GARY MOORE – Jueves 17 de julio de 2008, Auditorio Municipal Maestro Padilla (Almería)

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Otro gran e histórico guitarrista de fama mundial iba a pisar las tablas del almeriense Auditorio Maestro Padilla. Habíamos visto y disfrutado allí de Frank Gambale, Joe Satriani, Steve Vai, Robert Fripp… y ahora llegaba el nacido en Belfast (Irlanda del Norte). 

Aunque no me enloquece, ni he seguido paso a paso, su carrera iniciada con el disco “Still Got The Blues” (Virgin Records, 1990), hay que decir que tengo unos cuantos álbumes originales (nada de grabados ni bajados de la Red) posteriores al nombrado. Se sabía lo que el irlandés ofrecería en directo, Blues, olvidándose de su etapa más hard rockera. Por eso algunos rechazaban ir al concierto, aunque a saber los discos que tendrían y habrían escuchado de la etapa más dura de “Caracortada”. 

Servidor estuvo dudando de acudir o no al concierto por el elevado precio del mismo. Las otras dos fechas por nuestro país tenían preciosa asequibles, dos días antes había tocado en el XI Festival Internacional de Jazz de San Javier (agotando las entradas) y un día después de la fecha almeriense lo haría en el Festival de la Guitarra de Córdoba, costando las entradas 24 € en la localidad murciana y 15 € (anticipada) y 18 € (en taquilla) en la ciudad andaluza. En Almería, organizado por el Área de Cultura del Ayuntamiento, el precio era de 40 € en el nivel A, y 35 € en el nivel B. Una gran diferencia de precios que sigo sin ver nada claro.

Pero al enterarme días antes de que al guitarrista le acompañaría su antiguo compañero en Thin Lizzy, el gran baterista Brian Downey, hizo que rápidamente todas mis dudas se disiparan y tener que rascarme el bolsillo con una entrada del nivel B, desde lo alto del auditorio.

Faltó poquito para que el auditorio se llenara por completo y cuando pasaban veinte minutos de la hora prevista de comienzo (22 h.) se apagaban las luces y salían primero a escena Brian Downey (batería), Pete Rees (bajo) y Vic Martin (teclas), y al momento el guitarrista y voz, que tras soltar un simple Ok?, comenzaron con “Oh Pretty Woman”

El guitarrista tenía espacio de sobra para moverse, gesticular, adoptar sus poses, y realizar sus solos en el centro. En cambio el bajista estaba encajado y pegado a la izquierda de la batería (centrada) de Downey, y a la derecha de las teclas de Martin. 

Gary Moore nunca se ha caracterizado por poseer una voz genial, aunque a mi siempre me agradó su tono, pero con el tema de apertura que formaba parte de aquel “Still Got The Blues”, con el que vendió cuatro millones de discos, percibí que de voz poca. 

Para el segundo tema de la noche, “Since I Met You Baby”, cambió de guitarra, sacando a lo largo del concierto varias Les Paul, una 335, una Fender Esquire y otra Telecaster. Tocara la guitarra que tocara el sonido de la seis cuerdas era un tanto fuerte, comiéndose la batería y las teclas, al menos desde donde yo me encontraba. Y fue una lástima no poder escuchar en condiciones al baterista, para mi uno de los mejores del Hard Rock clásico.

Sacaba de su guitarra sonidos parecidos a los de un tren como introducción a “Down The Line”, una canción nueva que irá en su próximo disco, “Bad For You Baby”. Las teclas seguían sin escucharse, y apenas la pegada del baterista.

Los siguientes tres temas que tocaban forman parte de la historia del Blues. Homenajeaba a John Mayall con la lenta “Have You Heard”, clásico que el irlandés ha grabado en su último disco hasta ahora, “Close As You Get” (Eagle Records, 2007). La guitarra de Moore seguía sonando bastante fuerte, punteando y sacando un sonido un tanto sucio y marranero para el Blues clásico. 

