WHITESNAKE + SOL LAGARTO – Jueves 31 de julio de 2008, Sala La Riviera (Madrid)

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Bochornoso, entendiendo tres acepciones del término: Por el calor insoportable (más que bochorno, sauna), por el espectáculo tan patético que dio Coverdale y por la sensación de ser tratados como animales una vez más, pero vayamos por partes.

Que Coverdale no canta un carajo es algo que se sabe desde hace unos veinte años, más o menos. Ya no es, ni por asomo, siquiera la sombra del gran David Coverdale que asombró en Deep Purple o que hizo de Whitesnake uno de los grupos grandes de la historia del Hard Rock de todos los tiempos. Sigue quedando la pose, la estampa, la imagen, el Rock-Star, el atractivo de ver lo que queda de un grupo mítico personificado en él mismo. Lo demás es una gran banda de músicos competentes, con tres buenas voces que arropan hasta hacer desaparecer los rebuznos desafinados de su líder, excepto en los chillidos estridentes que suelta de vez en cuando. Una lástima.

A esto hay que añadirle que el set-list no fue lo que un seguidor de la banda podría esperar de un grupo como Whitesnake, pero quizá sí lo que esperaban los cuatro despistados que iban a escuchar “Here I Go Again” o “Is This Love”. También es cierto que ya sabíamos el repertorio antes de entrar en el concierto, pero yo me alegré de que metieran cinco temas del último disco. Eso no quita para echar de menos algunos de sus grandes clásicos, como “Ready An’ Willing” o “Don’t Break My Heart Again”, y muchos de los temas que rellenan discos impresionantes, que son lo mejor del grupo pero que se empeñan en no tocar.

El caso es que, entre las voces de Timothy Drury, Reb Beach y Uriah Duffy, los solos de batería y guitarra, las parrafadas interminables entre canción y canción y las canciones que cantaba el público prácticamente enteras, Coverdale estuvo bien descansado, lo que no fue suficiente para evitar cosas realmente difíciles, como no meter una nota en su sitio en “Here I Go Again” o “Love Ain’t No Stranger”, entre otras.

Al margen de ver a uno de mis grandes mitos en caída libre, tengo que decir que la banda es impresionante, pero el técnico de sonido no supo sacarle el sonido que se merecían. La batería sonó fatal, el micro de Coverdale se comía al resto del grupo, el bajo no tenía definición y el sonido general era como una pelota sonora que en ocasiones se hacía insufrible. Si a eso añadimos que el aire acondicionado no empezó a funcionar hasta bien pasada la mitad del concierto, teniendo en cuenta que estábamos a 31 de julio y con la sala totalmente llena y las cervezas a 9 euros, os podéis hacer una idea de las ganas que me entraron de largarme de allí cuanto antes, y juro que no lo hice a la tercera canción porque iba con gente con la que me comprometí a explicar qué era lo que estaba viendo porque era la primera vez (y la última) que veían al grupo.

Es decir, un desastre. Hubo gente que se lo pasó bien, claro. Yo mismo aguanté como un campeón hasta el final pensando también en que habría perdido 2 ó 3 kilos cuando saliera de allí y la camiseta me iba a estar mejor. Claro, el que no se consuela es porque no quiere, pero lo cierto es que es la peor actuación que les he visto y uno de los peores recuerdos que me llevo de grupo alguno visto en directo. Es lo que siento y no puedo decir otra cosa.

Por otro lado, Sol Lagarto lo hicieron de maravilla. Mientras estaban tocando el aire acondicionado funcionó perfectamente y pudimos disfrutar de la actuación a gusto. Sonaron bastante bien (mejor que Whitesnake), el repertorio estuvo muy bien escogido y los músicos se volcaron en su actuación. Un gran grupo con buenas canciones y buen hacer que caldearon el ambiente, aunque ya os he dicho que no hacía falta.

Texto: Alvar de Flack