Una llamada a la nostalgia. La noche prometía devolvernos 20 años atrás, íbamos preparados para desempolvar un montón de recuerdos, de canciones nunca olvidadas y aparcadas en nuestra memoria como parte de nuestro desarrollo como personas y como rockeros, pero también nos atraía la curiosidad de saber qué es lo que estos grupos nos podían ofrecer en la actualidad.
El evento se produciría en la sala Arena (ahora la llaman “sala Heineken”), un garito más adecuado para sesiones de dance que para conciertos de rock, aunque ya llevamos unos cuantos allí. Su estructura, con la barra en el medio de la pista, no favorece la visión de los espectadores que no consigan una buena ubicación una vez completado el aforo. Pero lo peor que ese día tuvo la sala, sin duda, fue el bull-dog disfrazado de portero que había a la entrada, que protagonizó un lamentable espectáculo. Uno de los asistentes, bien es cierto que mamao de alcohol, fue a entrar sin esperar cola, siendo recriminado por el portero en cuestión, al principio con buenas formas, hasta que dos minutos después, ante la insistencia (pacífica) del borrachín, con su entrada en la mano, la paciencia de este bípedo con más músculos que cerebro se agotó, propinándole una espectacular paliza a la vista de todos, quienes intentaron mediar para parar la colección de puñetazos y patadas en la cabeza que repartió al pobre indefenso, tirado en el suelo. Desde este humilde rincón de Internet deseamos que este lamentable espectáculo no se produzca nunca más y que la sala contrate la próxima vez a su personal con un criterio personal más racional, y se abstenga de poner en la puerta a un gorila, ya que además de ser un animal peligroso es una especie protegida que debería vivir únicamente en la selva o en algún zoológico, tras unos barrotes que le separen de la raza humana.
Perdonad el arrebato, pero si no lo digo, reviento.
CASABLANCA
Puede que muchos de vosotros, sobre todo si aún no habéis cumplido la treintena, desconozcáis quienes son Casablanca. Sirva una pequeña introducción histórica para remediarlo.
Nacidos como Mamut a principios de la década de los ’80, de la mano de sus fundadores Pachi Escolano (guitarra) y Carlos “Nano” Hervás (bajo y voz), junto con Pepe Rodríguez (batería), se estuvieron pateando Madrid ganándose un nombre en el circuito underground. Su estilo, alejado del naciente Heavy Metal, les dejó un tanto en tierra de nadie. Mediado el decenio, cambian su nombre a Casablanca, y se incorpora al grupo el desaparecido Terry Barrios, que compagina con su actividad en Topo. Corría el año 1985. A partir de entonces, su camino se vio jalonado con la edición de 3 discos (“Rock and Roll en el bar de Rick”, “La noche” y “Rio”) que, sin llegar al éxito masivo, les confiere una buena reputación. La muerte de Terry Barrios es el epitafio del grupo. Mediados los ’90 hay un intento de retomar Casablanca por parte de Pachi Escolano, quien cuenta con Candi Abelló al bajo, Lourdes del Pino (voz) y Ángel Crespo (batería) para grabar “Cuatro” (1994). Pero poco después desaparecen de la escena de nuevo. Hace unos meses tuvimos constancia de este nuevo resurgimiento. Para ello han contado con José Manuel Fernández, batería que en los ’80 perteneció a Marshall Monroe (otra formación madrileña de la que hablaremos cualquier otro día, y de donde salió también, por ejemplo, Juanjo Melero, ex guitarrista de Sangre Azul y actualmente con Sherpa).
Poco tiempo después de la hora señalada para el inicio del concierto, un hombre de mediana edad subió al escenario para presentar al grupo. Ese hombre era nada menos que Luis Carlos Buraya, uno de los periodistas con mayor prestigio en la historia del rock en España, y que fue pieza fundamental en el nacimiento de Casablanca, años ha. La cosa empezaba bien.
Pronto, los miembros de Casablanca tomaron el escenario. Los años no pasan en balde para nadie, y tanto a Pachi Escolano (guitarra) y como a Carlos “Nano” Hervás (bajo), los miembros originales, se les ve ya talluditos, como si hubieran pasado 20 años desde la única vez que les vi en directo. Y sólo han pasado 19 y medio, creo… Más jóvenes son los otros dos miembros del grupo, José Manuel Fernández (batería) y un cantante llamado Íñigo, del que desconozco su pedigree.
