WHITESNAKE + ÑU – Viernes 16 de junio de 2006, sala La Riviera (Madrid)

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La llegada a España de los superventas Whitesnake siempre es un acontecimiento. En esta ocasión, había en el ambiente un aroma a repetición de la jugada, ya que a priori no habría muchas diferencias con el que la banda de David Coverdale nos ofreció en su última venida, en octubre de 2004. Misma sala (La Cubierta de Leganés), misma formación (excepto por el bajista Uriah Duffi en lugar del pluriempleado Marco Mendoza) y, por las noticias que nos llegaban, set-list con muy pocas variaciones con respecto al ofrecido dos años antes.

La presencia de Whitesnake en dos grandes festivales españoles ese mismo fin de semana (Lorca Rock y Monsters of Rock en Zaragoza), unido al alto precio de las entradas, restaron poder de convocatoria al evento, lo suficiente para cambiar la ubicación definitiva de la Cubierta de Leganés a La Riviera, algo más pequeña y, afortunadamente para todos, con mejor acústica, dato innegable que para los que asistimos a la descarga madrileña nos supo a buena noticia.

Finalmente, la sala se llenó en prácticamente su totalidad, con un agobiante calor propio de las fechas en las que nos encontrábamos.

En esta ocasión el promotor nos ofrecía unos teloneros de lujo, los incombustibles Ñu a los que personalmente hacía mucho tiempo que no veía en directo, por lo que representaba un gran aliciente añadido a la noche. Tenía noticias del excelente estado de forma de la banda, y ardía en deseos de comprobarlo personalmente. Estas ganas de ver a la banda no eran únicamente mías. La trayectoria y el prestigio ganado a lo largo de los años por Ñu se palpaba en el ambiente, con gran cantidad de público deseoso de que empezara su actuación.

Con puntualidad exquisita, los músicos tomaron su puesto en el escenario y de inmediato comenzaron con “Manicomio”. Realmente el grupo suena más duro que nunca, la formación actual suena como un tiro, cañera y contundente. La base rítmica compuesta por los burgaleses Gorka Alegre y Javi “Búmper” da a la banda una firmeza rocosa que ya quisieran la mayoría de los grupos, dando el soporte perfecto para el lucimiento de un brillante Manolo Arias y, cómo no, la legendaria figura de José Carlos Molina, con una jovialidad y energía sorprendente y, desde luego, envidiable.

Siguieron con la cachonda “Animales sueltos”, en la que Manolo Arias se luce, a pesar de que su guitarra no se oye todo lo nítida que debería, en el único lunar de un buen sonido general, teniendo en cuenta su posición de teloneros. No podemos decir lo mismo de su asignación de luces, reducida a cuatro focos a todas luces (nunca mejor dicho) insuficientes.

Los técnicos de Whitesnake presentes en la sala miraban asombrados la respuesta del público a la actuación de Ñu, y la explosión de júbilo que acompañó el inicio de “No hay ningún loco” les terminó de descuadrar, ya que parecía que estábamos frente a las estrellas de la noche.

José Carlos Molina estaba de muy buen humor, posiblemente debido a este éxito, y no dejó de bromear en todo el concierto. La cachonda y bien recibida “La Granja del Loco”, con el público bailando sin cesar, mantuvo el ambiente festivo que acompañó su concierto, con José Carlos bromeando durante el tema al sacarse una petaca y echarse un trago, mientras la banda seguía sonando como un cañón, firme y compacta. Al final del tema, José Carlos bromeó sobre la letra, y ese imitador que le ha salido… Opá!, con carcajadas generalizadas del público.

En este momento la banda decidió echar un poco el freno, dándole a esta parte del concierto un momento más relajado. José Carlos Molina se colgó una guitarra acústica y comenzó la interpretación de la preciosa “Trovador de ciudad”, cuya emotiva interpretación fue in crescendo en uno de los mejores momentos de la noche, por la intensidad con la que fue interpretada. Manolo Arias estuvo inmenso en la parte más bluesy, tomando el resto de la banda pleno protagonismo cuando José Carlos desapareció por unos momentos del escenario. Gorka Alegre dibujaba constantemente líneas de bajo que demostraban que un bajista de rock no tiene por qué pasar desapercibido, y Javi “Bumper” atronaba en la batería con su descomunal pegada, convirtiendo este tema en uno de los puntos álgidos del concierto, algo que no se puede decir de la posterior “Perro ladrador”, acogida con mucha mayor frialdad y que quizás supuso un respiro, tanto para público como banda, un puente hacia el resto del concierto.

