THE WALL PERFORMANCE – Viernes 29 de diciembre de 2005, sala Luz de Gas (Barcelona)

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Desde que en noviembre/diciembre (Reino Unido/Estados Unidos respectivamente) del año 1979 saliera al mercado este álbum “conceptual”, hasta nuestras fechas, “The Wall”, el muro de Pink Floyd, salido de las excitadas y pletóricas neuronas de Roger Waters y los traumas de su infancia, ha sido multitud de veces homenajeado, alabado, criticado, parodiado, filmado, etc., con mayor o menor fortuna. El álbum y el sencillo “Another Brick in the Wall (Part II)” fueron número uno en las listas americanas del año 1980 en la “modalidad” de bandas ¿Pop? y ganaron un Grammy el mismo año por el álbum mejor producido. Gustos a un lado, “The Wall” ha vendido más de veinticuatro millones de copias, está considerado por un gran número de seguidores como uno de los mejores trabajos de Pink Floyd y un punto y ¿aparte?… ¿final?… en la carrera de la banda.

Si se presenta la ocasión de poder ir a ver uno de esos tributos al álbum (más bien a la película), si resulta que es una performance visual y sonora en la que se interpretan uno a uno todos los temas de Waters y compañía, y si además resulta que quiénes lo hacen son de la tierra y es la última actuación de la gira, no es de extrañar que acuda al evento de buen agrado y de cabeza. Tampoco es de extrañar que ahora vaya y lo casque:

Ya estaba oscuro y chispeaba un poco cuando salimos de casa y nos montamos en el coche de camino a Luz de Gas. Me da mucho coraje conducir cuando llueve, no por la visibilidad ni nada de eso sino porque no soporto el ruido que hace la goma mojada de mis zapatillas contra la de los pedales, parecida a la tirria del que no soporta arañar o que arañen una pizarra. En fin, aproximándonos ya a la zona me quitaron tres aparcamientos, eso que lo ves a cien metros, te dispones a encender el intermitente y de la mismísima nada sale otro vehículo que llega antes que tú, y mientras me cagaba en San Peo mártir una y otra vez, se hizo el milagro, justo en la puerta. No sé en otros sitios pero en Barcelona aparcar es todo un triunfo y aparcar en la puerta ya es para salir del coche y gritarle al viento “¡óle mis huevos!”, y así lo hice. Eran las ocho y media cuando entrábamos, “Hola. Tenemos acreditación”“¿Nombres?”“Sí. También tenemos”. Juan Pardo y Nana Mouskouri creo que le dije, el portero hizo como que miraba en una lista que sujetaba en las manos y, pa’ dentro. Más tarde me enteré de que si decías que venías de parte de “Nu-b” (banda barcelonesa), entrabas by the face.

Luz de Gas es una sala/teatro, más teatro que sala, decorado con grandes espejos, tapices turquesa, maderas nobles y lámparas enormes de lágrimas. El escenario es suficientemente amplio y la zona destinada a la plebe consta de dos niveles, en el más alto y en el centro está situada la mesa del técnico y la barra, cuyos taburetes me estaban recordando que el que llega primero se lleva el aparcamiento, digo, taburete. “Una mediana y un Red Bull, por favor”“¿Quieres vaso?”“Para el Red Bull sí, gracias. ¿Qué te debo?”“Quince euros”. ¡Joder!, menos mal que no quise el vaso para la birra, si no, hubiera tenido que pagar la cuenta con órganos internos. Ya adelanto que pasamos sed y no fuimos los únicos, incluso divisé a un grupo de ranas, justo al lado de dos pingüinos que estornudaban por el frío, protestando porque no les dejaban entrar las cantimploras. Sería una especie de espejismo, no sé.

Del escenario sólo se podía ver un trocito de batería, los cables y algún micro, ya que estaba parcialmente amurallado con múltiples cajas blancas de cartón a las que se les veía el celo. Joder… habiendo de ese que pega por los dos lados como hay… Dos pantallas gigantes a ambos lados y una un poco más grande en el fondo acababan de componer el escenario. Y el público, pues bastante variado, jóvenes muy jóvenes, mayores muy mayores y la media que sería de unos cuarenta tacos, más o menos. Casi todos creme de la creme barcelonesa, pijos hasta reventar y bohemios de gorros de lana. Algún garrulo también había, a parte de mi mujer y yo, conste. La sala estaba prácticamente llena cuando, a eso de las nueve y cuarto, se elevan las lámparas de lágrimas hacia el techo y aparece en las pantallas una presentadora virtual llamada Raisa, que nos comunica, con Norah Jones sonando de fondo, que el show comenzará en cuatro minutos, a la vez que se muestra un reloj digital en pantalla marcando la cuenta atrás. Justo en ese momento nos dimos cuenta de que sentarse sobre un sólo glúteo no es nada cómodo, y es que el asiento de los taburetes era diminuto, así que decidimos quedarnos de pie y acercarnos un poco más al escenario.

