Información mínima tenía el menda lerenda sobre los dos grupos que tocaban esa noche de viernes en uno de los pocos garitos que apuesta por conciertos y otras actividades culturales en la capital almeriense. Aún así era una buena ocasión para quedar con dos buenos amigos y tomarse algo antes de acudir al concierto. Y se nos ocurrió meternos en un sitio (no diré el nombre por la publicidad gratuita, pero si alguien se muere de curiosidad… que me pegue un silbío, jejeje), que ya conocíamos, pero que desde esa noche ya pasa a engrosar nuestra lista de lugares de regocijo y bienestar espiritual (y estomacal), debido a que en su variada oferta de bebidas incluyen poderosos, refrescantes y deliciosos tercios de Voll-Damn doble malta (¡cachis, se me coló la publicidad gratuita!), con tapas con nombres graciosos y curiosos (tales como “Rosa Bisbal”, “La Peseta”, “Un Colgao”…) y encima una camarera de algún país del Este de Europa de muy buen ver, ¿para qué más?, “un paraíso en la tierra…”.
Pero no nos vayamos por las ramas, además de que poco le importará al lector/a si servidor bebió, comió, miccionó… ¡Un poquito de por favó!, hay que ser profesional (¿ein?). Pasemos a lo que realmente importa si has pinchado para leer la reseña sobre este concierto.
Llegamos al local del concierto pasada la supuesta hora de comienzo (media noche), pero como es habitual no había empezado. Antes de introducirnos en el antro tuvimos que pagar 5 € (precio que veo correctísimo y que quizás debería ser habitual en el local cuando hubiese conciertos, saldrían ganando los dueños del garito ¿y los grupos?), con derecho a tercio de cerveza o refresco, además de una chapa con el nombre del garito (se han vuelto a poner de moda las chapicas).
El pequeño habitáculo abarrotado y no empezaba el concierto. A mis acompañantes no les bastó con lo que habíamos soplado antes, ni con la consumición al pagar la entrada, así que venga a pedir y pedir… silbidos por nuestra parte (¡menudos personajes!) para que comenzase ya aquello, porque además de subir la temperatura del local con tanta criatura allí metida había cada vez más zumo de cebada (fermentado) en nuestro cuerpo.
Por fin, faltando quince minutos para la una de la madrugada iniciaban la velada SHOULD CHANGE. Joven trío almeriense fundado a finales de 2002 compuesto por Salva (guitarra y voz), Góngora (bajo y apoyando en la voz, además de ser el vocalista de Sound Fused), y Miguel (batería). Curioso que a la hora de dirigirse al público lo hiciera el bajista, que agradeció nuestra presencia, saludos a gente de distintas localidades de la provincia e informar, que aunque algunos habían dado a la formación por separada, seguían bien vivos. No estuvieron mal en su corta actuación (alrededor de 35 minutos), con temas con influencias de grupos como Pearl Jam, Nirvana… y de Metal y Hardcore.
Los catalanes STANDSTILL parece ser que son punta de lanza del Hardcore en Europa y venían a presentar su último disco, “Standstill”. Yo sólo sabía del grupo lo mínimo, mínimo, hasta llegué a preguntar a un colega que qué estilo hacían en concreto y me dijo que Hardcore Progresivo (¿ein?, ¡coño, vaya etiqueta!), y por lo que escuché aquella noche no iba muy desencaminado, Hardcore melódico, pero no de ese edulcorado practicado por muchas bandas, y con unas estructuras enrevesadas y potentes la mayoría de veces. Lo siento, pero de temas n.p.i. (ni p**a idea), ya que no presentaban los temas y las letras (algunas en inglés, otras en castellano) apenas se escuchaban ante tanto poderío de los instrumentos. El vocalista en alguna ocasión se hizo acompañar de una guitarra acústica y el guitarrista grueso apoyaba en las voces. Poco tiempo dejaban de respiro entre tema y tema, todo energía.
En el bis preguntaban si había heavies en la sala (¡algunos personajes conocidos vociferaron!, jejeje) y el tema que tocaron me sonó a los suecos Refused. Luego dos temas más, el último apabullante y fin de la tormenta sónica.
Me gustaron bastante en su algo más de hora de actuación. Tendré que hacerme con algo de ellos, creo que ya tardo.
Texto y fotos: Starbreaker
