Sábado de tarde-noche lluviosa, ideal para quedarse en casita, sobre todo si pensamos en lo horrorosamente mal que se oye en ese sitio cualquier evento de estas características. Una vez más, y aunque dije que jamás volvería, donde dije digo volví a decir Diego y allí que me planté aún con los elementos en contra.
El cartel era totalmente absurdo, y quedó demostrado que gente como Amset, que van de un rollo que solo ellos saben, Obús con su heavy macarra con los años depositados en el estómago, y no digamos las horteradas textuales que suelta Vicente Romero, no tienen nada que ver con el hard rock maduro de los abueletes Purple. Ver a esos padres con sus hijos/as flipando en colores (bendita imagen) fue de lo mejor de la noche, y si se hubiera elegido algún telonero acorde con la cabeza, ya hubiera sido tan redondo como el recinto en cuestión.
Hay quien se empeña en meter con calzador a sus criaturas o esperpentos, aprovechando que se va a poner hasta la bandera y que hay que llegar pronto para pillar sitio decente. Al final se les va a volver en contra a unos y a otros, como de hecho ya se está viendo, y si no tiempo al tiempo.
VICENTE ROMERO: LA EXPERIENCIA TIRADA POR EL SUELO
Mientras nos íbamos acoplando en las gradas de la plaza, el “Mariscal” Romero andaba por el escenario presentando unas cuantas canciones más o menos clásicas con su estilo macarrónico-obsoleto-onanista, a modo de entretenimiento previo, haciéndose propaganda a sí mismo y repartiendo revistas entre las primeras filas. Por cierto, que uno de los momentos memorables de la noche llegó cuando alguien desde el público le devolvió el “presente” al escenario. Impagable.
Por favor, que alguien le diga a este sujeto que no hace falta seguir haciendo alarde de vocabulario machista trasnochado, que da vergüenza ajena escucharle, que cambie el discurso y que haga el favor de no ser tan cansino.
AMSET: INSOPORTABLES
Pasaban unos minutos de las 20:00 h.. cuando salió a escena una piara de ¿actores? haciendo el mono, revolcándose por el suelo, llenos de cuernos, harapos, ropas hechas jirones y con más mierda que el palo de un gallinero, escenificando una especie de situación cavernícola sin sentido. Inmediatamente después salió el grupo con pintas similares (o quizá fue al revés, no recuerdo).
No sé si van de Wasp o Twisted Sister a la española, pero más bien parece que quieran desviar la atención a la imagen extravagante en vez de centrarla en la música. Las carencias al oído no se pueden ocultar más que a los ignorantes, y afortunadamente cada vez hay menos, de ahí la indiferencia del respetable.
La música de este grupo es, aparte de lo anterior, aburrida, monótona, sosa e inmadura. Incluso la versión del “L.O.V.E. Machine” de Wasp quedó a la altura de sí mismos: patética. Insisto en que son un aburrimiento de principio a fin. La teatralidad con la que quieren adornar su incompetencia musical no evita el personal se dé cuenta de que es un grupo vacío, que su condición de “apadrinados” no implica necesariamente que lo que ofrezcan sea mínimamente interesante.
Otro detalle que no quiero pasar por alto es la iluminación: los tres cuartos de hora (que se hicieron eternos) que duró su actuación estuvieron iluminados por unos focos azules estáticos, sin cambiar a otros más que en una ocasión en la que se iluminaron los blancos de fondo, es decir, igual de monótono que su música.
La indiferencia del público debe considerarse como un exitazo teniendo en cuenta que ha habido buenos grupos a los que se ha echado del escenario con menos motivos. Ellos por lo menos terminaron de dar la vara en el escenario, la gente estaba demasiado ocupada en buscar sitio sin goteras.
OBÚS: TIEMBLA LA PASARELA CIBELES
Con esto de las pintas unos se pasan y otros no llegan. Obús se equivocaron al mostrarse tal cual. Estarán orgullosos de su aspecto, no digo que no, pero Fortu luciendo tripa cervecera en pantalón corto, botas de boxear y cazadora vaquera fue como una coz en el entrecejo.
Poco después de las 21:00 h., y tras los primeros acordes de “Que te jodan” apareció “la visión” Fortu tal y como lo he descrito anteriormente. Pero por si no había quedado claro que la horterez tiene mala cura con los años, se quita la cazadora y se queda en camiseta de tirantes luciendo el barrigón en todo su esplendor, más o menos como si se acabara de levantar de siesta el día de la virgen de agosto. No se sabía si estábamos asistiendo a un concierto de Obús o de los Mojinos Escozíos. Para llorar.
