Servidor está sufriendo un período de abstinencia conciertil no muy normal en uno. Ni desplazamientos a ver grupos internacionales que se acercan a ciudades, relativamente cercanas a mi ciudad, ni festivales donde puedes ver a un buen puñado de grupos, aunque prefiero disfrutarlos en mejores condiciones que no verlos en condiciones precarias y siendo prácticamente un timo (sonido, duración de conciertos…) ¿aprenderán de una vez por todas en España a hacer un festival dignamente?, y eso que algunos ya llevan ediciones, pero parece que no avanzan.
Desde Mayo, que vi a Reincarnation y Avulsed (comentado en esta sección por Burninboy), no había disfrutado de la magia en directo que despliega un grupo. Todos los años en verano en el chiringuito del pueblo costero de Cabo de Gata tocan grupos, más o menos conocidos del país, y encima al público no le cuesta nada ver música en directo. Unos de los que se asoman a menudo por el lugar y escenario son La Vacazul, y gracias a su bajista Javi, tuvimos la suerte de poder ver a los veteranos e internacionales (no sólo tocan por nuestro país, también hacen sus giras por Europa) Sex Museum.
El concierto se anunciaba a partir de la media noche, pero nosotros llegamos antes y era nuestro deber comer y beber algo. Así que optamos por nutrirnos en el chiringuito contiguo, lugar donde los madrileños y toda su troupe estaban también llenando sus estómagos. Se le perdona a la atractiva camarera que se equivocase alguna vez con las tapas.
Ya con los buches algo saciados llegamos al lugar del concierto, y continuamos tomando rico y fresco zumo de cebada fermentado, menos el que conducía, ya que no hay que tomarse a guasa lo de coger el volante cuando se bebe, como se dice: “es mejor prevenir que curar”. Al poco tiempo de estar allí nos sorprendió (no estaba anunciado en el cartel) que en el pequeño, pero resultón, escenario (en frente del mar), se subieran dos guitarristas (eléctrica y acústica) y tocaran durante algo menos de treinta minutos algunos temillas de Rhythm & Blues. La verdad es que poca atención les presté, dijeron que se llamaban, jocosamente, algo de Bin Laden y demás.
Mi primer contacto en directo (y casi también musical) con Sex Museum fue hacia principios de los ’90 en la sala Planta Baja de Granada. Acudí al concierto con el amigo Cristóbal sin apenas conocer nada de ellos y aún siendo el escenario una caja de cerillas y estar cuatro gatos viéndolos dieron un conciertazo de órdago, siendo hoy en día uno de los mejores conciertos de mi vida, no sólo por el enorme concierto que dieron, también por el hecho de haber descubierto una magnífica banda. Después los he visto unas cuantas veces más en directo (debería estrujar a “Neury” para dar el número exacto, pero entre los calores y demás… lo dejamos para otra vez), la última abriendo a finales del pasado año para Whitesnake en La Cubierta de Leganés (Madrid). Tengo pendiente escuchar a fondo y conseguir sus últimos trabajos.
Sobre las 0.45 h. la teclista Marta y el baterista Roberto Loza daban inicio a una introducción que sirvió para que los tres músicos restantes subieran a las tablas. A partir de ahí disfrutamos canción a canción in crescendo de la profesionalidad y la energía del Hard Rock clásico, garajero y psicodélico que destilan los de la capital del país en hora y media que se nos pasó volando y nos dejo con ganas de más. Poco descanso entre tema y tema, la mayoría de veces enlazándolos, Fernando Pardo ejercía las labores de comunicarse con el público simpáticamente. El sonido me pareció muy bueno, mejor que el de muchas salas con mejor equipo, aunque de luces estaba la cosa rácana (ocho focos), pero qué más queremos si era gratis, sonando bien y con un excelente grupo… la cosa perfecta.
Miguel moviéndose cual hombre de goma (como en una ocasión dijo su hermano), recordándome en ocasiones con sus contorsiones al gran Iggy Pop “La Iguana”; Marta Ruiz arrancando ese sonido maravilloso a su adorable Hammond (aunque echamos de menos esa larga cabellera moviéndose, cual cortinas, al ritmo de la música y apenas dejando ver su cara), la base rítmica (Javi “Vaca” y Loza) como un reloj de precisión, viéndosele al bajista disfrutar de lo lindo, y Miguel con su guitarra de Gibson Flying V acompañando con sus riffs y solos, aunque en los últimos temas sacara una Gibson Les Paul. Éste hizo mención a Pepe, antiguo baterista, que según contó sacó temas cuando estaba en San José (precioso pueblo de Almería), pasando después a tocar “Get Lost”, con aires de Rock garajero. El final fue bestial, con la versión que hacen del grupo más conocido de Australia y uno de las formaciones más grandes del Rock, con el solo tocado por Marta; antes de finalizar con “Flying”. Y para el bis de rigor, “Speedkings” de los Purple del ´70 y su clásico “I´m Free”.
Lástima que al día siguiente no pudiéramos ir al mismo sitio a ver a Los Coronas, con miembros de Sex Museum. Otra vez será.
Si no conoces a este grupo no sé a lo que esperas y si tienes oportunidad de verles en directo ni te lo pienses. Calidad a raudales. Este verano cumplen 20 años de carrera.
Texto y fotos: Starbreaker