La mítica y cañera “Preparan” nos volvió a poner las pilas. Me sorprendió gratamente el excelente estado vocal de José Carlos, sin fisuras en todo el concierto, llegando a todos los tonos que requería cada canción. Este tema volvió a demostrar, por si no había quedado claro, la maestría de Manolo Arias en un largo solo en el que tuvo a todo el público, literalmente, a sus pies.

De nuevo otro parón, y de nuevo José Carlos Molina con la acústica a cuestas para hacer otro emotivo tema. Pese a los ruegos de alguna fémina presente a mi alrededor, no se trataba de “Ella”, sino de la no menos bonita “Tocaba correr”, una preciosidad hecha canción que sonó realmente emocionante.

El concierto estaba acabando, dado lo apretado de los ’45 minutos asignados a su condición de teloneros, y Ñu aprovecharían este final con uno de los temas más emblemáticos de la historia del Rock nacional como es “El Tren”, compuesto en su día entre José Carlos Molina y Rosendo Mercado cuando compartían filas en Ñu, y que primero Leño y años después Ñu incluyeron en su repertorio. Este fue un tren muy extenso, buscando la complicidad entre el grupo y el público, primero con este último coreando cada estrofa de la canción y después con la inclusión de un solo de flauta y el tradicional juego de respuestas entre José Carlos y el público, en el cual el flautista fue derivando hasta desembocar en una hilarante melodía tradicional española, de innegable valor poético como es “la cabra, la cabra, la puta de la cabra, la madre que la parió…”, cantada a voz en grito por todos los presentes entre las carcajadas de los asistentes y la caras de asombro de los técnicos ingleses. Spain is different…

Su tiempo se había terminado, y nada más terminar la canción casi les echan del escenario. Apenas tuvieron tiempo de decir adiós, e incluso Manolo Arias desapareció de las tablas sin salir a despedirse.

Éxito sin paliativos de Ñu en su condición de teloneros, lo cual no ha hecho sino aumentar nuestras ganas de ver a la banda con su set completo.

Aún sudorosos por la descarga de Ñu y con un intervalo no muy amplio entre bandas, Whitesnake subió a escena. Como ya he comentado, la formación que acompaña a David Coverdale es prácticamente la misma que la que tuvo en su anterior visita, con Reb Beach y Doug Aldrich a las guitarras, el incombustible Tommy Aldrige a la batería y el teclista Drury, más el nuevo bajista Uriah Duffi, que mantuvo un buen nivel instrumental y de imagen, aunque se echaron en falta las capacidades vocales del anterior bajista Marco Mendoza.

“This is a song for ya?” Tal y como hicieron en la última gira, el concierto comenzó con el histórico “Burn” de su época en Deep Purple, en la cual intercalaron algunos fragmentos de la también púrpura “Stormbringer”, en un comienzo estudiado que logra su objetivo de conectar con el público a las primeras de cambio.

Aunque la base del set-list no variaría sustancialmente con respecto a la anterior visita, sí hubo ciertos cambios, muy bien recibidos al ser en su totalidad temas antiguos. Y es que, no nos engañemos, la época más aclamada de Whitesnake tiene ya al menos 20 años, no apareciendo en el repertorio del concierto ningún tema compuesto más tarde de 1987. En este momento, la novedad se llamaba “Slide It In”, el tema que supuso el comienzo del cambio estilístico de Whitesnake a mediados de los ’80. La banda suena rockera y conjuntada, y llama la atención, como siempre, la pegada y contundencia de Tommy Aldrige, es impresionante la energía que despliega. Muchos baterías mucho más jóvenes quisieran tener la mitad de vitalidad que él.

Siguieron con “Love Ain’t No Stranger”, con David Coverdale en mejor estado vocal que en su anterior visita, aunque sigue sin poder mantener los tonos más agudos, estando mucho más cómodo en las tesituras más blues de algunos de sus temas, algo para lo que su voz está mucho mejor dotada.

Le siguió la rocanrolera “Fool For Your Loving”, con todo el público totalmente entregado, y con dos excelentes solos de guitarra a cargo de Reb Beach y Doug Aldrich, quienes se alternaron en el protagonismo durante todo el concierto, aunque con mayor participación de Aldrich. La cara de Coverdale mantuvo una sonrisa permanente durante todo el concierto, consciente de su gran tirón en tierras madrileñas.

