La numerología de Danzig sitúa ya en siete los trabajos grabados por el cantante en catorce años. Ajeno al mainstream y centrado en las giras por Norteamérica, Glenn Danzig continúa inmerso en su universo de letras satánicas, erotismo y provocación (la última, tratar de invitar a Marduk como teloneros de su tour, aunque las autoridades de inmigración de su país no vieran con buenos ojos tal ofrecimiento). En esta ocasión los punk-rockers Todd Youth y Howie Pyro se han unido a las filas del combo como guitarrista y bajista respectivamente, mientras Joey Castillo se mantiene como batería (éste es su tercer disco con Glenn, tras “Blackacidevil” y “Satan’s child”).
El séptimo disco en estudio del musculoso y pequeño cantante afianza una serie de cambios iniciados en “Satan’s child” que, para bien o para mal, marcan las trece canciones que lo integran. Uno es la producción: el sonido limpio y “elegante” de antaño da paso a una base rítmica fuerte y estridente, en sintonía con los cánones del metal americano que rige. Otro es el propio Glenn Danzig: esos profundos alaridos desgarrados que siempre han sido seña de identidad suya han desaparecido por completo. Para desgracia de sus seguidores, la voz de Danzig tal y como la conocíamos está prácticamente perdida y con “I Luciferi” el frontman no se ha escondido ante tal hecho. La grabación es honesta (a mi parecer, demasiado) y lo que escuchamos es lo que hay, ni más ni menos.
“Unendlich” nos da la bienvenida al mundo sado-demoníaco de Danzig hasta darnos de bruces con los primeros acordes de “Black mass”, que a la postre se convertirán en el riff principal del tema. Lo incisivo y poderoso de éste nos obliga a echar la vista atrás a la añorada época de John Christ / Eerie Von / Chuck Biscuits (“Snakes of Christ”, “Am I demon”, “Dirty black summer”,etc.)
Las tres canciones que siguen reflejan la vertiente más actual. “Wicked Pussycat”, primer videoclip extraído del álbum, es el claro ejemplo de las transformaciones musicales que ha sufrido la formación. Se suceden los ritmos machacones y las guitarras distorsionadas, se prescinde del solo a mitad del tema (práctica en desuso en las formaciones de última generación) y el trabajo de estudio aproxima el sonido del cuarteto a parámetros nu-metaleros. “God of light” y “Liberskull” van en esa misma dirección, aunque con destellos minúsculos de buen rock y de factura convincente. Al fin y al cabo hablamos de Danzig, no de ningún aspirante a imitador barato de Korn. Recordemos que Howie Pyro y Todd Youth son sendos ex – D-Generation y Agnostic Front el segundo, conformando un equipo altamente cualificado para esta nueva andadura (quizá el mejor que ha acompañado a Glenn desde “4”).
“Disposable teens” de Marylin Manson (discípulo y protegido físico de nuestro protagonista a la salida de algún que otro show primerizo) tiene su réplica aquí bajo el nombre de “Kiss the skull”. Esta pieza tiene ya su vídeo y constituye una forma fácil de llegar a la audiencia yankee. No sobresale pero tiene cierta gracia, con unos coros resultones y un final que cambia la cantinela de “we’re disposable teens…” por “come on and kiss the skull”.
El alter ego de Glenn (crooner, bluesman y rocker), “evil Elvis” como lo denominan, no tiene hueco en “I Luciferi” y piezas como “Trouble”, “She rides”, “Blood and tears”, “I am the one”, “Going down to die”, etc. no encuentran sucesión en un álbum pretendidamente moderno. Sí quedan, sin embargo, secuelas de “Sistinas”, “How the gods kill” o “Can´t speak” en “Dead inside” y “Angel Blake”, cuyas atmósferas lúgubres siguen la mejor tradición Danzig; no así la voz, que en los momentos de clímax se ahoga descaradamente.
En “The coldest sun” Glenn Danzig se muestra pletórico, descargando lo mejor de su repertorio en un cruce de melancolía oscura Type O Negative (con unas estrofas cantadas a la Pete Steele) y energía vocal en el estribillo. El epílogo corre por cuenta de “Without light, I am”, un siniestro corte de tempo lento cuyos pasajes de cierre explotan en un intenso “in crescendo”.
Si algo queda claro tras esta séptima entrega, es que regresar a los días gloriosos de “Lucifuge” o “How the gods kill” es una quimera. Este álbum ralla un nivel aceptable, netamente superior al anterior, pero está muy lejos de los cuatro primeros trabajos del grupo. Lo más destacable de “I Luciferi” es que presenta a Danzig respaldado por unos músicos muy competentes, que encajan perfectamente con el sonido buscado y que suplen el bajo volumen de la pista de voz con una potencia tremenda. Parecerá que es conformarse con poco, pero para sus incondicionales esto supone un punto de inflexión notable y una excusa para tener al frontman de vuelta en la carretera.
J. A. Puerta