Cuatro, tres, dos, uno y aparecen en el escenario dos actores caracterizados de soldados, portando una antorcha cada uno, en las pantallas se lee “Derribemos el muro” mientras suena una sirena, de las de campo de concentración no las de cola de merluza. “Todos los derechos han sido violados” dice Raisa, cuando aparecen dos actrices derribando parte del muro de cajas de cartón para, por fin, verles la cara a los músicos. En la parte izquierda del escenario tenemos a Pablo Miquel empuñando una Telecaster, a su lado Eva (The dream of Eva) que se encargará de los coros, en el centro Gonzalo “Gox” Valdivia, cantante, guitarra, líder y cerebro del tinglado de la noche, y sí, os puede sonar su apellido ya que es hermano del gran Juan Valdivia, guitarrista de Héroes del Silencio, o porque tiene en el mercado tres discos con la banda El Alquimista: “El alquimista”, “Babia” y “La última carta de Sandinoche”. En la parte derecha tenemos, clavada con puntas del ocho a Queen Faci, bajo y teclado, y detrás de ella a Diego Gaudini sacándole punta a las baquetas. El equipo se completa con Víctor Recua a cargo de visuales y animaciones y el grupo de teatro Jeribeque (María, Sergio, Óscar y Pilar) que se encargará de ir representando varios de los personajes y escenas que aparecen en la película “The Wall” de Alan Parker durante todo el concierto.

Mientras los acordes van dando forma a “In The Flesh?”, Gox da las gracias por nuestra presencia a la vez que patea parte de lo que queda del muro y que los soldados están retirando. Esto suena muy bien, suena de puta madre. Aparece paseándose por el borde del escenario, una madre y su bebé de plástico (el pequeño Pink, Baby blue) en brazos, con la mirada ida y triste mientras se oyen sonidos de helicóptero y se interpreta magistralmente “The Thin Ice”, que nos muestra y cuenta el nacimiento del personaje protagonista, Pink Floyd, desde el punto de vista de la madre, como en las primeras escenas de la película que, además, se van sucediendo en las pantallas con la traducción simultánea de las letras. Empiezo a darme cuenta de que va a ser imposible estar por todo, los actores, los músicos, efectos de iluminación, las tres pantallas bombardeando imágenes, animaciones y texto sin parar… imposible, necesitaría ver la performance tres veces más como mínimo. Así que uno hacía lo que podía, porque todavía no he aprendido el arte de la bilocación.

Los “bricks” son diferentes eventos traumáticos que van elevando el muro mental creado por el protagonista, Pink Floyd, desentendiéndose cada vez más de la sociedad que lo rodea, que coincide en múltiples aspectos con la biografía y traumas del propio Roger Waters. El muro empieza a elevarse en la primera parte de “Another Brick In The Wall”, con la muerte de su padre en la segunda guerra mundial; Gox presenta a Pablo, el guitarra, mientras se marca el punteo del tema de forma exquisita. Durante “The Happiest Days Of Our Lives” aparece en escena un actor caracterizado de profesor de escuela (joputa) golpeándose en la palma de la mano izquierda con una extensa regla de madera. La consecuencia, “Another Brick In The Wall (Part II)”, el single más conocido del álbum, radiado hasta la saciedad en todo el mundo y que trae consigo un mensaje muy claro: “We don’t need no education”, la rebelión de los estudiantes frente al joputa de la regla. Gox no trajo consigo al coro de niños que a todos se nos viene a la cabeza al nombrar este tema, pero entre Eva y él, se lo montaron muy, pero que muy bien. Y Gaudini no te digo nada, un perfect. Tras el justo aplauso del respetable, Eva toma el relevo e interpreta “Mother” ella solita en interacción con las pantallas; muy guapo leer la traducción simultánea en las pantallas, acompañada de imágenes, contándonos la relación amor/odio que tiene Pink hacia su madre. “Madre, debería construir un muro”.