En este punto llegó el “momento Kiss-FM” del concierto, con la inevitable interpretación de la hiper-radiada “Is This Love”, a la que reconozco que he cogido un poco de manía, de tanto como la han machacado por todas las emisoras (algo similar me pasa con “Still lovin’ you” de Scorpions o “The Final Countdown” de Europe). Aun así, fue destacable la aportación de Tommy Aldrige, con una contundencia a la batería sorprendente para una balada.

Para recuperarnos del subidón de azúcar y hacernos reaccionar, David Coverdale pronunció las palabras mágicas: “Are you ready and willing?” con el inmediato rugido de aprobación del público. Realmente coreamos “Ready And Willing” con mucho entusiasmo, celebrando tan histórico tema, el cual incluyó un largo solo de Doug Aldrich, al principio rápido y sin mucha sustancia, al cual se le añadió después el teclado de Drury para pasar a una exhibición de tapping, y finalmente irse añadiendo el resto de músicos para conformar una instrumental que completó el largo descanso que se tomó David Coverdale para recuperar la voz y atacar con la histórica “Crying In The Rain”, cuya parte vocal iba bien hasta que Coverdale se empeña en emular los gritos que bordó en estudio y que es incapaz de reproducir en directo a estas alturas. El que no ha perdido un ápice de forma, más bien al contrario, es Tommy Aldrige, cuya energía destroza un plato, que debe ser cambiado en mitad de la canción, justo antes de embarcarse en un largo solo de batería que nos deja a todos boquiabiertos por su poderío, tal es la fuerza que despliega a los tambores, incluyendo una fase del solo sin baquetas, tocando con las manos desnudas como popularizó el difunto John Bonham. En unos años en el que los solos de batería están en vías de extinción, únicamente mantenidos por dar un respiro al cantante, Tommy Aldrige logró sorprendernos una vez más con su técnica y pegada. Chapeau!

Para darnos un respiro a todos, David Coverdale presentó uno a uno a los componentes de la banda, para suavemente iniciar la canción más carismática de toda la carrera de Whitesnake: “Ain’t No Love In The Heart Of The City”, que nos hizo levitar del suelo como siempre que tenemos oportunidad de escucharla, siendo el momento más emotivo de la noche, para continuar con el acelerón que supone “Give Me All Your Love”, con todo el público completamente volcado, para despedirse con una cañera versión de “Here I Go Again”, que ha perdido ya por completo toda su concepción de balada con la que fue escrita inicialmente.

Una breve despedida que todos sabíamos que no era tal sacó a los músicos durante un par de minutos del escenario, que volvieron con la rápida y rocanrolera “Take Me With You”, que siempre funciona muy bien en directo, y que incluyó un pequeño solo de cada músico, llamando la atención el “bajo-semáforo” de Uriah Duffi, con luces en el mástil, más efectista que otra cosa.

El concierto estaba finalizando, pero aún había pesos pesados por descargar. El primero de ellos fue la tremenda “Still Of The Night”, que prometía mucho más de lo que finalmente dio, ya que Coverdale fue del todo punto incapaz de interpretar la parte central, lo mejor del tema, cuyos gritos agudos se convirtieron poco menos que en ladridos desesperados por no poder cumplir con lo escrito.

Al terminar, saludos al público y los músicos van abandonando uno a uno el escenario, quedándose sólo David Coverdale, quien se acercó al micro y se arrancó con una emocionante versión a capella de “Soldier Of Fortune”, algo que deja sólo para contadas ocasiones.

Cuando creíamos que todo había terminado, el resto de la banda volvió a escena para ofrecernos un último tema: “Bad Boys”, un suculento postre con el cual, ahora sí, dieron el concierto por finalizado.

Memorable noche de Hard Rock. Tanto Ñu como Whitesnake cumplieron todas nuestras expectativas, mereciendo sin duda la pena asistir a La Riviera en esta calurosa noche. Más allá de la preocupación por un set-list lleno de canciones muy veteranas en ambos casos (sobre todo con Whitesnake), ambos grupos dan a sus fans lo que quieren oir. Y lo hacen muy bien. ¿Cuándo es el siguiente?

Texto: Shan Tee

Fotos Ñu: Simmons (concierto de Barcelona)

Fotos Whitesnake: Mackote