Esta vez se pasó un pelo la organización. Teóricamente abrían las puertas a las 18:00 h., pero ya eran las 19:30 cuando estábamos empezando a movernos para entrar. Luego se creen que con los rebuznos de Rafa Basa disculpando el asunto está todo hecho, pero la realidad es que siguen tratando al personal como borregos. No sé si algún día cambiará esto, pero ya podían tomar nota de otros países en los que el público rockero es tan respetado como cualquier otro.
Eran las 19:45 cuando empezaron a tocar a contra-reloj, con buena respuesta del público aunque el sonido no fue todo lo bueno que debería hasta prácticamente la última canción. El bajo, indefinido, lo ensuciaba todo mientras la batería (por las nubes) no dejaba escuchar ni a Patricia ni los coros. Las teclas apenas se oyeron hasta casi el final, y la guitarra estaba hiper-saturada y mal nivelada en los solos, lo que destrozó literalmente el conjunto del sonido. Aún así, el grupo lo hizo muy bien.
La voz de esta chica, cuando por fin el técnico la colocó en su sitio, nos dejó boquiabiertos a más de uno en temas como “Remember” o la versión final del “Eye In The Sky” de Alan Parsons. A la media hora escasa de actuación les obligaron a cortar con el público pidiéndoles más, lo que equivale a decir que pagaron el pato de la descoordinación de tiempos con el límite que marca la sala. El bajista, con un cabreo evidente y ante la petición insistente del público, soltó un “…cuando seamos estrellas…” que resultó bastante gráfico.
En general, corta pero buena actuación de un grupo que atesora una gran calidad y que tiene un concepto bastante avanzado de lo que tiene que ser el hard rock melódico, pero que se ha equivocado de país o de estilo. Aquí prima el cachondeo sobre la calidad, y así pasa lo que pasa… en fin, a otra cosa.
Ni ellos se creían, cuando salieron al escenario, la respuesta del público. Ni ellos, ni muchos de los presentes que creíamos que iban a pasar sin pena ni gloria, pero de eso nada.
Tras la intro que llevan machacando desde hace quince años, arrancaron con “Lover’s Lane” del primer disco, con un C.J. Snare que lucía un look a lo Paul Rodgers, con gafas coloreadas, perilla, chaleco y movimientos calcados al británico. Bill Leverty se situó a la derecha del escenario, pero pasó más desapercibido de lo que yo pensaba. Se limitó a tocar su instrumento sin más protagonismo. En la batería estaba Michael Foster, con un estilo malabarístico y efectivo que me recordó los años en los que la parafernalia visual eran tema de competición entre los baterías americanos. Y en la parte izquierda Alan McKenzie en lugar de Perry Richardson tocando el bajo. Bastante mediocre, por cierto.
El repertorio estuvo basado en el primer disco, cuestión que se agradeció pero que no deja de ser curioso quince años después. De las 9 canciones que tocaron, 6 y la intro pertenecen a dicho disco (“All she Wrote”, “Shake & Tumble”, “Don’t Treat Me Bad”, la citada “Lover’s Lane”, “Overnight Sensation” y “Love Of A Lifetime”) que fueron, lógicamente, las que mejor respuesta obtuvieron. Respuesta que, como he dicho antes, dejó literalmente flipando al grupo por lo inesperado de ella. Lo bueno que tienen estas cosas es que resulta recíproco y se esforzaron por hacerlo bien.
Sin embargo, desde el punto de vista de la ejecución, el mejor momento se lo llevó “Crash”, del último LP en estudio hasta la fecha (“Prime time” de 2003). Gran solo a cargo de Bill Leverty, con un magnífico sonido en su guitarra y unos agudos por parte de C.J. Snare de romper cristales. Por el contrario, el momento más bajo de la actuación fue el mini-solo de batería de Michael Foster, y mira que a mí me gustan estas cosas, pero rozó el ridículo.
“Reach For The Sky”, del segundo disco “Hold your fire” (1992), fue otro momento importante. Parecía que se iba a romper la voz en cualquier momento porque se forzaron los agudos, a mi entender, innecesariamente, pero quedó perfecta.
Al final caras de felicidad en el público y en el grupo. La Señora de Snare -de muy buen ver, por cierto- se acopló a la parte izquierda del escenario con una cámara de vídeo para capturar los momentos de euforia y complicidad, con gran parte de la concurrencia “distrayendo” la mirada de lo que se cocía en la parte central. Curiosa imagen.
