
Año tras año, el concierto navideño de Miguel Oñate en el histórico Hebe de Vallecas se ha ido convirtiendo en una tradición, una bonita manera de despedir la temporada anual de conciertos en un marco entrañable y con uno de los personajes más carismáticos que ha dado el rock español. Este año no iba a ser menos, repitiendo además el éxito de convocatoria del año pasado, lo cual nos hace ser optimistas en cuanto a la continuidad de este evento.
Muchas caras conocidas se dieron cita esa fría noche de diciembre: Guni (ex Asfalto), el “lujurio” Óscar Sancho, Pachi Escolano (Casablanca), el Lili y Esther Lago (Sangre Azul 2005) y más músicos de grupos madrileños compartiendo espacio con otras caras conocidas de vernos siempre en los mismos saraos.
El concierto estaba anunciado a las 22:30 y sorprendentemente (la experiencia indicaba lo contrario) no se hicieron esperar. Los músicos se fueron colocando en el pequeño escenario. Javi Bermejo (guitarra) y Chema Fernández (batería) repetían del año anterior, y el puesto de bajista lo ocupa hoy Antonio Reyes. La entrada en escena de Miguel Oñate fue realmente impactante, con un impecable traje dorado con bastón y sombrero de copa. Como una imagen vale más que mil palabras, por aquí tienes unas fotos que explican mejor que yo la imagen que buscó el carismático cantante para ese día.
Son ya varios años asistiendo a este concierto navideño de Miguel Oñate en el Hebe, así que ya sabemos que la base del repertorio es común pero siempre hay sorpresas que aumentan el aliciente. Y la primera de ellas fue el tema con el que abrieron el set, una deliciosa y elegante versión del “Marilyn Monroe” de los Alarma de Manolo Tena que calentó el ambiente a las primeras de cambio. A pesar de los años, tanto su prodigiosa voz como su carisma siguen intactos, lo que siempre nos hace preguntarnos el por qué de su semi-ostracismo estas últimas dos décadas y cuya aportación discográfica se limita a un par de maquetas que vende en los conciertos y que rápidamente se agotan ante la demanda de los asistentes.
El concierto siguió por los eficientes derroteros habituales, mezclando canciones compuestas durante estos años en su carrera en solitario con clásicos de los dos discos que Oñate grabó con Asfalto y que le lanzaron a la fama a mediados de los ’80. “La batalla” fue el primero, demostrando que los temas de Asfalto piden a gritos unos teclados. Siguió con producción propia, con la rocanrolera “No puedo esperar” y “Los tiempos siguen cambiando”, durante la cual unos problemas con su voz (los únicos de todo el concierto) y, sobre todo, unos molestísimos acoples que le terminaron por desconcentrar, provocaron el único momento negro del concierto. Afortunadamente, tras unos minutos de El Pulga (dueño del local) trasteando en la mesa de mezclas, el problema se solucionó definitivamente.
Este parón sirvió para que Miguel se colgara una guitarra acústica y nos regalara una lenta y tierna “Sombra y Sol”, antes de retomar la energía con la vacilona “Fenicio”, con un buen solo de guitarra de Javi Bermejo. Ya que hablamos de este guitarrista, me causó mucha mejor impresión que el año anterior. Su técnica ha mejorado mucho, y además ahora dispone de un mejor equipo que no lastra su habilidad.
Pero el que está inmenso es Miguel Oñate. Su voz sigue siendo un torrente, y lo demostró con creces en “El reposo del guerrero” y en “Tiempo gris”. En esta última, como el resto de canciones de Asfalto, se echan en falta los teclados de Jorge G. Banegas.
Hubo dos momentos cumbre en el concierto. El primero de ellos fue la interpretación de “Más que una intención”, que sonó arrolladora, con todo el público volcado y que nos dejó a todos extasiados. Sin duda uno de las canciones más emblemáticas del rock español que sonó como un tiro.
