Segundo asalto en el cuadrilátero del Rockero. Si la noche anterior fueron los pesos pesados de Obús, esta vez le tocaba a otros no menos veteranos, los Barones. La sala tenía una mayor asistencia que con los de Fortu, yo creo que debido a que era sábado y ya había habido mayor difusión del concierto.

Como plato entrante antes de Barón Rojo, dos bandas de aquí, de la tierra, Sin Permiso y Kürt.
Eran las 23:20 de la noche y ya había algo de retraso, mis rodillas me decían que tenía que ser cauto y tener en cuenta que no estoy para muchos trotes. Así que con un botellín de cerveza “sin” en la izquierda y libretilla en la derecha me dispuse a comprobar qué tenían los SIN PERMISO que ofrecer. Ahí estaban, con ganas de comerse el escenario rompiendo con un tema rápido, cañero y punkarra, estilo que desarrollaron en todo su repertorio. Sin casi pausa, como es menester en este tipo de actuaciones, prosiguen con una electrizante y crestil versión de “Dulce castigo” de los de Orense, que sirvió para que los que no estemos muy familiarizados con la parafernalia Oi y el pogo, esbozáramos una sonrisa de complicidad y aprobación. Mi cuerpo se quiso rebelar ante esos acordes, pero la sensata rodilla me recordó que si sonaba “Campo de Concentración” o “Con botas sucias” un par de horas más tarde acusaría tal abusivo despiporre.
Casi no lo habíamos digerido cuando otro trallazo más a lo Reincidentes desató a las primeras filas que empezaron a bailar pogo de una manera salvaje. A continuación, presentaron la pegadiza y explícita “Puto Yanki”, que fue muy celebrada entre los incondicionales que seguían empeñados en destrozarse las espinillas, mientras el batería aporreaba como un endemoniado. Después de esto, creí que iban a tomarse un descanso para reponer fuerzas, pues la siguiente canción comenzaba con una intro algo más pausada, pero qué va, un riff de guitarra crudo y directo nos recordaba que ellos habían venido a hacer Punk esta noche. Aquí ya dije, “me voy a la zona de seguridad”. No les falta humor cuando dicen que nos dedican una balada “¿jebi?”. Un minuto duró la broma en forma de tralla sónica. Guiños en la siguiente a S.A. con toda clase de vocablos que no viene al caso mentar dieron paso a una versión de “unos primillos de Graná”, “Camina o revienta”, con un estilo Punk aflamencado que quedó vacilón. Y sin tregua la empalmaron con otro himno Punk algo Ska. Lo que pasa con estos conciertos es que siguieron tocando varios temas, rápidos, seguidos y que casi pierdo la cuenta (14 en total). Se despidieron de nosotros diciendo que éramos la p… y cosas por el estilo.
KÜRT: tenía ganas de verlos, y sobre todo porque era la segunda vez que podía disfrutar de su sonido más ecléctico y sin nada que ver con los Sin Permiso. Con un “buenas noches a todos”comienzan a dar guitarrazos Rubén y sus secuaces, en una intro larga, instrumental y oscura. Esta noche abren para Barón Rojo y se les nota en la cara, están felices por ello. “Camino” es el tema elegido para abrir el concierto. Si bien al principio el sonido no les acompañó, con el rápido “El pobre”, que dedicaron, fue mejorando aunque algunos acoples se podían sufrir aún. Sus incondicionales y fieles de Olula estaban allí y por ello se merecieron otra dedicatoria en “Avaricia”, con un riff potente y pesado y con tintes moriscos y un par de cambios de ritmos que quedaron bastante bien. Igualmente dedicaron “Habla antes de pensar” (a este paso se iban a quedar sin personas a las que dedicar, y algunos ya se ponían a la cola), un tema con un sonido fuerte y sucio en los que todo el grupo parecía disfrutar y estar pasándoselo bien. Tras afinar los instrumentos, que después de tanta caña sufren, cayeron “Luchando por sobrevivir” y la balada “Cayendo del Infierno”. Y para acabar, “¿Por qué?”, más metalero que el sonido oscuro y nirvanero que caracteriza a esta banda. El semblante de Rubén era de auténtica satisfacción, de hecho quién puede presumir de ser telonero de una auténtica leyenda como son Barón Rojo y tener la juventud de la que Kürt pueden alardear.

Señoras y señores, los motores del circo del Rock ya están lo suficientemente engrasados y a punto para que los asistentes esperemos impacientes a que los hermanos de Castro y sus compinches suban al escenario. Y no es hasta las 1:17 horas de la madrugada cuando aparece una figura entre las sombras que se acopla a la batería mientras suena una intro de guitarra avisando que Los Hermanos ya están aquí, dispuestos a no dejar a ninguno de “Los desertores del Rock” con vida, y es por ello que comienzan con la coplilla que lleva dicho nombre (¿se lo dedicarían a alguien?)