En lo estrictamente musical, sonó decentemente para el local que era, con un repertorio basado en su último (hasta ese día) disco en estudio “Desde el fondo del abismo” y que fue ganando en intensidad a medida que fue avanzando y destripando clásicos. Por cierto, aprovecharon también para anunciar la salida de su nuevo disco el próximo 17 de noviembre.
“Cualquier día sale el sol” (casi sin guitarra), “Autopista” (llegó sobrado de voz), “Cautivos (garganta rota tras el esfuerzo), “El que más” (Fernando es una claqueta andante), “Marilú”, “La raya” (público volcado), “El crack”, “Siento ganas” y “Esta vida” sirvieron para que la voz de Fortu terminara de estar en forma, y aunque los coros hacían aguas por todos sitios y el sonido de bajo no tenía mucha definición, sonó bastante mejor de lo que a priori podría esperarse. Por cierto, y hablando de bajos, el que tiene forma de hacha aquél que lucía Juan Luis en la portada del “Poderoso como el trueno” y que usaba en su buena época, estuvo todo el concierto apoyado en los amplificadores del fondo del escenario, como si en cualquier momento fuera a ser usado, pero ahí se quedó. Supongo que lo pondrían allí por alguna cuestión amuleto-cabalística o esotérica, porque el pobre fue mero espectador.
La segunda parte del concierto mejoró sensiblemente. “Dame amor” tuvo un sonido horroroso de guitarra (¿por qué no sacaste la Les Paul, jodío?) pero aún así la bordaron, “Pesadilla nuclear” marcó el final de la garganta chillona de Fortu, a partir de aquí se dedicó a cantar en vez de hacer permanentes demostraciones pulmonares, y eso que salimos ganando todos. “Juego sucio” quedó sublime, con la plaza entregada y a esas alturas de la noche ya a reventar, y eso a pesar de que Fortu le atizó con el micro a uno de los platos de la batería mientras hacía el helicóptero. “Dinero dinero” puso la plaza patas arriba y terminaron con “Vamos muy bien” en el cénit de la actuación, haciendo participar al público como en sus mejores noches.
Para el bis dejaron “Prepárate”, con el personal plenamente satisfecho por la última parte del concierto aunque no tanto con la imagen, que deberían cuidar una miaja. Cubrieron con creces el objetivo de calentar el ambiente, y de paso el de traernos buenos recuerdos, y es que se notó que la media de edad de los allí presentes era bastante elevada. Conciertazo en general. Personalmente hacía unos 16 años que no los había vuelto a ver, y aunque las canciones siguen sonando igual de bien, a mí me quedó la sensación agridulce de ver una buena banda dejarse llevar por las facilidades que ofrece el sofá, y tratar de recuperar la imagen de golpe en una noche lluviosa de frío y goteras.
DEEP PURPLE: LA EXPERIENCIA CON ELEGANCIA, DOS VECES BUENA
La espera entre Obús y Deep Purple fue bastante más agradable al no tener que soportar las tonterías del mariscal, y poder escuchar de fondo a Foreigner, Bad Company o Yes mientras comentábamos la jugada el puñao de buena gente que nos juntamos por allí.
Mientras terminaban de acoplarse las miles de personas que faltaban, y con puntualidad británica (23:00 h.), se apagaron las luces y empezó la carrera del “Highway Star”. Un telón de fondo lleno de bananas y bananeros, y los cinco miembros del grupo bien iluminados en un escenario diáfano, luciendo bien sus años sin arrastrar la imagen, con dignidad. Desde el primer momento el público se volcó con el grupo, y éstos felices, con una sonrisa que no perdieron hasta que se volvieron a encender las luces, demostrando que estaban a gusto.
En “Woman From Tokyo” ya le habían tomado la medida al entorno y a los niveles, y “Silver Tongue” la bordan aunque con la voz de Gillan bastante arropada por la música. De “Strange Kind Of Woman” y la siguente “House Of Pain” apenas puedo contaros que sonaron perfectas, por un incidente que luego denunciaré y que no nos dejó ver el concierto tranquilamente.