En los conciertos sentados corres el riesgo de tener al lado alguien que te puede fastidiar la velada con sus comentarios, olor… cuando llegué antes de iniciarse el concierto me encontré que a la derecha de mi butaca estaban una madre y, supongo, su hijo, ambos de rasgos orientales y hablando en inglés. Todo corrección. En cambio, minutos antes de que comenzara el concierto llegó un grupo de hombres y uno de ellos me tocó en el lado izquierdo. El olor que desprendía mi vecino a alcohol más o menos se podía soportar, lo nefasto fue que, con sus compañeros al lado y detrás de su butaca, empezara a hablar y comentar el concierto en voz alta. Yo estaba pendiente del concierto, aunque un tanto molesto que mi vecino no parara de quejarse en voz alta por el sonido elevado de la guitarra del irlandés. Estuve a punto de decirle que se callara de una vez, y que comentara en voz baja o tras el concierto. Incluso me hizo gracia que llegara a decir que vaya cultura que había, imagino que porque la gente aplaudía sin quejarse. Si eso pensaba él, le debería haber dicho que la educación escaseaba también por allí, pero para evitar problemas… menos mal que el “entendido narrador” no duró muchas canciones. Se levantó de su asiento y se marchó, a saber si a otra zona del auditorio, al bar del recinto o a saber dónde. A mi me hizo un enorme favor.

Más clásicos con “Mojo Boogie” de J.B. Lenoir, haciendo que la gente cantara y aplaudiera a ritmo de Boogie, como su propio nombre indica. Este tema formará parte del próximo disco del guitarrista de Belfast. 

Volvía a la Telecaster y recordaba al gran Chuck Berry con la rockandrollera “Thirty Days”, canción que grabó en “Close As You Get”, y que fue acompañada por la mayoría del auditorio con palmas. 

Siguieron con “All Your Love” y la “nueva” “I Love You More Than You´ll Ever Know”, siendo en los temas lentos como éste donde se escuchaban todos los instrumentos a la perfección. En la versión de Al Kooper me dejó impresionado con el largo y gran solo que realizó para concluir. 

La magia inundó el auditorio con la genial “Don´t Believe A Word”, con su parte lenta y después cañera (escuchándose bien poquito la voz de Moore), acordándome del gran Phil Lynott y pensando que ahora la banda de Moore está igualada o incluso es más Thin Lizzy, que el grupo que comanda John Sykes. 

Una gran ovación, quizás la mayor, vino con las primeras notas de “Still Got The Blues”, viéndose a Martin tocar las teclas pero a nuestros oídos apenas llegaban sus notas. Y al tema-título de su exitoso disco de 1990, enlazaban con otra más de ese trabajo, “Walking By Myself”, cantando el público y pudiendo escuchar el toque personal de Downey. Metiendo follón como si masturbara el mástil de la guitarra llegaban al final, dando las gracias y desapareciendo del escenario.

Las 23.39 h. marcaba mi reloj y el público en pie pedía más con palmas, cánticos… regresaban, aunque de cuarteto pasaban a quinteto con un joven guitarrista que se situaba tras las teclas, enterándome días después, según dicen, que era Jack Moore, el hijo de Gary Moore. Y tras preguntarnos si queríamos otra canción más, nos hicieron participar en pie con “The Blues Is Alright”. Volvían a irse. 

Y como última de la noche el espíritu de Lynott volvía con la maravillosa “Parisienne Walkways” (precedida de una intro), poniéndome los pelos como escarpias con su ejecución y con la imagen de Moore soleando encorvado, cabeceando…

El concierto fue un tanto regular para mi. Pude ver por fin a Gary Moore y a Brian Downey por primera vez en mi vida, pero tengo que reconocer que el sonido sucio que sacaba a sus guitarras el irlandés no me convenció del todo, además que tanto protagonismo eclipsaron las teclas y la batería. No sé como sonaría en la parte de abajo del auditorio, pero en la de arriba ya te lo he comentado. Se puede decir que comencé a disfrutar plenamente a partir del solazo que hizo en “I Love You More Than You´ll Ever Know”, y de cuando se fue el paliza de mi “vecino”, jejeje.

P.D.: Las fotos son lo que pude hacer, además de arriba y bastante lejos, las azafatas estaban como aves de presa a la captura de flashes entre el público.

Texto y fotos: Starbreaker