solo a Jorge. Lo que se perdió en pulcritud se ganó en camaradería.
Con este brillante broche de oro se ponía punto final al concierto. Jorge da las gracias a todo el mundo por acudir a la cita, y en ese momento Miguel Oñate coge el micrófono y expone su opinión sobre a quién no se debería votar (dos días después eran las Elecciones a la Comunidad de Madrid). Fue una fea manera de romper la magia, ya que no era ni el momento ni el lugar para ponerse a hablar de política.
Los músicos se retiran del escenario, y los espectadores de edad más avanzada se lo creen y empiezan a abandonar el recinto, pero una mayoría de público nos quedamos pidiendo más. Tras insistir un poco, los músicos vuelven al escenario, y Jorge comenta que van a tocar una canción de uno de los grupos que es culpable de su dedicación a la música. Comienza a sonar… “Hey Jude”!!!! Se oye un griterío de aprobación al reconocer la maravillosa canción de los Beatles, cantada impecablemente por Miguel Oñate y coreada por todo el auditorio. La parte final, de letra fácil (na, na, na, na…) es cantada por todo el público puesto en pie, y con todas las luces de la sala encendidas, creando una imagen que no se me borrará fácilmente. Mientras canto extasiado, miro a mi alrededor. Personas de avanzada edad, jóvenes rockeros, ejecutivos con corbata… todos cantando al unísono y con una enorme sonrisa en los labios. Tres filas delante mía, un hombre cercano a la cincuentena da palmas en un estado cercano al éxtasis. Me fijo bien y reconozco a Enrique Cajide, batería de Asfalto en casi la totalidad de su carrera.
Desgraciadamente aquello tenía que terminar en algún momento, y cuando eso sucedió, la ovación de todo el público puesto en pie confirmaba el éxito total del evento.
Tras el concierto fui a felicitar personalmente a Julio Castejón y Jorge García Banegas, y metido entre bastidores pude ver la emoción que desprendían.
Ahora sólo espero que el concierto se edite de alguna forma (había una cámara de video grabando), y que se pueda repetir en algún otro momento.
Al día siguiente me esperaba Deep Purple en la Cubierta, y mucho se iban a tener que esforzar para igualar la satisfacción que me produjo esa noche en Villaviciosa.
Texto: Santi Fernández «Shan Tee»