Comenzaron con “Luna”, tema de reciente composición y, por lo tanto, desconocido para la gran mayoría de los asistentes. Quizás por ese desconocimiento por parte del público, el ambiente estaba algo frío. A todos los miembros de Casablanca se les veía con ganas, en especial a Nano, a quien se le veía disfrutar como un ídem sobre el escenario. Pero también se les veía algo nerviosos, deslabazados… no conseguían conectar, sonar compactos, quizás les pesaran los nervios tras tanto tiempo sin tocar juntos ante la expectación que había en la sala para su actuación. Continuaron con “Memoria al fin”, un tema que yo desconocía por completo. Íñigo, el cantante, se muestra bastante tímido en escena pero su voz cumple sobradamente, empastada con acierto en el sonido del grupo.
Pachi nos presenta “Santos Inocentes”, el siguiente tema. Tampoco lo conozco, vaya por Dios… Sin embargo, el concierto se empieza a calentar, quizás por la gran calidad de la canción, hard rock melódico y agradable, que va in crescendo para acabar pleno de intensidad. De buena parte de ello es culpable José Manuel Fernández, quien con su batería lleva en volandas al grupo, junto con Nano, demostrando que son una excelente base rítmica. “Da tu primero” destaca por los dos espectaculares solos de guitarra por parte de Pachi, en medio del tema y al final.
El público termina de desperezarse y Casablanca despega ya sin dudas, y qué mejor para ello que atacar con “Mamut”, un tema más hardrockero que lleva el primigenio nombre de lo que después fue Casablanca. Pachi está ya desatado, y nos regala solo tras solo de impecable factura. Nano y José María se complementan a la perfección y son responsable del sonido compacto y cálido que nos acompaña. Íñigo demuestra que es un gran cantante, tanto por facultades como por la forma de modular la voz. Sólo debería trabajar un poco esa puesta en escena, relajarse un poco y disfrutar, que la música de Casablanca está hecha para eso.
Al acabar el tema, Nano da un respiro al concierto para decirnos unas emocionadas palabras sobre Terry Barrios, que siempre fue un personaje entrañable y muy querido tanto por sus compañeros como por el público. A él va dedicada la siguiente canción, “Pregunte a su mujer”, un delicioso tema muy bien recibido con palmas por parte de todo el personal, ya plenamente integrado con el grupo. Antes de dar paso a los primeros invitados, tocaron “U2 y Aleluya”, una gran canción muy hardrockera.
Según estaba anunciado, uno de los alicientes del concierto era la presencia de varios invitados. El primero de ellos iba a ser Miguel Oñate, el gran cantante que protagonizó una de las mejores épocas de Asfalto mediados los ’80, con la factura de dos excelentes discos (“Más que una intención”-1983 y “Cronophobia”-1984) Desde entonces se limita a dar esporádicos conciertos en los que siempre demuestra las grandes dosis de talento que atesora. Su entrada al escenario en loor de multitudes, con una gran ovación por parte de todos, demuestra que sigue siendo querido y recordado. Miguel Oñate, además de una privilegiada voz, siempre ha estado sobrado de carisma, y no lo ha perdido. Su simple presencia, con una guitarra acústica, llena el escenario como poca gente puede hacerlo.
Acompañado por Casablanca al completo, Miguel Oñate se arranca con uno de sus temas en solitario, “En el bar de Katy”, un Rythm&Blues pegadizo que nos hace bailar, dar palmas, mover los pies… Curiosamente, un tema que nunca ha sido grabado de forma oficial nos llega de tal forma que coreamos el estribillo como si fuera el clásico definitivo. Miguel lo sabe y en medio del tema nos deja cantar acompañados de nuestras palmas, convirtiendo la canción en una fiesta.
Miguel Oñate aún estaría en el escenario para una canción más. Esta vez despojado de su guitarra acústica, leyendo la letra en una chuleta cantó, junto a Íñigo, “Me liaste niña”, del primer disco de Casablanca “Rock & Roll en el bar de Rick”. La característica fuerza de Oñate confiere a la canción un punto añadido, sonando muy rockera y más rápida que la original. El dueto formado por Íñigo y Miguel queda de lujo, repartiéndose las estrofas de la canción entre ambos.