Los allí presentes ya estábamos contentos, huele a nostalgia rockera por toda la sala, y para que no se nos olvide que los Barones no nos van a dejar que nos aburramos prosiguen con “El pobre”, temazo que personalmente me gusta. Ya van dos canciones de su “Larga vida al Rock’n’Roll”, y hay que seguir, y lo hacen con “Diosa razón”, del “Metalmorfosis”, esto no acaba más que empezar, quedaba mucho aún por desgranar de su ya larga carrera. Para mi sorpresa arremeten con una versión de los australianos más famosos junto con los canguros y que no hace falta presentaciones (Inxs no son, por supuesto), “What´s Next To The Moon”, que plasmaron bastante bien. Primer pelotazo directo del “Volumen Brutal” a la cara: “Incomunicación” que comenzó con una introducción a base de jugar con distintos riffs entre Los Hermanísimos. Aquí se recrearon en tocar la armónica y deleitarnos con distintos lucimientos a las seis cuerdas.
Mis vecinos y compañeros de metro cuadrado ya estaban con sus guitarras imaginarias a todo trapo (yo es que soy más de Hammond) y para remate el siguiente trallazo es “Las flores del mal” al que le siguió otro del álbum “Desafío”, concretamente “Te espero en el Infierno”, formando un puente perfecto con “Cueste lo que cueste” para entrar de lleno en “Concierto para ellos”, que puso los pelos como escarpias a más de uno de los que allí estábamos. Aquí se permitieron el lujo de hacer algunos guiños a un tema de Queen, del que sinceramente ahora no recuerdo (“Bycicle” seguro que no).
“Cuerdas de acero”, de “En un lugar de la Marcha”, fue el elegido para que el ritmo no decayera, y ya las gargantas de algunos estaban perjudicadas de tanto corear. Y es que con cada canción, los más cercanos allí presentes nos mirábamos, sonreíamos como diciendo, “sí ésta también la están tocando, y cómo lo estoy disfrutando”. Volvieron a lucirse con solos de guitarra, que pudieran parecer en algunos momentos a cierto sector del público algo largos, pero esta vez quisieron paliar tal sensación con los clásicos juegos con los allí presentes, al cual le añadieron un medley de música que parecía influenciada por danzas húngaras.
Bueno había que ponerse serios, pues llegaba “Con botas sucias” y en este tema es el turno del solo de bajo a cargo del ex–Niágara Ángel Arias, que también tiene su momento estelar. Al igual que hicieran Obús el día anterior, introdujeron entre medias del tema una versión de la “Tierra de las mil danzas” y de otra de Cream que tampoco recuerdo el nombre ahora.
Después de tanto ajetreo y aporreamiento de cuerdas era el momento de hacer un primer descanso para dirigirse al público y agradecer el esfuerzo de los promotores de la idea de la Sala El Rockero por haber parido tamaño proyecto y deseando toda la suerte del mundo para ello. Se presentan y aquí están los integrantes de la cuadrilla de la muerte: Ángel Arias, José Martos y Armando y Carlos de Castro. Es cuando toca pues una balada que relaje el ritmo trepidante de puro Rock, y que mejor que “Siempre estás allí”, del “Metalmorfosis”.
Esto no quiere decir que se iba a acabar la cosa, que va; “Resistiré”, aquí ya mi maltrecha rodilla estaba ya por encima de mi hombro y el Hammond lo mandé a freír espárragos. Cogí la guitarra imaginaria de mi vecino de la derecha y empecé a dar guitarrazos que ya quisiera Pete Townshend. La sala se incendió casi literalmente, con todo el mundo en una fiesta que veía que no iba a terminar aún.
Tras la tormenta sónica se retiran, hay que comprender que la edad no pasa en balde y que es el momento de los bises. No se dilatan mucho para no enfriar el local, que a estas alturas estaba con un calor sofocante y asfixiante. “Breakthoven” precede a “Barón Rojo”. La gente se sabe las letras y no importa la edad de los que allí asisten, pues todo el mundo las corean.
Otra pausa y ¿qué nos queda? Pues tres joyas seguidas, disparadas como una ametralladora sin compasión: “Son como hormigas”, “Casi me mato” y “Los rockeros van al Infierno”. Mi rodilla debía andar por las primeras filas de fiesta pero es que me daba igual. Esto es una fiesta del quince. Y cómo no podía acabar una fiesta si no es con los acordes del “Smoke On The Water” de los conocidos Purple y colofón final con el “Highway To Hell” de los otros mentados anteriormente. Los parroquianos no queríamos que se fueran, pero una mirada al reloj nos hizo volver a la realidad: son las 3:30 de la madrugada, y estos veteranos del Rock nos han hecho vibrar por más de dos horas. En resumen, un gran concierto, remate final de un fin de semana rockero en una tierra que a veces está sedienta lo mismo de agua que de conciertos, pero que poco a poco va teniendo ideas y proyectos como el que asistimos.
¡¡¡Larga Vida al Barón!!!
Texto y fotos: Wsnake
