COZ – Martes 7 de noviembre de 2006, teatro Bellas Artes (Madrid)

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De vez en cuando, entre tantos conciertos como vemos al cabo del año, hay algunos que por alguna circunstancia son especiales incluso antes de tener lugar. En este caso los motivos eran muy claros. Por una vez, el concierto no iba a tener lugar en un local reconvertido, ya sea discoteca o local deportivo (o taurino), sino en un señor teatro como es el del Círculo de Bellas Artes de Madrid, un emplazamiento de lujo en el que íbamos a disfrutar de nuestra butaca numerada sin ningún tipo de problemas de visión ni de acústica.

Los protagonistas iban a ser los históricos y renovados Coz en un set acústico en consonancia con las características del Teatro, en esta vuelta a la actualidad del pionero grupo madrileño.

Bajo una pertinaz lluvia, nos dimos cita en la puerta del Teatro a una hora prudencial. Tras un caluroso recibimiento de Domingo J. Casas, “boss” de ExpoRock Music, recogimos nuestra invitación y franqueamos la entrada. El precio de los tickets, 16 €, incluía un ejemplar del último disco del grupo, “Amigo mío”, en una interesante iniciativa muy bien acogida por el público que se iba acercando hasta allí. Hablando del público, éste era muy heterogéneo, encontrándose desde personas de avanzada edad hasta rockeros melenudos, pasando por seguidores del grupo de todo tipo de matiz social, demostrando con ello la amplitud de público que ha conseguido Coz a lo largo de los años.

Tras un rato de espera en la barra del bar propio del teatro, con adecuada música de fondo de Fito, Leño, Asfalto (para ponernos en situación…), se abrieron las puertas de la sala de butacas. Dos acomodadores acompañaban a los espectadores a sus butaca con toda amabilidad, alejando aún más la sensación de estar ante un concierto de Rock. A mi me había correspondido la fila 14, aunque no tardé ni 30 segundos en cambiarme de sitio, dado que el aforo no estaba completo, acercándome hasta la tercera fila.

El fondo del escenario aún mantenía los decorados de la última representación teatral, así que de fondo teníamos una habitación de un niño con su muñeco de Spiderman pegado al armario. Curioso, al menos. El escenario, muy amplio, tenía ya perfectamente dispuesto todo el set que iba a utilizar el grupo. Una batería, unos teclados, unas banquetas (no olvidemos que es un acústico…) y unas guitarras esperando a sus dueños.

Poco tiempo después, las puertas se cerraron, las luces se apagaron y los miembros de Coz hicieron su aparición sobre las tablas. Juan Márquez liderando el grupo, se situó en la zona central, escoltado por los dos guitarristas, Miguel Ángel Cachorro y Javier Mira, los tres con guitarras acústicas. En un lateral del escenario, Juan Olmos tras un piano cubierto por una lona negra, y tras ellos, un joven desconocido para mi que iba a tocar el “cajón”, ese instrumento habitual en flamenco consistente en una caja de madera que sirve de instrumento de percusión y de asiento a la vez.

Tras los saludos de rigor al público, comenzaron con uno de los platos fuertes, así para abrir boca: “Más sexy”, con una riqueza musical mucho mayor de lo que hubiera cabido esperar de un concierto acústico, sobre todo por la aportación del piano de Juan Olmos. El sonido era excelente, muy nítido, con el único fallo de la descompensación entre las guitarras de Miguel Ángel Cachorro (demasiado alta) y la de Javier Mira (demasiado baja), algo que no se solucionó en todo el concierto a pesar de las señas de Javier en varias fases del show.

Juan Márquez estuvo simpático y dicharachero toda la noche, haciendo extensos comentarios sobre muchas de las canciones que iban a interpretar. Unos recuerdos a los “viejos tiempos, más duros que estos”, dio paso a la autobiográfica “De mal en peor”, en el que se cuenta los tumbos que tuvo que dar antes de formar Coz. El tema, vacilón donde los haya, sonó de lujo en este formato acústico, arrancando las palmas y los coros del público, algo cohibido por el lugar en el que nos hallábamos.