El concierto ya se ha convertido en una fiesta, y no va a decaer. José Manuel deja su puesto en la batería para acercarse al borde del escenario, coger el micrófono y presentar a su amigo y antiguo compañero en Marshal Monroe, Jorge Amularo, (antes conocido con su nombre real, Jorge Fontecha) actual cantante de la Vargas Blues Band. Este verano tuve ocasión de verle actuar en Alcalá de Henares y traía un fresco recuerdo de su voz, así que me preparé para lo mejor. También se subió al escenario Esther Lago, actual cantante junto a El Lili (presente entre el público) de Sangre Azul 2005. Para recordar viejos tiempos, todos juntos cantaron uno de los mayores éxitos de Marshal Monroe, “Noche de amor”. Jorge demuestra que, como el buen vino, ha mejorado con los años. Su voz es ahora más poderosa que antaño, y ha ganado en fuerza. Un grandísimo cantante, sin duda.
Esta jam no iba a terminar aquí. Acertadamente atacan con “Corta la sesión”, la canción que dio a conocer a Casablanca, tema de corte muy festivo en el que los tres cantantes presentes en el escenario se van turnando las estrofas, con Esther Lago interpretando con acierto la parte que en su día grabó Azuzena, ex-cantante de Santa recientemente desaparecida. Iñigo y Jorge bordan su parte, y el grupo no le va a la zaga. Definitivamente ya se puede calificar su concierto como un éxito, y sólo hay que ver las sonrientes caras de todos los asistentes para confirmarlo.
Entre aplausos, los invitados van dejando el escenario. Nano presenta a todos los compañeros actuales de Casablanca, y para despedirse, tocan “Lecciones de felicidad”, un puro Rock and Roll que termina en un final atronador que deja a todo el mundo plenamente satisfecho.
A pesar del titubeante comienzo, el concierto de Casablanca fue bonito, entrañable, festivo y rocanrolero. Espero y deseo que esta nueva etapa sea lo más larga y fructífera posible.
LELE LAÍNA Y JOSÉ LUIS JIMÉNEZ
Dos leyendas vivientes de la historia del Rock en España. Hace poco más de un año decidieron retomar su actividad, grabaron un disco acústico con algunas de sus mejores canciones grabadas en los discos de Topo y aquel mítico primer disco de Asfalto, y se han lanzado a dar unos cuantos conciertos, en los cuales siempre hemos intentado estar presentes. Por ello, comienzo esta crónica intentando no repetir lo que ya os conté en las anteriores ocasiones en que esta formación han aparecido en nuestra sección de Conciertos. Al fin y al cabo, ya ha pasado más de un año desde la última vez.
Uno a uno, con plena sonrisa en la cara, aparecen en el escenario. José Luis Jiménez toma el centro, escoltado por Lele Laína a su derecha y a un joven guitarrista que les acompaña últimamente, y del que desconozco el nombre. Tras ellos, como es habitual, Bulli en la batería.
Unas simples palabras de José Luis para saludarnos y para decirnos que no podían hablar mucho ya que el tiempo apremiaba, así que sin dilación arrancaron con “Cantante urbano”, ¡ahí es ná! Todos los presentes, que ya llenábamos la sala, cantamos a pleno pulmón toda la canción. Esta circunstancia se dio en casi todo el concierto, y es que con semejante colección de clásicos, todo es mucho más fácil. Sin dilación siguieron con la chulesca “El Blues del Dandy”, con todo el público entregado. El legendario juego de voces entre José Luis y Lele sigue funcionando como el primer día, y se alternan las estrofas de cada canción. Es algo que siempre me ha gustado, los grupos con más de un cantante normalmente se reparten las canciones, pero pocas veces construyen un tema para jugar con más de una voz, algo que le confiere una riqueza mucho mayor. Y en eso, Jiménez y Laína son maestros.
Lele calma un poco el ambiente con el repaso geográfico que supone “Colores”, llena de añoranza y sentimiento, antes de presentarnos una de las nuevas canciones que nos habían prometido. José Luis nos dice que formará parte de un nuevo disco, que lo mismo se distribuye gratuitamente por Internet ya que la Compañía ha quebrado… El caso es que escuchamos un nuevo tema llamado “El depredador”, cantado por ambos. El público no sé si la recibió con frialdad o con expectación, valorando la calidad de este tema a su primera escucha. A mi me dejó algo frío.
