Editorial Agosto 2008: “La canción del verano”

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Cuando vosotros estéis leyendo este editorial, yo estaré plácidamente tumbado en la arena de una playa, disfrutando de unas vacaciones largamente esperadas. Finalmente decidí darme unos días de respiro, a pesar de que una noticia estuvo a punto de hacerme cancelar todos mis planes y convocar una reunión de urgencia de todo el equipo que componemos The Sentinel. Supongo que lo habréis visto en Televisión, ocupando buen tiempo de los informativos de máxima audiencia, haciéndose un hueco entre los achuchones entre políticos, los datos de siniestralidad en la carretera y el culebrón de Cristiano Ronaldo. Efectivamente, la noticia me puso la piel de gallina: “Este año aún no tenemos Canción del Verano”. Fíjate tú. Ni Georgie Dann ni King África, ni siquiera Chikilicuatre han conseguido que una de sus canciones obtenga tan preciado galardón. ¿Cómo lo vamos a soportar? ¿Resistirá el mundo de la música tal desplante? ¿La gran masa social que consume estos hits aliena-borregos va a tener que buscar otras alternativas con las que alimentar sus orejas?

En uno de mis sueños, bajo el calor de una siesta asfixiante en el levante español, imaginé que el mundo se ponía patas arriba, que la gran masa, harta de consumir productos prefabricados y sin el más mínimo valor musical, descubría el Rock y lo acogía en pleno. Que la gente se peleaba por conseguir el último disco de Uzzhuaïa, el tema de conversación en todas las terrazas era la fecha de salida del disco de Atlas, los reporteros de los programas del corazón indagaban en los pasados amoríos de Óscar Sancho y los periódicos sacaban en portada día sí, día también, especulaciones sobre el nuevo batería de Obús. Que Barón Rojo seguía llenando estadios en su nueva gira mundial, y que el festival “Nos va la marcha” vendió todas sus localidades en 15 minutos, colapsando los puntos de venta por Internet donde se pusieron a la venta los tickets.

De repente, una mosca cojonera empezó a zumbarme en el oído, y me desperté sobresaltado. Ahí estaba yo, sudando por los 42º que había en la habitación, y con las pulsaciones aún aceleradas por la broma que me había gastado Morfeo. En pocos minutos volví a la realidad, y me di cuenta que el disco de Uzzhuaïa, siendo una maravilla, estaba pasando casi desapercibido, que Atlas aún no tienen fecha de edición del disco y que Óscar Sancho parece haber sentado la cabeza al lado de una mujer espectacular, tanto física como mentalmente. Y que el festival “Nos va la marcha” es gratuito, a pesar de contar con algunos de los nombres más grandes que ha dado el Rock nacional en su historia. Esta iniciativa, apoyada por el Ayuntamiento (esto no es un sueño, afortunadamente), será uno de los momentos más álgidos de la temporada rockera española, junto con el ya consagrado Festival Leyendas del Rock, a celebrar una vez más en la murciana localidad de Mazarrón.

Las cosas, en definitiva, siguen igual que estaban. Con cientos de grupos peleando en el local de ensayo para conseguir hacerse con un trozo de pastel cada día más pequeño, sabiendo que aunque su propuesta triplique en calidad a los bodrios que nos meten por los ojos por televisión, nunca podrán competir en las mismas condiciones con la última cara guapa sacada del más gastado concurso de televisión. Es lo que hay, y viviremos con ello, como hemos hecho siempre. Mejor así, el sentimiento de ser especiales no nos lo quita nadie, y nuestra pequeña victoria reside en resistir (hasta el fin) contra los que llevan toda la vida diciendo que “el Rock ha muerto”.

Quizás algún día nuestros sueños se conviertan en realidad, y dejemos de ser ignorados por los grandes medios. O quizás no. Mientras tanto, The Sentinel estará ahí para intentar poner su granito de arena en que estos sueños se conviertan en realidad.

Feliz verano, y cuidado con lo que soñáis.

Shan Tee