Nuevo disco del genial Darío Mollo, esta vez compartiendo protagonismo con el ex-Black Sabbath Tony Martin. Que quién es Darío Mollo?, pues un magnífico guitarrista italiano de corte clásico y con las raíces bien hundidas en el hard rock de gente como Rainbow, Deep Purple o Led Zeppelin.
Militó en los Crossbones, grupo italiano que giró por Europa a primeros de los ochenta teloneando a grupos británicos de la NWOBHM, pero su mayor fama le viene de la participación con Glenn Hughes en aquél buen disco/proyecto que se llamó “Voodoo Hill”, y su posterior gira en la banda de Graham Bonnett y Don Airey, “Graham Bonnett & Don Airey Band” y que recientemente ha pasado por nuestro país.
El proyecto “The Cage” ya tiene unos años, en cuyo parto intervinieron también, además de Darío Mollo y Tony Martin, el propio Don Airey a las teclas y una base rítmica compuesta por músicos italianos poco conocidos. Pero el disco que nos ocupa, este “The cage 2” viene a ser una continuación de aquél, y aunque dicen que ‘segundas partes nunca fueron buenas’, esta debe ser la excepción que confirma la regla, porque les ha salido un disco espectacular.
Los músicos que les acompañan esta vez son Tony Franklin al bajo (ex The Firm, ex Blue Murder) musicazo donde los haya, Roberto Gualdi (Batería) y Darío Patti (Teclas), rescatados estos últimos del disco “Voodoo Hill”.
Vistas las colaboraciones, es fácil deducir que la mezcla de procedencias da como resultado un disco de hard rock de corte clásico, con influencias obvias de los Black Sabbath del “Headless cross” y de los Rainbow de la etapa Dio, culminado con una producción impecable que deja a cada uno en su sitio. De hecho no hay nada que destaque especialmente, sino que es el bloque del sonido que sale de los altavoces lo que hace grande este disco.
“Terra Toria” abre el LP con un riff casi thrash, suavizado con una voz muy a lo Robert Plant. El caso es que la voz de Tony Martin en este disco se adapta a cada tema de tal forma que recuerda a varios de los clásicos. De hecho parece estar escuchando al mejor Dio en “Balance of Power”, uno de los cortes más cañeros, incluso se da un aire al impresentable de Axl Rose en “Overload” (en la forma de cantar, que en voz ya quisiera el tipo este del pañuelo en la cabeza).
Todo el disco está salpicado de guiños al heavy clásico, algunos con mucha melodía sobre unas guitarras que no predominan, sino que van empastadas en el seno del grupo como un elemento más. Atención a las líneas de bajo de “Theater of dreams” y “Poison Roses”, atención también a la buenísima versión del “Dazed and confused” de Led Zeppelin, y para quien le gusten los temas tranquilitos, “Wind of change” será su canción.
Hacía tiempo que no escuchaba un grupo nuevo con sonido añejo como este. No estaría mal que se dieran una vueltecilla por aquí.
Alvar de Flack