Al igual que había hecho Casablanca, hubo un recuerdo para Terry Barrios, a quien, como siempre, dedican una canción que brillantemente interpretaba en sus días con Topo: “Vallecas 1996”, recibida con mucho entusiasmo y únicamente lastrada por ciertos titubeos de Lele a la guitarra, algo que se dio en algunas fases del concierto. Tras ella, Lele nos presenta una vieja canción de Asfalto que han recuperado en esta nueva etapa. Tan antigua que nos trae aromas de los ’70, los hippies… la dulce “La isla del amor”, cantada por todos nosotros, como toda la noche. Al entrar en la segunda estrofa, José Luis se pierde, no entra a tiempo… y le da la risa, mientras el grupo sigue tocando. No hay problema, estamos en familia y al siguiente compás entra sin problemas.
José Luis nos recuerda que hace 30 años, cuando ellos grabaron el primer disco de Asfalto, empezó la costumbre de encender mecheros en las canciones lentas y nos requirió a ello. El motivo, una de las baladas con más sentimiento que conozco: “Rocinante”. Emotiva, conmovedora… nos rompimos la garganta y rejuvenecimos muchos años. Pocas canciones provocan tanto desbordamiento de emociones. No exagero cuando os digo que vi lágrimas a mi alrededor. Para continuar, una coetánea: “Ser urbano”, antes de dar un salto en el tiempo y presentarnos la segunda canción nueva del set, llamada “El Bosque”, y que me dejó mucho mejor sabor de boca que la primera. El tema inicia de forma lenta y suave, para ir ganando en intensidad hasta el final.
Una cañera e inconfundible introducción al bajo nos hace reconocer de inmediato “El Palacio del Terror”, que suena muy cañera, con un trabajo impresionante por parte de José Luis Jiménez, y un bonito solo de los dos guitarristas. Tras ella, como conocida introducción del siguiente tema, José Luis nos pregunta cómo estamos. ¿Cómo vamos a estar? Encantados de vivir una noche mágica más. Es el pie de entrada a “Los chicos están mal” cantada y bailada con todo el público. Antes de acabar, la funden con “Marea negra” cuya letra lamentablemente nunca deja de estar de actualidad. No termino de entender por qué no se deciden a llamar TOPO a esta nueva andadura, es el nombre que todos tenemos en mente sobre lo que estamos disfrutando.
Pocos baterías de Rock encontraremos con tantas tablas como Bulli. Su técnica y energía le dan un valor añadido a la banda. Un pequeño juego con la caja da paso a una de las mejores canciones jamás escritas en lengua castellana: “Días de escuela”. Inenarrable, como siempre. Cada vez que la escucho se me pone la carne de gallina, y esta vez no es menos. Y por las reacciones que veo a mi alrededor, sé que no soy el único, el ambiente es indescriptible.
Aquello era una fiesta, y para terminar de hacerla mítica, José Luis Jiménez invitó a subir al escenario a todos los músicos que habían intervenido esa noche. Desgraciadamente, Miguel Oñate ya no se encontraba en la sala, pero el resto llenaron el escenario para, según José Luis, dedicarnos un villancico, dadas las fiestas navideñas. Pero de villancico nada, lo que tocaron todos juntos es la blusera “Trae a casa tu amor”, esa versión de Sam Cooke que han hecho suya desde los primeros tiempos de Asfalto.
Tras este tema se despiden, pero todos sabemos que habrá más, así que se lo pedimos sin descanso hasta que vuelven al escenario. Bulli se sube a la batería y comienza a acompañar nuestros cánticos con unos redobles, y sigue y sigue… hasta que el grupo al completo se adapta a su ritmo para empezar “Capitán Trueno”. Quizás de todos los “clásicos indiscutibles” de la formación sea el que yo más “discuta”. Creo que ni la música ni la letra han soportado el paso del tiempo tan bien como el resto de canciones. Pero por lo que veo a mi alrededor, debo ser el único que lo piensa, porque allí se desata la locura, con todo el mundo saltando y bailando.
Y para terminar, el fin de fiesta que no por esperado deja de ser impactante. Todos los invitados se vuelven a subir al escenario para tocar ¿cuál si no? “Mis amigos donde estarán”, alargada y con varios solos de guitarra entre los que destaca sobremanera el de Pachi Escolano. El concierto acaba como una fiesta en el más amplio sentido de la palabra y, como siempre, deseamos que la próxima ocasión no se retarde demasiado.
Noches como esta son las que me hacen feliz.
Texto y fotos: Shan Tee