Tras “Lazy” fundieron con la instrumental del último “Contact Lost” (la expectación por ver como se desenvolvería Don Airey quedó más que colmada) y “Haunted”, el tema más tranquilo de la noche y que Gillan cantó mucho más inspirado que en el disco. En “Space Truckin’” os podéis imaginar la reacción de la gente, éxtasis total. Siguió la cosa con “I Got Your Number” y “Well Dressed Guitar” con solo de Morse y medley de Airey que dejaron claro en torno a quienes gira la actividad del Mark VIII, tanto compositivamente como de protagonismo en directo. Y el final de la primera parte de escándalo: “Perfect Strangers” y la inevitable “Smoke On The Water”. Satisfacción total por ambas partes.
Para los bises dejaron “Hush”, la mejor de la noche, que empalmaron con una especie de introducción a cargo de Roger Glover que fue seguida por el público haciendo el inicio de “Black Night”, que dejó al personal con ganas de más y al grupo supongo que también, pero que por esas cosas que pasan de vez en cuando con los managers, las organizaciones y tal, nos dejó esperando a los demás hasta que se encendieron los focos blancos entre pitos, palmas, dos orejas y rabo.
Resumiendo, un conciertazo. Están en buenísima forma, les sobra experiencia, sabiduría, arte, técnica, feeling y repertorio. Combinan perfectamente el sabor añejo de los Purple de siempre (Gillan, Glover y Paice) con la versatilidad de Don Airey y el aire nuevo de Morse, estos últimos plenamente integrados en el sonido del grupo. Hacen válida la expresión esa que dice que “el que tuvo retuvo”, tienen un poder de convocatoria descomunal (se vendieron varios miles de entradas más de los que estaba previsto, con la plaza literalmente a reventar, ¿cuanta gente había, 10-12.000?) y son capaces de hacer pasar un rato inolvidable a la gente que va a verlos, entrada amortizada con creces.
LA ORGANIZACIÓN: DIGNA DE PEPE GOTERA Y OTILIO
Dejemos a un lado que el cartel fuera incoherente y que la cubierta de La Cubierta tenga goteras. Olvidémonos también de que se vendieron más entradas de las que se deberían y de que estábamos como piojos en costura, quiero centrarme en un hecho que me llenó de indignación por el trato “ovejatorio” al que se supone tenemos que estar sujetos por el simple hecho de que el espectáculo en cuestión es un concierto de rock, cuyo público no merece el mismo tratamiento que el que va a ver la Traviatta al Teatro Real.
Cuando voy al cine, al teatro, incluso al fútbol, pago mi entrada y una vez dentro tengo derecho a determinados servicios, como por ejemplo a que alguien me quite de encima a un borracho puesto de lo que fuera. Sin embargo en los conciertos no (en otros países sí), y ya estoy bastante harto del asunto. Justo en “Strange kind of woman”, alguien baja rodando desde lo alto de las gradas, porque otro ‘alguien’ le ha empujado para quitárselo de encima y porque tres incompetentes de Protección Civil no son capaces de sacarlo fuera para que no moleste. No solo eso, sino que dos de los tres jetas estos (varones) optan por dejárnoslo a su compañera y a nosotros para que cuidemos de él mientras ellos “van a ver si ven a los de seguridad”, vamos, que se escabullen. Muy solidario, muy competente y muy profesional, sí señor. Esta gente entra por el morro a ver este tipo de eventos y cuando tiene que dar el callo cumplen con su obligación por la parte de los cojones.
Al final el borracho se puso en pie y bajó de cabeza hasta el albero. Si se hubiera matado del golpe, cosa bastante factible, habría que haberle dado las gracias a estos tres elementos, pero digo yo que por qué tengo que soportar esto cuando pago exactamente igual que otro que no lo soporta y que está dos filas más allá?, y en virtud de qué criterios se deja que gentuza de ésta, tipo Protección Cerril, se haga cargo de situaciones que no son capaces de controlar? Son una panda de impresentables y la organización una puta mierda, así de claro. Menos voluntariado y más profesionalidad, que la entrada es lo suficientemente cara como para poder sufragar gastos de servicio, y no solo beneficios empresariales.
Al final nos amargaron parte del concierto, pero sobre todo queda la sensación de que alguien se va de rositas sin que nadie les eche el alto, y que volverá a pasar. No ha habido ninguna desgracia importante en un acto de estos nunca, afortunadamente, pero si hubiera que afrontar una situación de emergencia, con esta gentuza estamos vendidos. Por otro lado, quien se quiera poner que lo haga pero que no de la brasa, y si los de la presunta Protección Civil quieren entrar por la jeró, que se lo curren por lo menos. Si la seguridad es solo para impedir que entren cámaras en el recinto, sobran todos.
Texto: Alvar de Flack
