Con el cansancio de un arduo día de trabajo pero con las ganas de ver –siempre- a uno de los clásicos, a las diez y poco asomábamos la jeta por la concisa pero acogedora murciana sala Gamma para ver a los británicos Napalm Death.
No fue hasta que tuvimos la entrada en la mano que supimos que habría grupo invitado, y pese a que nos dijeron en la barra su nombre y a que los parches de bombo lo lucían generosa e ilegiblemente, ahora mismo no consigo recordarlo (ustedes perdonen). Lo que sí recuerdo es que su estilo caminaba entre el death clásico de Obituary (bastante, además) y el riffing de Slayer, con bastante cambio de tiempo y alguna que otra dosis de melodía. La formación muy joven, por cierto, aunque al gutural voceras se le veía por encima de la media. Se mantuvieron estáticos y con la soltura propia del principiante (salvo el vocalista, que se le vio con más tablas), aunque acometieron la empresa con mucha precisión y sin fallos, y además el sonido les hizo justicia. Influencias todavía muy evidentes, pero ganas y empaque, que es lo que prima. Lo de siempre: suerte.
Antes de que comenzaran los hijos bastardos de la Gran Bretaña Shane Embury ya andaba merodeando por la sala como Pedro por su casa, lo cual demuestra varias cosas, entre ellas que pese a seguir portando la bandera del metal extremo no se lo tienen nada creído, y que el rollizo bajista cada día está más ‘rollizo’ y alopécico.
Y si por la propia sala campaban a sus anchas por el escenario no iba a ser menos. Sin apenas espera y tras una prueba de sonido más de rigor que otra cosa, Shane Embury, Barney Greenway (pelo corto, por supuesto), Danny Herrera y Mitch Harris aparecían saludando y chocando manos al respetable, sin artificio alguno y dando la sensación de estar entre colegas. Y yo que me pregunto, ¿no falta uno? Por supuesto, la guitarra de Jesse Pintado no se veía por ningún sitio, así que imaginamos que no había regresado aún de su vuelta a casa (motivo por el cual se ha anulado algún concierto).
Empezó la traca con temas nuevos, provenientes de los más recientes “Enemy Of The Music Business” y “Order Of The Leech”, para en seguida empezar la tanda de clásicos y ya no soltarla hasta el final. “Suffer The Children”, “Hung”,“Mass Appeal Madness”, “From Enslavement To Obliteration”, “Scum”, “You Suffer” (de medio rodeón, qué cachondo el Barney), “Armageddon x7”, “Breed To Breathe”, “The World Keeps Turning” y un montón más que se me escapan (tanto y tan rápido se hace difícil de asimilar, je je), y en los bises unos “Nazi Punks Fuck Off” (con recordatorio a Dead Kennedys incluido) y “Siege Of Power” brutales, para acabar de rematar al personal. Mitch Harris haciendo toda la labor a las seis cuerdas (y algún que otro coro histérico), que si bien restó grosor al sonido -no sé qué hubiera pasado con dos guitarras, porque todavía me pitan los oídos- lo diluyó un tanto, Embury y Herrera como de costumbre, una máquina de taladrar de broca gorda -más bien percutor- (madre mía cómo aporrea Danny Herrera!), y Barney con sus espasmos y vaivenes tan habituales y haciendo gala de ese tono grave tan característico suyo, todo un crack. Como anécdota surrealista la del segurata de turno, que subió a tirar a un chaval que estaba haciendo coros tan a gusto con Mitch Harris (Barney no tuvo más que mirarlo burlescamente e insinuarle gráficamente un “anda, tira pabajo… que el que sobra eres tú”).
Hora y poco –sin pausas, eso sí- del mejor hardcore-grind-death (es que han hecho de todo!) y gracias, porque un rato más y habríamos salido en camilla, una pena no haber ido descansados como se merecía la ocasión. Es agradable saber que hay grupos que nunca fallan.
Texto: Bubba