Tras el tema, Juan Márquez presentó al miembro desconocido (al menos para mi) de la banda, de apodo Siddharta y de nombre Lucas. Tras ello, hizo un comentario de nuevo sobre la dureza de aquellos viejos tiempos, en los que “a otros les pegaban un tiro”, aviso inequívoco del tema que vendría a continuación. Y en efecto, una preciosa introducción de Juan Olmos al piano fue el comienzo de “Imagínate por qué”, la historia de cómo se enteró Márquez del asesinato de John Lennon. Me llamó la atención la rabia con que Juan Márquez escupió la letra de la canción, aún se ve el odio hacia Mark David Chapman por asesinar al ex-Beatle (Oswald de mierda que ha tiroteado a John, comparándole con el asesino de Kennedy). Interpretada mucho más lenta de lo habitual, la carga de sentimiento que desprendió fue impresionante, adornada con el solo de guitarra de Miguel Ángel Cachorro, ya con una guitarra eléctrica.

Poco a poco el grupo iba ganando en “armamento”. Juan Márquez deja la guitarra española y se cuelga un bajo eléctrico mientras cuenta que el siguiente tema es un canto contra la intolerancia y la violencia gratuita. Se trata del recuperado “Bate de béisbol”, un Rhytm & Blues que fue dándole más ritmo al concierto, a pesar de un pequeño despiste de Juan Márquez en el que olvidó un trozo de la letra, pero que quedó compensado más que de sobra con el gran solo de Javier Mira con la guitarra acústica.

Para terminar de redondear la noche, Juan Márquez nos tenía preparados algunos invitados muy interesantes. Javier Mira y Miguel Ángel Cachorro abandonaron el escenario para dar paso al primero de ellos, al que yo no tenía el gusto de conocer. Un guitarrista bastante veterano que según nos contó Juan, tenía un currículum muy extenso acompañando a grandes figuras de la música, desde Alejandro Sanz a Rosana. Su nombre, Juan Cerro, y junto a él anunciaron unas canciones nuevas, algo con mucho aliciente que rompía con la costumbre de tocar todo temas clásicos. La primera se llamó “Humo”, una preciosa balada muy sentimental, un tema con una calidad desbordante tocada con mucho sentimiento. La siguiente fue, “Lo que el viento se llevó”, en la misma onda suave y con mucho swing, con un precioso estribillo cantado a dos voces por Juan Márquez y Juan Cerro, que se convirtieron en tres con la entrada al final de la personal voz de Juan Olmos, haciendo este trío de “juanes” un juego vocal precioso. El tercer tema de esta colaboración de Juan Cerro fue “Llévame contigo”, tercera canción tranquila seguida que ahondó en la relajación de esta parte del concierto.

Tras despedir a Juan Cerro, que dejó muy buena impresión, volvieron los dos guitarristas “oficiales” del grupo, Mira y Cachorro. Siddharta también dejó el escenario para dar paso a Enrique Ballesteros, el histórico batería de la banda, que se sentó tras su kit para completar la formación habitual de Coz en este 2006. Después de tres baladas seguidas, necesitábamos algo para levantar el espíritu, y el tema elegido fue “Romper la red”, con el que empezaba la parte más rockera del concierto.

A partir de este momento, Juan Olmos, que hasta el momento se había limitado a tocar el piano y hacer tímidos coros (con el micro con bastante menos volumen que el de Juan Márquez), pasó a la acción y a deleitarnos con su potente voz. Ya con el micro a nivel con el resto, cantó “Juega para ganar” junto a Juan Márquez. El tema, arreglado con unos riffs direferentes a los originales, sonó rocanrolera y marchosa, y a pesar de cierto descontrol en cierto momento del tema, las sobradas tablas de todos los músicos les sirvieron para volver al redil y terminar el tema de forma muy brillante.

Juan Márquez quitó importancia a este pequeño incidente, ya que estábamos “entre amigos”, puente perfecto para presentar el siguiente tema “Amigo mío”, liderado por un sorprendente riff de bajo. La canción tiene tanta marcha que Juan Márquez no aguanta más tiempo sentado y se levanta a tocar de pie, moviéndose al ritmo de la canción. El concierto ya está disparado, y los temas se suceden sin tregua. Una rocanrolera “Te persigue un cow-boy” nos siguió moviendo los pies, con Javier Mira usando un slide. El tema, con un comienzo algo irregular, fue in crescendo para acabar de forma espectacular, con una fuerza increíble. ¿Quién dijo que los acústicos eran aburridos?