Más aplausos y Gox nos presenta el siguiente tema, “Goodbye Blue Sky”, diciendo que “habla de cuando se va todo a la mierda gracias a la guerra”. Un actor de singular peinado iba añadiendo “bricks” al muro conforme avanzaba el tema y en las pantallas se podía ver una animación de dibujos cojonuda, muy paranoica. El sonido es tremendo y los músicos son muy buenos. Gox juguetea con un aparatejo instalado en el micro, una especie de tubo flexible y transparente conectado a “algo”, con el que Valdivia simulaba el sonido de una guitarra con su voz; que yo recuerde, la primera vez que lo veo, la verdad, muy curioso. “Empty Spaces” es el punto en el que comienza la depresión mental de Pink en edad adulta, al que sigue “What Shall We Do Now?”, tema que solo aparece en la película ya que se excluyó del álbum por falta de espacio y que acompañan con la visión en las pantallas de la famosa animación de dos flores acariciándose, copulando, luchando y finalmente con la flor macho siendo devorada por la hembra; cojonuda. La letra habla de la superficial vida de una estrella de rock y el efecto que causa en Pink.

Lo que daría yo en estos momentos por una birra…, pero no lo voy a dar porque me parece un robo, antes me deshidrato. Especialmente brillante fue “Young Loust” donde aparece, contoneándose por el escenario, un putón verbenero (groupie) que va insinuándose a los músicos, mientras, en el lateral izquierdo del escenario tenemos a Pink en calzoncillos, sentado cabizbajo en un sofá, junto a una lámpara y un PC, inmiscuido en sus frustraciones sexuales y la desesperación de conocer los cuernazos que le ha estado poniendo su mujer mientras él estaba de gira. En una explosión de rabia contenida, “One Of My Turns”, Pink (el actor, vaya) arremete contra el público, gritándonos desesperadamente, tirándose al suelo y destrozando el PC y la lámpara en los pies de los de las primeras filas; no faltan los gritos de las mujeres que había entre esas filas, cagadas de miedo… mira que son escandalosas. Gox está pletórico y llena el escenario con sus gestos, movimientos y por supuesto su ejecución excelente de sus dos instrumentos, guitarra y voz, aclaro. Mientras suena “Don’t Leave Me Now” me llega un (rico) pestazo a hierba (de la buena) quemada, para mi que el tío se estaba fumando la planta entera, que humareda, nen. A Gox se le cae el “pinganillo” y el actor del peinado de moda sigue añadiendo “bricks” al muro, que Gox va derribando y él va reponiendo.

“Another Brick In The Wall (Part III)”, es la inminente culminación del muro mental de Pink que acaba, tras la cuenta atrás del lanzamiento de un cohete en pantallas, con “Goodbye Cruel World”, donde Pink se aísla totalmente de la sociedad resguardado tras su muro, no los necesita, a nada ni a nadie. Todos los presentes aplaudimos excitados el fin de la primera “parte” de “The wall”, ansiosos por deleitarnos con la segunda.

Tras la entrada acústica de “Hey You”, Gox presenta a Queen Faci que toma el relevo con el bajo, más tarde la voz de Gox y después la entrada de la batería de Gaudini, progresivamente. Pink pide ayuda pero el muro que ha levantado impide que los demás lo oigan con lo que cada vez se aleja más de ellos. “Is There Anybody Out There?”, nadie responde, Pink desespera y deja salir toda su angustia en forma de lágrimas, derrotado y desquiciado, mientras el actor del peinado japonés lo acaricia con dulzura, como lo haría una madre (o un padre) con su bebé. Mientras suena “Nobody Home”, se da cuenta de que se ha quedado solo, no tiene a nadie, sólo le quedan sus posesiones materiales y el muro que ha levantado. Las dos mujeres desaparecen del escenario para dejar a Pablo con el punteo guitarril y a Gox, cabreado, dándole patadas y derribando parte del muro. Acabando el tema entra de nuevo el bajo y comienza “Vera” con Eva ya en su puesto, un tema corto que hace referencia a una cantante británica contemporánea de la segunda guerra mundial, Vera Lynn, y su conocida “We’ll meet again”. Pink no desea encontrarse de nuevo con su padre, abatido en esa guerra. En pantallas se pueden ver imágenes de la película con Vera Lynn cantando “The little boy that Santa Claus forgot”, tema sobre un niño huérfano de padre. Le sigue el flash back de Pink recordando cuando los combatientes volvían a casa y él buscaba a su padre entre ellos, sin éxito, contemplaba el contraste de todo el mundo cantando “Bring The Boys Back Home” y su desesperación; el muro tomaba forma.

