Desde que estas dos leyendas vivientes del rock español decidieron volver a unir sus fuerzas de nuevo, esta es la tercera vez que yo tenía oportunidad de verles sobre un escenario (la primera está también reseñada en esta Web). En esta ocasión no se trataba de un local de pequeño aforo como el Hebe o la sala El Sol, como anteriormente, sino Macumba, hablamos ya de cosas más serias. El precio (16 € anticipadas y 18 € en taquilla) no era demasiado elevado, pero tampoco una nimiedad, sobre todo si tenemos en cuenta que en la misma semana teníamos en Madrid una extensa oferta de conciertos de todos los estilos (Nightwish, Revólver, Europe y Saxon). Todo ello me hacía dudar sobre el poder de convocatoria de este concierto.
Llegué a las inmediaciones del recinto a una hora prudente, y aunque aún estaban las puertas cerradas, la gente se empezaba a arremolinar junto a la entrada, con calma pese a la extrañeza por la tardanza. Comencé a ver gente conocida, con unos había quedado allí y para otros fue la casualidad (¿o no?) de vernos siempre en los mismos saraos. Pocos minutos después, las puertas parecía que se iban a abrir, así que nos colocamos pacientemente en fila para entrar. En esas estábamos cuando unos cuantos empleados de seguridad de la sala sacaron un montón de vallas y empezaron a colocarlas, formando un laberinto a la entrada, y exigiéndonos que deshiciéramos la fila, nos echáramos para atrás y volviéramos a formar la fila casi en el mismo sitio. Todo ello mientras los empleados de seguridad (mucho músculo y poco cerebro) se hacían un lío con tanta valla y eran incapaces de colocarlas. Algunos de los presentes se empezó a molestar al ser tratado como al ganado, pero a mi me dio por pensar los problemas que estos dignos empleados tendrían con uno de los puzzles de mi hijo el pequeño. Tras unos momentos caóticos en que jefe de seguridad y empleados nos daban órdenes contrarias, en un alarde de claridad mental deciden apartar las vallas que sobran y construir un sencillo pero efectivo pasillo recto hacia la entrada. ¡Bingo!
Tras recoger mi acreditación, accedí a la sala, no sin antes echar un vistazo a la cola que se había formado para entrar. ¡Joer, cuanta gente! Y yo que temía por el éxito de convocatoria… Tras elegir un sitio cómodo para tirar las fotos, me dispuse a disfrutar de la noche.
El grupo elegido para abrir la velada fue LES VIVO, una joven banda formada por Daniel Jiménez (batería), Héctor Laina (guitarra y voz) y Pablo Toharia (bajo y voz). Como ya habrá adivinado el avispado lector, se trata del grupo de los hijos de José Luis Jiménez y Lele Laina, a quien se les dio la oportunidad de presentarse ante un aforo muy superior al que están acostumbrados.
Y a fe que me sorprendieron. Haciendo patente aquello del cambio generacional, Les Vivo practica un funk-metal bastante contundente, con bastantes semejanzas a grupos estrella del estilo como Red Hot Chilli Peppers y en ocasiones incluso recuerdan a Pearl Jam.
Sin presentación previa, se apagaron las luces y el grupo salió como una tromba a comerse el escenario con una instrumental que fue toda una declaración de intenciones. A pesar de su juventud, o quizás debido a ella, el grupo le echó unas ganas al asunto dignas de alabanza. Técnicamente muy competentes, pronto arrancaron del público los primeros sentimientos positivos, a pesar de lo lejana de su propuesta con respecto al grupo principal. No faltaba una pequeña legión de chicos muy jóvenes en las primeras filas cantando a voz en grito sus canciones.
Héctor y Pablo se turnan el micrófono para cantar los temas, que van cayendo uno tras otro despertando el interés del público. Temas como “La Lógica de los Sentidos”, “Jeque” traen a la mente a los mejores Red Hot Chilli Peppers. “En tu banda” nos muestra la cara más funky del grupo, con una gran interpretación de Pablo al bajo.
El grupo suena compacto, apoyado en la enérgica batería de Daniel, que es la base que une el trabajo de los cuerdas. Más temas: “Magia”, “Días grises”… captan más atención entre el público de la habitual en un grupo telonero, sobre todo cuando refuerzan la faceta hard rock con el tema “La belleza”, con un gran final guitarrero a cargo de Héctor. “Erosiónate”, con juego de voces con el público, es la encargada de cerrar sus 35 minutos de actuación.
Desde luego, un grupo a seguir de cerca de partir de ahora.
El recinto se encuentra en lo que se ha dado en llamar “lleno cómodo”, es decir, una cantidad de gente que no agobia pero que satisface tanto a público como al grupo (y al promotor, evidentemente).
Tras sólo 10 minutos de espera, José Luis Jiménez, Lele Laina y Bulli toman sus posiciones en el escenario, junto a un nuevo guitarrista que les acompaña llamado Quique.
La expectación entre el público es grande, y cuando José Luis se acerca al micro y nos pide palmas, la respuesta es unánime.
El concierto empieza a capella con “Trae a casa tu amor”, la adaptación de Sam Cooke que consigue que tras 10 segundos de concierto ya estemos a la máxima intensidad. El grupo está pletórico, y la energía desplegada por Les Vivo no ha decaído ni un ápice.
