Editorial Enero 2006: “Salmones y rock”

¡ Comparte esta noticia !

Paremos un momento y echemos un vistazo a lo que nos rodea, musicalmente hablando. Una vez visto el panorama, intentemos preguntarnos sobre ello y dotar de explicación a cada una de las cosas que percibimos. Notaremos como: a) No encontramos explicación, b) Hay un amplio abanico de ellas, c) Tenemos los indicios, pero habrá que unir cabos para completar la soga.

¿Por qué tenemos un panorama tan patético?, ¿Por qué nos conformamos con tan poca cosa?, ¿Hemos perdido la capacidad crítica, o nunca la tuvimos? Pues, aunque siempre se eludan, estas y otras preguntas tienen respuesta, y se encierra formando un tirabuzón en esta otra pregunta: ¿Cuándo carajo vamos a colocar el listón de la exigencia en un lugar mucho más digno?

Hay un público -mayoritario hoy día- cuyo nivel de exigencia es nulo. De ahí que haya grupos que campen a sus anchas por las televisiones musicales, emisoras principales y ciberespacios específicos. No le echemos las culpas solamente a la industria o al mercado, que esto es una cadena, aunque muchos comportamientos lo sean por estar condicionados.

La industria modela los gustos de quienes no tienen criterio y, aprovechando la coyuntura, el paso por caja se hace ineludible (con permiso de Mr. P2P). Esto, en sí, es una perversión que permite seguir vendiendo motos porque sigue habiendo quien las compra. No tendría espacio suficiente para hacer una lista completa, pero la inmensa mayoría de los súper-ventas, a unos les dan asco y a otros pingües beneficios.

En el lado opuesto está quien dice lo que opina porque puede. Unos piensan que se trata de un “elefante en una cacharrería” aunque su torpeza lo detecta como una china en el camino. Otros, por el contrario, lo leen como “haz el bien y no mires a quien”, incluso lo agradecen. Sin embargo, la realidad está en que nadar contra corriente es sinónimo de hacer deporte y fortalece, sobre todo, el criterio. Que se lo digan a los salmones, que no lo hacen por deporte sino por supervivencia.

Cuando se opina para bien se es cojonudo, pero cuando la cosa se resiste parece que hay quien arruga el hocico. Eso es falta de cultura, falta de educación y falta de escrúpulos. Oiga usted, no me ponga en el oído su arte si no quiere que le diga lo que opino, de lo contrario aténgase a las consecuencias, vamos, digo yo, ¿no? Pues eso.

Y tranquilo todo el mundo, que la industria no se va a resentir, pero solo ese hecho compensa. A veces, el exceso de información no produce sino bloqueo mental, así es que al grano: Al pan pan, y al vino…

Alvar de Flack