“Comfortably Numb” es, para un servidor, la portadora de uno (y dos) de los mejores solos de la historia del rock, a cargo de David Gilmour, alias “el tremendo”, y que Pablo Miquel interpretaría de forma magistral esta fantástica noche; los pelos de mi brazo izquierdo estaban de punta como fideos. No queríamos escapar de todo lo que estaban vomitando las guitarras cuando le llega el turno a la segunda parte de “In The Flesh?”, acompañada por las imágenes de la CNN grabando los atentados en Nueva York, la angustia, la desesperación y la rabia de los ciudadanos y las colisiones contra las torres gemelas. El tema, interpretado fuera de contexto, llegó a ser himno de un violento grupo racista llamado “Hammerskins”; el tema no es más que un Pink sometido a las drogas, alucinando con verse como un dictador, pasa por su cabeza el racismo y el fascismo, los judíos, negros, homosexuales… En el escenario, lo que parecen dos nazis, uno a cada lado, el de la izquierda con los brazos elevados y en cruz, y el de la derecha portando una bandera con dos martillos cruzados como logotipo. En la conocida “Run Like Hell” y continuando con la alucinación del antihéroe, este último se pasea por las primeras filas con cara de grandísimo hijo de la… y entrega la bandera a un espectador, le dice que la eleve bien alto, se lo ordena más bien, y se mete entre el público y permanece ahí, mirándonos a todos como si nos perdonara la vida. Gox vuelve a utilizar el aparatejo ese que emula el sonido de una guitarra, distorsionando a saco, con su voz y esta vez la que se luce es Queen Faci acariciando el órgano (ejem…) Que sed, la virgen…

Lo gusanos, las malas ideas e intenciones de su alucinación, se apoderan de la mente de Pink sin oponer apenas resistencia, “Waiting For The Worms”. Gox comienza a cantar mediante un pequeño megáfono y al rato desaparecen los músicos y comienza una continua sucesión de actores en el escenario, el joputa del profesor de escuela con la cabeza del bebé de plástico en las manos, la madre de Pink y su mujer con el fondo de música de dibujos animadosdiscutiendo y mirándose con odio, y el del peinado añadiendo “bricks”. La discusión acabará en “Stop” con la madre sacando fuera del escenario a la mujer, arrastrándola de los pelosSe incorporan todos los músicos, Gox con gafas de sol y un pitillo en la boca. Pink ya está cansado del puto muro, su alucinación cesa y comienza a plantearse seriamente el derribarlo en una lucha entre él y él mismo. Pablo interpretará el tema final, “The Trial”, que se supone que es la lucha de la que he hablado antes, entre Pink y el muro, y el esperanzador final para el atormentado protagonista, que llega con un “¡Echen el muro abajo!!” de Gox, mientras todos patean las cajas de cartón. Gox presenta a toda la banda y a la compañía de teatro y se despide del respetable diciéndonos que ha sido un auténtico placer y la mejor noche de la gira (pelotilla, pelotilla…). El público se dejó los labios y los dedos silbando y no dejamos de aplaudir durante unos dos minutos, que se dice pronto.

La banda, como era de esperar, vuelve al escenario y Gox nos cuenta que ha sido una gira muy complicada, debido a las fechas y promoción a nivel local, que en su mayoría caían en días laborables y que no habían conseguido llenar ningún recinto excepto este, el de esta noche y con gente tan acojonante (pelotilla, pelotilla… Parte II) Para finalizar, nos ofrecerán, según palabras de Gox, “las dos canciones más bonitas de Pink Floyd”, pide perdón por el atrevimiento y nos acaban de noquear con “Dogs” del grandísimo “Animals” del 1977 y “Shine On Your Crazy Diamond” del no menos grande “Wish you were here” del 1975; “Recuerda cuando eras joven, brillabas como el sol, sigue brillando tu diamante loco. Ahora hay una mirada en tus ojos como agujeros negros en el cielo, sigue brillando tu diamante loco” (o algo parecido); le faltó el saxo del final para que me la sacara delante de todos. Gox nos dice que por problemas de horario no podrán continuar ya que pasaban cinco minutos de la hora prevista para la actuación de otra banda. Eran las doce y cinco minutos y, nos quedábamos sin los bises “Time” y “Wish you were here”. Joder, ¡que se esperen, me cago en mi prima!, pues va a ser que no, entran los porteros y nos van desalojando, que es gerundio.

Una noche realmente cojonuda, quitando los precios de la barra y el problemilla con la hora, el resto de excelente. Gonzalo y su banda supieron imprimirle a todos los temas, un toque propio, sin quitarles nada de fuerza. Pedazo de artista está hecho, no conocía nada de su carrera musical pero, la verdad, voy a ponerle pronto remedio, de momento en la zona de merchandising ya me he agenciado su último disco con El Alquimista, “La última carta de Sandinoche”, y huele que alimenta. Una pena que no hayan llenado lo que debieran haber llenado porque la verdad es que se han marcado un tributo cojonudo, supongo que a Waters o Gilmour no les desagradaría en absoluto, todo lo contrario. Más cosillas como esta hacen falta por estas tierras, ¡leñe!

¿Dónde hay que firmar para repetir?

Texto y Fotos: Didac Bello “Crucificado”