Suena “Ya está bien” mucho más dura que en aquel lejano primer disco de Asfalto, y donde empezamos a disfrutar del buen hacer de Quique, el segundo guitarrista. Le sigue “Ser Urbano”, igual de antigua e igual de endurecida para su versión en directo, cantada a coro por todo el público.
José Luis comenta que tiene un gripazo considerable, y que milagrosamente la garganta se le había abierto para el concierto. Y la verdad es que cumplió mucho mejor de lo que cabría esperar tal y como tenía la garganta, aunque al final del concierto se le notaba ya al límite. Lele Laina, como siempre, destilando feeling en cada canción y en cada solo, demostrando que estas canciones las lleva ya dentro de la piel. Y Bulli como siempre, pletórico tras los tambores, dando el empuje necesario para llevar en volandas al grupo.
Siguieron con “El blues del dandy”, un tema vacilón donde los haya, y la hippiosa “La isla del amor”, donde José Luis se pierde en una estrofa, retomando la línea correcta entre las risas del grupo.
Uno de los momentos cumbre fue, cómo no, la interpretación de “Rocinante”, donde el público canta tanto y tan alto que prácticamente cubre las voces de Lele y José Luis. Algún día deberían dejárnosla cantar solo a nosotros.
Y tras un clásico imborrable de la etapa Asfalto, uno Topo: “Marea negra”, tema cuya letra desgraciadamente nunca pasa de moda, bailado hasta la extenuación por el público y despedido con un nunca mais por parte de José Luis. El sonido tiene ciertas deficiencias, con el bajo demasiado alto, pero la situación no es tan grave como para impedir disfrutar del concierto.
Una pequeña pausa para coger aliento mientras se monta un taburete en el escenario, y Lele aparece con una guitarra acústica para interpretar “Colores” y “Qué es esta vida”, dos baladas que ganan mucho en directo con respecto a su versión en estudio.
Unas breves palabras de José Luis dirigidas a la memoria de Terry Barrios nos dan paso a “Vallecas 1996”, tema futurista que originalmente cantaba el difunto batería, y que es interpretada con todo el feeling del mundo.
Otro momento cumbre: “Días de Escuela”, con el público desgañitándose y con un solo de bajo incluido en su parte central que dejó con la boca abierta a más de uno. No se puede decir nada de este tema que no se haya dicho ya, sólo decir que este tema debería formar parte ya de los libros de Historia y enseñado en los colegios.
Tras requerirnos que enseñaramos a nuestros hijos a amar la libertad, se produce un pequeño parón en el concierto, aprovechado por José Luis para presentarnos a uno de los invitados que iba a participar en el show: Nada más y nada menos que Luis Cruz, excepcional guitarrista que se dio a conocer con 17 años cuando grabó aquel “Ciudad de Músicos” de Topo, y últimamente integrado en el staff del musical de Queen “We Will Rock You”.
Tras la calurosa bienvenida, el grupo ataca con temas pertenecientes a aquel disco: “Todos a bordo” y “Ciudad de Músicos”… mucho tiempo sin oír esas canciones, pero sonaban frescas como si se hubieran compuesto ayer. Desgraciadamente la guitarra de Luis Cruz se oye demasiado baja, pero eso no es óbice para comprobar que sigue en plena forma. Una grandísima versión de “Los chicos están mal” da fin a esta parte del concierto, con una despedida que nadie se creyó, evidentemente.
Unos pocos minutos de espera y reaparecen en el escenario, presentando a un nuevo invitado: se trata de Sergio “Quisquilla”, actual teclista de Mägo de Oz y antiguo componente de Topo, quien aparece muerto de risa y se sitúa tras sus teclados.
Una dulce interpretación de “El Periódico” intenta aprovechar el colchón de teclados del nuevo invitado, pero algo no va bien. El sonido empieza a fallar estrepitósamente, el bajo se oye demasiado y los teclados no se escuchan en absoluto. Sergio “Quisquilla” no hace más que reírse y encogerse de hombros y el tema termina en formato acústico sin teclados. Los técnicos hacen lo que pueden por arreglar el desaguisado, pero los pocos momentos en los que se oye el teclado muestran que Sergio no está en su mejor día y que lleva más octanos en la sangre que la moto de Valentino Rossi. Espero que en otra ocasión repita la colaboración, pero estando sobrio, a poder ser.
Con Luis Cruz tocando como él sabe y Sergio haciendo bulto a un lado, la banda interpreta el tema más moderno de cuantos tocaron esa noche, “Quijotes Eléctricos”, perteneciente a aquel disco de reunión de Asfalto llamado “El Planeta de los Locos”, y el concierto termina con otro de los mega-clásicos del Rock Español: “Capitán Trueno”, acompañados (o casi) por los teclados de Sergio Quisquilla.
El grupo se despide, pero nos tenían guardada una sorpresa final: José Luis anuncia que quiere tocar con lo que realmente son Mis amigos: Y aparecen en escena todos los participantes de esa noche: Les Vivo al completo, Sergio, Luis Cruz y por supuesto José Luis, Lele, Bulli y Quique, y todos juntos tocan una pletórica “Mis amigos donde estarán”, convertida en toda una fiesta tanto arriba como abajo del escenario.
Con semejante fin de fiesta, esta vez sí, se despiden de todos nosotros, siempre nos quedará en la retina haber asistido a un concierto memorable.
Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»