Tras dejarnos casi exhaustos, Miguel cogió un atril en el que apoyó un libreto y nos presentó una canción que iba a ser una sorpresa. Según nos contó, era la última canción que compuso en su época de Asfalto, después de grabar “Cronophobia”. Esa canción no se llegó a grabar como tal, y con algunos cambios, Julio Castejón la grabaría para el siguiente disco de Asfalto, ya sin Oñate, cambiándole la letra y parte de la canción. Hoy íbamos a tener oportunidad de escuchar la canción con su letra y título original. Nos la presentó como “No me queráis querer tanto”, y pronto descubrimos en ella el prototipo de “No es solo amor”, aquel tema de choque que, efectivamente, contenía aquel “Corredor de Fondo” de Asfalto. En las palabras de Oñate se pudo ver claramente que las viejas heridas abiertas hace 20 años siguen sin estar cerradas. El tema en sí suena similar al ya conocido, con la misma fuerza que el interpretado en su día por Richie, aquel cantante que sustituyó a Oñate en aquel disco.
Una de las mejores canciones de la carrera en solitario de Miguel Oñate se llama “Mientras”, un medio tiempo fabuloso esperado en todos sus conciertos. En esta ocasión sonó con más fuerza que otras ocasiones y, por tanto, algo menos melancólica. Brillante, en todo caso.
Una extensa y marchosa “Señorita Depresión” sirvió para ir presentando a los miembros de la banda, enfilando junto a “Esa camarera” el final del concierto. El final teórico, claro, porque ya sabéis aquello de “me voy pero ahora vuelvo, no?”.
En el intervalo en que la banda se retiró a coger fuerzas, se fue repartiendo entre el público confeti y rollos de serpentina. Pocos minutos después, y ante la insistencia del personal, el grupo volvió al escenario, siendo recibidos con la lluvia de confeti y serpentinas previamente preparada. Bajo ese ambiente festivo y navideño se produjo otro de los momentos memorables del concierto: un tranquilo acompañamiento instrumental sirve para que Oñate cante unas estrofas de “Love Me Tender”, el clásico tierno tema de Elvis Presley. Imaginad la escena: Mientras nos ponemos melancólicos, y tras un par de estrofas, el batería Chema Fernández de repente pegó un golpe a la caja, parando la canción en seco. El bajista Antonio Reyes se acercó al micro y en tono macarril dijo “aquí mariconadas, las justas” para que el batería arrancase pletórico el inicio del “Rock And Roll” de Led Zeppelin. Aquello casi se viene abajo, con todos nosotros dejándonos la garganta en ese mítico “It’s been a long time, been a long time, been a long lonely, lonely, lonely, lonely, lonely time”. El acabóse.
Pero al concierto aún le quedaba un buen rato. Miguel nos presentó un tema nuevo, llamado “El telón”, una canción triste y melancólica que habla sobre la muerte. Tras ella, Oñate se explayó a gusto contra la “Ley del Tabaco” por lo que supone de recorte de libertades, enlazando con la situación política, lo que le lleva a presentar el siempre esperado “Villancisco” llamado “El oso y el madroño”, al que cada año le retoca algo la letra, adaptando a la actualidad del momento las puyas dirigidas al gobierno del Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, en este caso para añadir alguna frase referente a la prohibición de fumar.
El sprint final del concierto llegaba, ahora sí, con otras sorpresas en forma de versiones. Una inesperada y muy bien acogida “Una copa por un viejo amigo” de Ñu, tuvo un bonito detalle cuando en un momento de la canción, Oñate cambia su guitarra acústica por una copa de Cognac con la que “brinda por tu recuerdo en mi corazón”. De lujo.
Continuando con la fiesta, otro par de versiones, esta vez más recurridas, como fueron “Smoke On The Water” y “Jumpin’ Jack Flash” dieron paso a una de las canciones más carismáticas de la carrera en solitario de Oñate, la vacilona “En el bar de Katy”, cantada a coro por todos los presentes, cerrando definitivamente con “Pura filosofía”
Dos horas largas de show pusieron punto final a este año 2005, en lo que a conciertos se refiere. Este es, si no recuerdo mal, el tercer año consecutivo que asisto a este concierto navideño de Oñate. Si no pasa nada, raro, en el 2006 estaremos de nuevo. Y que todos lo veamos.
Texto y fotos: Shan Tee
