Por el recopilatorio “(AE)quilibrium – Man Vs. Machine”, editado por el Sello ubicado en Cartagena Mutant-e Records, y no hace mucho comentado por estos lares, supe de la existencia de Crow Nest. Y es la misma Discográfica cartagenera quien publica el primer álbum de los madrileños, los cuales grabaron, mezclaron y masterizaron en sus propios estudios Crow Nest los doce temas (+ dos extras) que integran su debut. Habiendo grabado anteriormente una maqueta.
Nacidos a mediados de 2001, la banda ha ido sufriendo cambios en su formación, pasando de hacer Pop-Rock melódico a endurecer su sonido, teniendo siempre como base un halo oscuro, triste y cargado de melancolía. El grupo se consolidó en el 2004, y un año después comienzan los conciertos con la actual formación, llevándoles en los siguientes años a compartir escenario con formaciones internacionales como Elegant Machinery, Escape With Romeo, The Crüxshadows… nacionales: Blood, La Broma Negra, Silica Gel… y formando parte también de festivales como End Of Summers, Existence Festival, etc.
“Blind Faith” es el tema de apertura que me hace albergar la esperanza de estar ante un interesante grupo de Rock / Metal Industrial, aunque ya desde este primer corte se evidencia la falta de una mejor pronunciación en inglés. Un tema donde participa Sergio Tous, y no es la única vez, ya que en nueve de las doce canciones del disco deja su huella a las guitarras y letras.
La segunda canción, “Sin saber, sin querer”, era la que se incluía en el recopilatorio citado al comienzo, una composición que no me causó muy buena impresión en aquel disco, más que nada por la voz de Manuel Carballo, para mi gusto falta de más energía. Aquí, entre los teclados de Sergio de la Fuente Martín y la programación y sintetizadores (además de coros en otros temas del álbum) de José Manuel Guzmán López -ambos, junto con el vocalista, miembros de la banda- mete guitarra Javi (de los alicantinos Blood).
En “Death In Egypt” salvaría el aporte vocal femenino de Tere Campos, sobre todo cuando se queda sola, y las melodías arábigas que se escuchan. Después se van sucediendo los temas donde muchísimas veces echo en falta algo más de dureza y furia, además de un vocalista que le corra algo más que horchata por sus venas. Sinceramente, las siguientes canciones se hacen cada vez más soporíferas: “Ghost”, el popero y soso “Mundo gris”, la lentorra “Nada más”, “Hidden Desire” (recuerdos a Depeche Mode) y “There Is No Time” (destacable sólo la guitarra de Sergio Tous), por mucho que me empeño en escucharlas y sacar algo en positivo no lo consigo. Para más inri “Placeres olvidados” (donde intervienen a la guitarra José de la Fuente y al bajo Sergio Apesteguía) empeora la situación, con ese tono vocal de Manuel y la letra tan simplona, ni siquiera los repetitivos gemidos femeninos que se escuchan ayudan. Poca cosa me hace cambiar mi pensamiento que la mayoría del disco es un coñazo, ustedes perdonen.
Tras “Solo”, otro tema sin chica ni limoná, uno sale del letargo con “Caos”, y es que aquí hay distorsión y energía, aunque tampoco es que sea un gran tema pero, ante tanto aburrimiento anterior, se acoge con gusto. Rematan el disco con otra pieza que no me dice absolutamente nada, la ambiental y relajante “Questions”.
Como extras, después de las doce canciones del álbum, incluyen: “Solo” en directo, sin tanto adorno artificial y más desnuda, simple y tranquila que la versión de estudio, convirtiéndose en una balada; y también suena otra canción anterior, “Hidden Desire”, pero con mezclas que le dan un aire más discotequero y movido.
En fin, en “Forgotten Pleasures” vas a encontrar Rock y Metal industrial (bien poco), Darkwave, Electro Pop de los 80 / 90… pero en general es un disco que es demasiado, pero demasiado, flojo y aburrido para servidor.
Starbreaker