Un recuerdo de Juan Márquez a su viejo amigo José Carlos Molina, que no estaba presente para cantar, como han hecho otras veces,“Zumo de pasado turbulento”, hizo que el tema fuera interpretado de forma mucho más tranquila. Durante el tema me estuve fijando en un detalle: Javier Mira y Juan Olmos, compañeros en Punto de Mira, mantienen una conexión musical y personal a tal nivel, que aún estando en los dos extremos del escenario consiguen una complicidad pasmosa. Una mirada, una sonrisa les sirve para conectar a un nivel increíble y que, sin duda, contagia y eleva el nivel del grupo en el que tocan, en este caso Coz.

Tras el “Zumo…”, Juan nos presenta al segundo invitado de la noche, en este caso mucho más conocido por el seguidor habitual de Coz. Nada menos que Eduardo Pinilla, mítico guitarrista que es parte viva de la historia de Coz, y que en esta vuelta del grupo apenas puede tocar con ellos por estar integrado en los no menos históricos Burning. El recibimiento a Eduardo es muy caluroso, como no podía ser menos. Sorprendentemente, el tema elegido para comenzar su colaboración es el poco conocido “Callejón”, de aquel proyecto llamado Travesura, y en el que Eduardo Pinilla se luce con el slide como antes había hecho Javier Mira. Y es que dos de los mejores guitarristas de este país estaban juntos en el escenario, un lujo que teníamos la suerte de poder presenciar.

Tras este desconocido tema, siguieron con otro que es justo lo contrario, además de ser la única versión “externa” de la noche. Ni más ni menos que el “Rock me baby” del maestro B.B. King, en el que Juan Márquez y Javier Mira se alternan a la voz, con una interpretación soberbia de Mira a la guitarra, y al que después se van uniendo tanto Eduardo Pinilla como Miguel Ángel Cachorro alternándose los solos en un final épico.

Tras este clímax de blues, una preciosa intro al piano da paso a “Tentación”, una emotiva balada que se convierte en toda una exhibición a nivel vocal de Juan Olmos, dejando anonadados a todos los presentes que no conocían las facultades de este polifacético músico. Bueno, y los que sí le conocíamos salimos igual de anonadados, y es que hay cosas a las que no se acostumbra uno…

El concierto caminaba trepidante hacia su final. Eduardo Pinilla va a abandonar el escenario por haber terminado su colaboración, pero sus compañeros le hacen quedarse y terminar el concierto con ellos. Los que pesaban que un concierto acústico podría ser lento y aburrido hacía tiempo que habían salido de su error, y para demostrarlo, nada mejor que un buen Rock and Roll, en este caso “Leche en polvo”, cantada a dúo por Márquez y Olmos, y con todo el grupo ya desmelenado. Y el clímax ya se produjo con “Las chicas son guerreras”, con el grupo en pie y con todo el público cantando y dando palmas, con la banda alargando el estribillo para provocar la participación de todos los presentes.

Aplausos, vítores, el grupo que se despide… pero pronto es obligado a colgarse los instrumentos de nuevo. Un cachondo, desde el público, les pide que repitan todo desde el principio. Juan Márquez, aprovechando la broma, dice que no van a tener más remedio que hacerlo, y comienzan de nuevo con “Más sexy”, pero ahora en formato totalmente eléctrico, con todo el grupo en pie. Javier Mira, por primera vez en el concierto, cambia la guitarra acústica, que le había dado problemas de sonido todo el concierto, por una eléctrica. Sin embargo, se da cuenta de que la eléctrica va aún peor, así que vuelve a la acústica, todo esto mientras el resto del grupo alarga la intro de la canción hasta que Javier se decide con qué guitarra tocar. Da igual, con acústica y todo el grupo se lanza a tocar con la satisfacción de haber dado un gran concierto y haber dejado satisfechos a todos los presentes.

Ahora sí, el grupo da por terminado el concierto con la aprobación unánime de todo el público, demostrado con largos aplausos y vítores.

Cuantas veces en esta vida nos arrepentimos de habernos perdido algo especial. Hoy puedo alegrarme de, esta vez sí, haber estado en el lugar preciso y en el momento exacto para ver un concierto memorable.

Texto: Shan Tee

Fotos: Ramón Rodríguez Andrés y Shan Tee