Buen concierto, aunque quince años tarde.
Tras otro rato de espera, por fin les toca el turno a los cabezas de cartel. Suena la intro que abre el último trabajo de los noruego-americanos y empalman a continuación con “Invisible noise” mientras se van terminando de ajustar los niveles. La primera sensación es que TNT han cambiado la sofisticación de antaño por un look mucho más de andar por casa.
El trabajo de Ronni Le Tekro (y de todos) queda oscurecido por el exceso de volumen, aunque todavía sigue impresionando su estilo. Al principio pensaba que se arreglaría durante el transcurso de las siguientes, pero nada.“As Far As The Eye Can See” empieza a sonar a la vez que el rugido del respetable, pero la sobredosis sónica entorpece los intentos de averiguar cómo suenan los instrumentos.
Sin embargo, entre tanto decibelio acierto a analizar a Diesel Dahl (con más pinta de leñador que de batería) y llego a la conclusión de que ha empobrecido su trabajo, mucho más económico que elegante, evitando complicarse la vida y rodeando su estilo de un pragmatismo que se carga definitivamente la idea que tenía de él, aunque siempre supe que no era un virtuoso. Una lástima.
Mientras suena “Downhill Racer” con una guitarra estridente taladrándome el oído derecho, observo al bajista (que no sé quien es, por cierto) quien me recuerda a Johnny Ramone no sé por qué. Quizá por lo desgarbado de su figura y por permanecer en esa pose con el instrumento colgado tan bajo, el caso es que cumple con creces y hace olvidar al huido Morty Black.
Un poco de peloteo por parte de Tony Harnell y continúan con “My Religion”, el tema que da título al último disco en estudio. Toda una demostración de agudos perfectos sin salirse de tono. Este tío sigue estando en plena forma tantos años después.
En “Caught Between The Tigers” la mano derecha de Ronni Le Tekro echa humo, mientras cobra protagonismo el teclista que, dicho sea de paso, tampoco sé quien es y ni siquiera se dignaron en presentar. A simple vista me parece Dag Stokke, quien les acompañó en la época de “Firefly” allá por 1996, pero no estoy seguro.
Los siguientes minutos fueron destinados a que Le Tekro demostrara sus habilidades con las seis cuerdas y su gusto por Hendrix. Le acompañaron el bajo (ligeramente saturado) y la batería en un solo en el que su personal estilo quedó por encima del horroroso sonido.
“Forever Shine On”, cantada a medias entre Harnell y el público (y de nuevo los agudos del cantante a punto de romper las cristaleras posteriores de la sala) dio paso a una parrafada en la que explicaron que el siguiente tema fue compuesto por Ronnie Le Tekro y Tony Harnell en Torrevieja (Alicante) para el LP “Transistor” de 1999, al que titularon “Fantasía española”.
Con el ambiente relajado tocaron “Give Me A Sign”, incluida en el último disco pero que pertenece al EP de mismo título publicado en 2003. De estilo distinto a los TNT clásicos, más oscuro y experimental pero con la misma buena respuesta del público. Y para atacar la recta final del concierto, “Listen To Your Heart” cantada en un tono distinto, lo cual dio bastantes quebraderos de cabeza al cantante (hubo momentos en los que no metió una nota en su sitio), terreno perdido que luego recuperó con una apoteósica “Intuition” en cuyo final introdujo una demostración de poderío vocal impresionante. “10.000 Lovers (In One)” fue uno de los momentos más esperados, y “My Religion” cerró la primera parte del concierto.
Tras un brevísimo intermedio (se acercaba la hora de cierre del local…) se marcan un “Seven Seas” que deja al personal al borde del éxtasis, y tras él invitan a salir a C.J. Snare para cantar a medias la inevitable “Everyone’s A Star”, en la que ambos cantantes dejaron claro quienes eran los protagonistas de la noche.
De nuevo caras de felicidad, de nuevo la Sra. de Snare con su cámara, de nuevo la entrega del público hacia los músicos y viceversa, y de nuevo se encienden las luces y tenemos que irnos. Al final queda la sensación de que mereció la pena pagar los veintitantos euros de la entrada, aunque podría haberse redondeado la noche si todo el mundo hubiera tocado el tiempo que le correspondía y en mejores condiciones de sonido, aunque no me quejaré mucho porque no fue de los peores…
Por fin se reconoce a TNT, de lo cual me alegro, aunque llevo diciéndolo desde 1984.
Texto: Alvar de Flack
Fotos: Shan Tee




